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Mujeres víctimas de la exclusión hallan una luz entre sazón y fogones

Ser mujer y no tener a un hombre al lado “que la represente” es una situación extremadamente incómoda que se mira con recelo en Marruecos.

El país norteafricano mantiene vigentes obsoletos estamentos patriarcales que condenan a la exclusión y al desprecio a las mujeres solteras, viudas o divorciadas y que influye en que se reserve menos del 30% de la fuerza laboral del país a las féminas.

Desde 2013 un espacio se abrió en ese país para brindar una luz en el camino a un grupo de mujeres vulnerables e invisibilizadas.

Nora Fitzgerald, estadounidense de nacimiento pero criada en Marruecos, fundó en 2013 el Centro Amal, que significa “esperanza” en árabe, para empoderar con un trabajo estable en restaurantes y hoteles a este grupo de mujeres estigmatizadas sin razón alguna.

El hoy exitoso restaurante, abrió como centro de capacitación para viudas, divorciadas, madres solteras, huérfanas o mujeres sin escolarizar. Ahora se ha transformado en uno de los mejores y más populares restaurantes del país, asegura un reporte del diario La Vanguardia.

Muchas mujeres soportan demasiado dolor injustificado a sus espaldas. La mayoría se sienten perdedoras e incluso invisibles antes de cruzar la puerta del centro. Foto Web.

Para las portavoces del centro, el fantasma de la política y la guerra de equilibrios para combatir la herencia de un sistema cruel e injusto siempre aparece como telón de fondo: “En realidad no hay muchos problemas de convivencia. Siempre hemos tenido excelentes relaciones con el gobierno y colaboramos en lo que respecta a la documentación legal requerida”, aseveraron.

Palabras justas y elegidas minuciosamente, porque es un secreto a voces que muchas mujeres soportan demasiado dolor injustificado a sus espaldas. La mayoría se sienten perdedoras e incluso invisibles antes de cruzar la puerta del centro y, con mucho acierto, aquí decidieron llamarlas “campeonas”, porque se atrevieron a dar el primer paso en busca de un futuro mejor cuando lo fácil era bajar los brazos.

Hanane, una de las mujeres de esta experiencia social, enviudó tras un matrimonio pactado a muy temprana edad. Su marido murió en un accidente automovilístico, dejándola sola en un país extranjero con dos niños. Aicha, otra de las mujeres, se crio en una familia muy estricta con un padre que la sacó de la escuela sin permitirle salir del hogar. Zineb, otra de las fémeinas, tenía seis años cuando su padre la envió con otra familia. Pensando que se iba de vacaciones, acabó en una casa donde la maltrataban continuamente cada vez que intentaba escaparse.

Son tres casos de las cientos de historias anónimas que han pasado por el centro. “La principal dificultad que se encuentran para prosperar es ser responsables de su familia. Estas mujeres fueron abandonadas por sus esposos o sus familias y tienen que aprender a depender de ellas mismas. Además, como no tienen título ni diplomatura, es difícil encontrar empleos con salarios dignos”, señalaron.

Para ser seleccionada la mujer debe tener entre 18 y 35 años, poseer una identificación válida, un historial con dificultades personales y/o económicas y, muy importante, ser una apasionada de la cocina. Foto Web.

En el centro reciben más de 100 solicitudes para cada curso de cocina de 6 meses, y solo atienden a 30 mujeres debido a su limitada capacidad de maniobra. Son muchas las voluntarias que quedan fuera buscando una vida mejor y eso genera culpabilidad entre las organizadoras: “Nuestro programa de capacitación selecciona a los beneficiarias cuidadosamente, ya que recibimos muchas solicitudes. Para ser seleccionada la mujer debe tener entre 18 y 35 años, poseer una identificación válida, un historial con dificultades personales y/o económicas y, muy importante, ser una apasionada de la cocina”.

Amal posee una espléndida terraza en la que huele a hierba y plantas recién regadas, que recolectan para servir con el té, todo mezclado con especias de platos multicolores.

En su menú ofrecen ensaladas mentoladas, tajine de pollo al limón, couscous de verduras, zaalouk de berenjena, pastillas de marisco y dulces tradicionales, entre otros.

“El principal problema para seguir adelante es asegurar que tengamos suficientes fondos. Es una lucha eterna, ya que dependemos de lo que vendemos”. enfatizaron. Y lo que venden depende de la clientela, que llega con una conciencia social fuera de lo común buscando un triple placer: el de la autenticidad de la comida, el buen trato y el saber que se aporta un grano de arena para el futuro de esas mujeres.

Señala el mural en una de las paredes: “Hay gente que va a sitios bonitos y hay gente que hace los sitios bonitos”. Foto Web.

Todo esto ha provocado un efecto rebote inesperado. Amal fue, es y será un centro pionero de ayuda a mujeres en la ciudad, pero ahora también es, casi sin buscarlo, uno de los mejores restaurantes de Marruecos y el comedor con más comentarios positivos en el portal especializado en restaurantes y hoteles TripAdvisor.

El Centro Amal ha funcionado tan bien que en poco tiempo se ha ganado la confianza de turistas y nativos al ofrecer calidad a un precio razonable fuera del turismo masificado o de lujo.

Atienden todos los días de la semana, desde las 11 de la mañana hasta que se acaba la comida porque, como señala el mural en una de las paredes: “Hay gente que va a sitios bonitos y hay gente que hace los sitios bonitos”.

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