sábado, octubre 19, 2019

Daniel Viglietti: “De a poquito la juventud latinoamericana intenta un camino propio”

En la historia de la lucha latinoamericana dos nombres son referente innegable: Mario Benedetti y Daniel Viglietti, amigos que en 1978 crearon el recital-concierto A dos voces y lo presentaron en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario. Ahora Viglietti regresa a ese escenario solo, pero acompañado: Benedetti ya no está y sin embargo su voz y su imagen llenarán ese espacio cultural. Los dos juntos de nuevo.

“Regresar aquí, abrazando su memoria en un concierto como el que voy a hacer, es una situación paradójica”, expresa el cantautor en entrevista con La Jornada. “Por un lado es un regreso con una soledad dura de asumir: hemos sido muy amigos, hemos trabajado mucho a dúo y eso acrecentó y profundizó la amistad; pero por otro lado venir a evocarlo es una alegría, es un don posible. No lo podemos traer a la vida, pero sí a la sensibilidad de la gente, a la conciencia. No digo al corazón, porque Mario está en el corazón de muchísimos mexicanos. Es una situación extraña, pero emocionante.”

A dos voces nació en La Habana, cuando estaban en el exilio, y coincidió con que viajarían a México invitados a un acto organizado por uruguayos contra la dictadura. Los dos habían escrito un poema y una canción para Soledad Barret, luchadora social paraguaya asesinada en Brasil en 1973; decidieron unir letra y música y fueron más allá, al crear este recital que ha viajado a distintas partes del mundo y que se presenta este viernes a las 20:30 horas y el domingo a las 18 horas.

APERTURA DE OTRA VENTANA

El recital está formado con poemas de Benedetti (fallecido en mayo pasado), canciones en las que Viglietti puso música a la lírica de su amigo y otras escritas por él.

Entre las canciones figuran Aire de estilo, Cielito de los muchachos, Soledad Barret, Milonga de andar lejos, Che por si Ernesto, Daltónica y Declaración de amor por Nicaragua, así como los poemas Muerte de Soledad Barret, Defensa de la alegría, Che 1997, Desaparecidos, Me voy, Refranívocos y Con Nicaragua.

No son los caballitos de batalla con los que se identifica a Benedetti y esto tiene una razón: “fue abrir otra ventana. También en A dos voces no necesariamente recurrimos a la cosa más previsible de Mario; buscábamos a veces temas no tan abordados o popularizados. Por ejemplo, nunca incluimos el Te quiero, y yo seguí un poco esa dinámica”.

Las canciones y los poemas con esa temática llegan en un momento difícil no sólo en México, sino en varios países.

Para mí es un hecho tan natural que no puedo explicarlo; es como si me preguntaran qué representa respirar, tomar agua, estar pendiente de la realidad, tener el sentido crítico despierto, conmoverse con lo que pasa en otras partes del mundo. Sentir lo que estamos sintiendo todos, como indignación frente a este atropello que se está haciendo contra el pueblo de Honduras. Mario lo estaría compartiendo; no hablo en nombre de él, eso es imposible, pero lo doy por hecho.

Lo que me parece artificial, raro y penoso es la conciencia vaciada de contenido, esa operación de lobotomía, de anulación del pensamiento que se da a través de una sensación de que todo mundo está muy comunicado, pero en realidad todo mundo está muy incomunicado con la verdad: está muy comunicado con la mentira y la falsa verdad que circulan a diestra y siniestra.

Es cierto que estas pequeñas experiencias culturales que son los recitales, lo que uno hace como solista, o lo que puedo hacer ahora en vinculación y memoria con Mario, es muy frágil. No creo que esto cambie nada, pero creo que son aportes. La lucha es un río, es un río enorme; tiene orillas, tiene profundidades, arenas, tiene remolinos, contradicciones, pero, como digo en una canción: una gota, con ser poco, con otra puede ser algo. Nunca me creí modificar nada ni supervaloré el sentido de todo esto.

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LA PÓLVORA DE LAS IDEAS

Daniel Viglietti recuerda al autor de La tregua como un hombre de gran sencillez. “Eso no es habitual en los intelectuales, a veces hay mucho narcisismo, como se quiera llamarlo. Además, la coherencia que tuvo, no es el único. Hay muchos en Uruguay, el propio Eduardo Galeano, quien es un gran creador y amigo de los dos, capaz de coherencia en relación con su obra y su vida, pero Mario fue muy calladamente coherente, algo muy impresionante. Hizo una experiencia política en una época y sintió que el papel de político no era lo suyo, por más que él tenía un compromiso político tremendo y lo tuvo hasta los últimos días. Siempre pendiente, lo primero que hacía era ver las noticias para ver qué pasaba en el mundo”.

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Es cierto, añade Viglietti, “que Galeano, Benedetti y yo pertenecemos a una etapa histórica y a una generación que se ha interalimentado, pero nadie descubre la pólvora”.

“Esa pólvora está circulando: la pólvora de las ideas, del cambio, de la esperanza y toda esa experiencia que podría estar, y lo vuelvo a citar porque es un gran referente para todos nosotros, en un personaje como Ernesto Guevara (…) en esa corriente de pensamiento guevarista quedamos muchos abarcados, influidos; tuvimos ese privilegio de que circularan esos aires y esas experiencias. El imperio, el poder el dinero, toda esa maquinaria siniestra castigó duro, pretendió que matando al Che, desapareciendo a decenas de miles de seres humanos se podía hacer desaparecer un deseo de cambio, de cambio profundo, revolucionario, de cambio en serio. ‘Una revolución cuando es seria’ dijo el Che; hay tantas cosas que recordar que ha dicho…

“Eso nos marcó. Ésta es otra etapa, no se pueden clonar situaciones; hay que saber, en primera, percibir en las nuevas generaciones otras ideas, críticas, cuestionamientos; nada fue perfecto e impoluto. Hubo errores, desaciertos, los sigue habiendo en las izquierdas, pero hay que dar lugar a otra generación que viene haciendo, escribiendo, reporteando, cantando; ellos van a hacer otra cosa que va a ser diferente, y hay un tiempo por delante”.

“Muchos de nosotros ya no estaremos. Mario ya no está y el mundo no se detiene, ni ese trabajo por que el ser humano sea digno, por que haya un mundo de compañerismo y no de privilegios enfrentados contra los que no tienen nada”.

“No voy a decir discursos panfletarios a esta hora de la tarde, pero confío en la continuidad, continuidad creativa. Los jóvenes tienen que portar otra cosa, no solamente basarse en los referentes. Hay que hacer un camino propio; yo creo que la juventud en América Latina de a poquito lo viene intentando”.

“Además hay experiencias inesperadas: parece que todo está quieto y de pronto ocurre lo que ocurrió ahora en Honduras, este atropello fascista, esta operación con la hipócrita colaboración de Estados Unidos, una actitud doble, ambivalente, y la operación de las bases en Colombia”.

“Esto significa una invasión a América Latina y es un proyecto otra vez de encadenarla, de desaparecer a los que no están de acuerdo, a otras generaciones; a éstas sobre las que estamos cifrando esperanzas el poder las quiere ya desaparecer cuanto antes. Lo que está ocurriendo en Honduras y Colombia es un laboratorio, así que sí habrá cosas por hacer. Como decía Mauricio Gatti, viejo militante anarquista uruguayo: ‘en la selva hay mucho por hacer’”.

por Ericka Montaño Garfias

La Jornada

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