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José Martí, el arte de la política y el “paso atrás” en Venezuela

"La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación, cueste el sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila, y su batalla preparada" (...) El arte político, condensado por Martí en menos de un párrafo, alude, en palabras contemporáneas (de Maquiavelo a Lenin) a la táctica y estrategia...

José Martí, el arte de la política y el “paso atrás” en Venezuela

Por Matías Bosch Carcuro

El 3 de septiembre de 1881, desde Nueva York, José Martí enviaba una carta al director del diario caraqueño La Opinión Nacional (para el cual escribió hasta 1882), comentando hechos políticos de Francia. En dicha comunicación, el héroe nacional de Cuba elabora un axioma, refiriéndose a la política como “arte”:

La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación, cueste el sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila, y su batalla preparada”.

El arte político, condensado por Martí en menos de un párrafo, alude, en palabras contemporáneas (de Maquiavelo a Lenin) a la táctica y estrategia; la capacidad de conjugar intuiciones, astucia y habilidad con la preservación de la causa y los objetivos de la lucha.

121 años después, el 11 de abril de 2002 se perpetraba en Caracas el Golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez, los órganos públicos legítimos y la Constitución de 1999. Entonces sucede la conocida llamada telefónica entre Fidel Castro y el Presidente Chávez, relatada en entrevistas a Miguel Bonasso, Daniel Filmus, relatada luego por Chávez en el Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad en Caracas, 2008, y divulgada en 2012 por CubaDebate.

– «¿Me permites expresar una opinión?» Y Chávez le responde de inmediato: «Sí».

-Pon las condiciones de un trato honorable y digno, y preserva las vidas de los hombres que tienes, que son los hombres más leales. No los sacrifiques, ni te sacrifiques tú -le dice Fidel con el acento más persuasivo posible.

-¡Están dispuestos a morir todos aquí! -responde Chávez con énfasis y emoción.

-Yo lo sé, pero creo que puedo pensar con más serenidad que lo que puedes tú en este momento -le añade Fidel sin perder un segundo, mientras Chávez lo escucha concentrado en cada palabra-. No renuncies, exige condiciones honorables y garantizadas para que no seas víctima de una felonía, porque pienso que debes preservarte. Además, tienes un deber con tus compañeros. ¡No te inmoles! (…) ¡No dimitas! ¡No renuncies!”

Destaca que Fidel le sugiriera no renunciar y, a la vez, no sacrificarse a sí mismo ni a hombres leales. No es un juicio moral ni emocional, es estratégico: renunciando o muriendo, toda victoria posterior queda imposibilitada, la derrota sería autoinfligida desde el inicio.

En sus reseñas, Chávez añade otro elemento que Fidel le aconseja: “Yo no sé muy bien lo que vas a hacer, pero tú no eres Allende (…) tú no mueres hoy”. Fidel se refería a que Chávez, a diferencia de Allende, no era “un hombre solo”, contaba con un gran respaldo militar, los “hombres más leales” y que, aunque Chávez y sus compañeros estaban “dispuestos a morir”, la posibilidad de revertir la situación era razonable.

Chávez fue tomado preso y secuestrado por los golpistas; estando con vida pero con paradero desconocido, las fuerzas militares constitucionalistas y las organizaciones políticas y populares lograron reorganizarse y recuperar el control de la situación el 13 de abril de 2002.

Una década antes, Chávez había protagonizado la rebelión de oficiales contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, que culminó en el famoso “Por ahora”, una alocución de 1 minuto que se volvió en consigna política:

Compañeros, lamentablemente por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros acá en Caracas no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de evitar más derramamiento de sangre. Ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”.

En ambas escenas, la de 1992 por sí solo, y la de 2002 con los consejos fraternos de Fidel, Chávez logró acometer el “arte” que indica Martí: convertir los reveses en fortuna; adecuarse al momento sin sacrificar la merma o pérdida del ideal que se persigue; detenerse para cobrar fuerzas; y caer luego sobre el enemigo por sorpresa.

Hasta la alocución frente a los medios, antes de la cárcel en 1992, en la que cualquiera se hubiese visto arrinconado, Chávez logró convertirla en “momentum” político: además de salvar a los “leales”, fue un impulso decisivo para convocar, adherir y cohesionar políticamente.

En tales situaciones, dos en una década, Chávez no negoció una posición cómoda, menos la merma o el sacrificio del ideal; ni un avión, ni una embajada, ni un exilio dorado. En ambas fue hecho preso con todas las consecuencias que podría implicar, y asumió los costos y el riesgo en primera persona, y posiblemente hubiese luchado hasta el final en Miraflores si no fuese Fidel en persona quien lo convenciera de lo contrario.

En ambas oportunidades, el repliegue fue táctico en función de una victoria estratégica. En las dos escenas y muchas más, Chávez pudo haber hecho una o muchas concesiones que hubiesen impedido paros, sabotajes, huelgas, referendos revocatorios, sanciones y el Golpe de Estado, y sin embargo, supo revertir las dificultades sin ese precio.

Por todo esto, resulta llamativo escuchar las palabras de Héctor Rodríguez, actual ministro de Educación de Venezuela, que se han viralizado a fines de mayo de 2026, al calor del debate interno sobre la respuesta del actual gobierno (encargado) al secuestro del Presidente Maduro el 3 de enero, así como las relaciones con la administración Trump y la autorización a ensayos militares de Estados Unidos en territorio venezolano. Según Rodríguez:

El que diga que hay que inmolarse, bueno, que dé un paso al frente. Pero no le pida al pueblo que se inmole. Y no me hablen a nombre de Chávez para inmolarse. Porque Chávez en el año 92, cuando vio que la superioridad militar no lo acompañaba (…) para no inmolar a su fuerza y a su pueblo, decidió dar un paso atrás (…). Entonces no venga alguien en nombre de Chávez a decirme que en los momentos en que las fuerzas, la correlación de fuerza no es favorable, dar un paso atrás es traición”.

Efectivamente, siguiendo a Martí en que hay en la política un “arte” y no un dogma, un “paso atrás” no es esencialmente traición, como tampoco el peligro de la inmolación es un dilema que justifique cualquier cosa o un versículo que deje moralmente saldado todo debate.

Lo supo Fidel en el Moncada, lo supo Chávez en Miraflores, Martí en Dos Ríos y, por cierto, Salvador Allende en La Moneda; nadie podría decir que fue el responsable de la carnicería fascista de Pinochet, sino al contrario, es reconocido como el primero en combatirla y el primero en caer enfrentándola. Hay que “inventar un recurso a cada nuevo recurso del contrario”.

Aquel año de 1881, en que Martí escribió para La Opinión Nacional, el apóstol cubano lo inició visitando Caracas, por el puerto de la Guaira, y de aquella visita reseñó él mismo en La Edad de Oro:

Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar (…) El viajero hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él porque la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso y al último soldado, que es un héroe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria.”

Antes de quitarse el polvo del camino se debe ir a ver a Bolívar, y debe ser explicado lo ocurrido en Venezuela en bien de su pueblo, de los caídos; de los 32 cubanos muertos heroicamente y todo el pueblo de Cuba; de los países hermanos y un mundo que está hoy ante la amenaza diaria de ser arrasados por Trump y el colonialismo yanqui, recordando al Chávez que los mandó al carajo.

Si Martí ofrece un axioma sintético, toda explicación táctica y estratégica sobre lo que está pasando en Venezuela requiere detallar con hechos y datos precisos dónde y cuándo estuvo en juego la “inmolación del pueblo”; cuál ha sido el “paso atrás” y con cuáles consecuencias, en nombre de esa hipotética “inmolación”; y dilucidar en qué medida todo lo hecho en estos cinco meses representa “convertir reveses en fortuna” e “inventar recursos” que no signifiquen “el sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue”.

Sería importante saber cómo y en qué grado todo lo que está a la vista habrá sido, sin decirse, un “cejar para tomar empuje” y “caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila”.

Es ahí, no en generalidades, donde se podría establecer con nitidez la similitud o la discrepancia entre el presente y las decisiones políticas de Hugo Chávez.

Por Matías Bosch Carcuro

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