ANÁLISIS

Irán: El objetivo no es el programa nuclear, es reconfigurar el poder en Medio Oriente a favor de Israel

Tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra el país persa, analistas explican que la ofensiva responde a una estrategia más amplia destinada a debilitar a Teherán y consolidar una nueva arquitectura regional. En medio de esta escalada, Palestina vuelve a desaparecer de la agenda internacional.

Irán: El objetivo no es el programa nuclear, es reconfigurar el poder en Medio Oriente a favor de Israel

Autor: El Ciudadano

Por Stephanie Elías Musalem, Periodista

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva militar coordinada contra Irán que marcó un nuevo punto de inflexión en la política internacional.

En los primeros ataques, cientos de objetivos fueron bombardeados en distintas ciudades iraníes, incluyendo instalaciones militares, centros energéticos, depósitos de combustible y también zonas civiles.

Por su parte, Irán ha respondido con misiles, drones y ataques contra bases militares estadounidenses desplegadas en distintos puntos de la región.

A diferencia de la narrativa oficial —centrada en neutralizar el supuesto programa nuclear iraní y “salvar” a la población de la tiranía del actual régimen— distintos analistas coinciden en que el conflicto refleja una disputa geopolítica mucho más profunda.

Un ataque en medio de negociaciones

En los días previos al ataque, Washington y Teherán mantenían conversaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní con mediación internacional. Para el analista internacional Jaime Abedrapo, ese contexto vuelve poco convincente la explicación oficial de la ofensiva estadounidense-israelí.

“El argumento siempre ha sido aquel y nunca se ha podido demostrar que Irán tiene las condiciones de crear esas armas. Por cierto, que, si tuviera la posibilidad de tenerlas, no lo habrían atacado de la forma que lo hicieron”, explica.

“Netanyahu lleva más de treinta años empujando la idea de un ataque directo contra Irán. Para Israel, eliminar o debilitar a ese régimen es clave para consolidar su hegemonía regional”, añade.

La ciudadanía iraní

Uno de los cálculos estratégicos detrás del ataque contra Irán parece ser la posibilidad de provocar una fractura interna que termine debilitando o incluso derribando al régimen.

Irán ha vivido en los últimos años importantes protestas sociales vinculadas a la crisis económica, las restricciones políticas y las demandas de derechos civiles, especialmente en torno a la situación de las mujeres. Este contexto ha llevado a algunos analistas a plantear que una escalada militar podría acelerar el desgaste del régimen.

Sin embargo, la historia muestra que las agresiones externas suelen producir el efecto contrario: incluso sociedades profundamente críticas con sus gobiernos tienden a cerrar filas cuando perciben una amenaza extranjera. En ese sentido, los bombardeos pueden terminar reforzando un sentimiento nacional que trasciende las divisiones políticas internas.

Para el analista internacional Jaime Abedrapo, esa reacción es una posibilidad real en el caso iraní. “Lo más probable es que vuelva a surgir una suerte de sentido patriótico frente a esta agresión que ya ha tenido muchas bajas civiles”, señala.

Uno de los episodios que ha contribuido a alimentar ese sentimiento fue el bombardeo de una escuela primaria femenina en la ciudad de Minab durante los primeros días de la ofensiva. El ataque dejó más de un centenar de víctimas civiles, en su mayoría niñas, y provocó una fuerte conmoción dentro del país.

El filósofo y analista Rodrigo Karmy coincide en que la situación interna iraní es más ambigua de lo que suele presentarse en los discursos políticos occidentales.

“El régimen iraní tiene un desgaste importante y ha enfrentado movilizaciones sociales fuertes, particularmente de sectores de la clase media que han sido pauperizados tanto por las sanciones económicas como por las propias políticas del régimen. Sin embargo, una desintegración del régimen iraní supondría un triunfo total de Israel en la región. La situación es paradójica: existe una sociedad que cuestiona a su propio gobierno, pero eso no significa que sean pro estadounidenses o proisraelíes, ni que quieran que el gobierno caiga como resultado de una intervención extranjera”, explica.

La disputa por la hegemonía regional

Karmy sostiene que la guerra debe entenderse dentro de un proceso más amplio de transformación del orden mundial. A su juicio, el sistema internacional basado en instituciones multilaterales está siendo reemplazado por una lógica de competencia entre grandes potencias.

“Estamos presenciando el agotamiento del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Ese orden estaba basado en instituciones como Naciones Unidas y en una globalización relativamente cosmopolita”, explica. “Lo que está emergiendo ahora es un escenario distinto: una globalización más nacionalista donde distintos imperios buscan consolidar sus zonas de influencia”.

Según Karmy, el ataque a Irán forma parte de ese proceso. “Estados Unidos intenta consolidar su esfera de influencia en Occidente, China en Asia, Rusia en Eurasia y, en ese contexto, Israel busca posicionarse como la potencia hegemónica de Medio Oriente”.

Irán como obstáculo estratégico

En ese escenario, Irán aparece como uno de los principales obstáculos para esa reconfiguración regional. Karmy señala que la ofensiva contra Teherán está directamente vinculada con los llamados Acuerdos de Abraham, impulsados durante la presidencia de Donald Trump.

“Los Acuerdos Abrahámicos buscan normalizar la relación entre Israel y las monarquías del Golfo. Pero ese proceso también implica despolitizar la cuestión palestina”, explica. “Si esa normalización se consolida plenamente, la posibilidad de un Estado palestino se vuelve prácticamente inexistente”.

Para el analista, el apoyo iraní a actores como Hezbollah o Hamas ha sido uno de los factores que han impedido consolidar completamente ese proyecto. “El ataque de Hamas del 7 de octubre interrumpió ese proceso de normalización que avanzaba rápidamente, incluso con Arabia Saudita”.

Una guerra con implicancias globales

El conflicto también tiene una dimensión económica y energética crucial. Irán controla una de las rutas marítimas más importantes del planeta: el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.

La guerra ya ha afectado seriamente esa ruta, generando temores de una crisis energética global. Para Abedrapo, esta dimensión también explica el interés de Estados Unidos en debilitar a Irán.

“Lo que pareciera buscar Trump, como telón de fondo, es golpear a China que depende en un 30% de los hidrocarburos de petróleo que transita por el estrecho de Ormuz, que sale de Irán y abastece sus necesidades productivas”.

En ese sentido, explica, esta acción contra Irán se habría planificado con antelación. “Es coherente con haber golpeado al régimen de Venezuela. Hoy Estados Unidos tiene un abastecimiento de petróleo con el que antes no contaba, lo que se puede ver como una pieza necesaria para efectivamente pegarle a Irán y no sufrir los costes de mercado de suficiencia de hidrocarburos que habrían devenido”.

La caída del derecho y Palestina fuera del foco

Para Abedrapo un factor fundamental que también hay que revelar en la estrategia de presionar esta guerra, es que nuevamente consiguió alinear a ciertos sectores europeos que se estaban alejando.

“Israel había sido muy golpeado tanto en su imagen país como en su propia legitimidad. Países de la Unión Europea, que habían sido sus aliados históricos, reconocieron el Estado palestino. La guerra contra Irán le ha permitido a Israel estar nuevamente en sintonía con un enemigo común para estos países. Especialmente los tres grandes: Alemania, Francia y Reino Unido”, señala.

“Una segunda derivada es que ya nadie habla de Palestina. Palestina sale de la agenda urgente porque el foco mediático y político pasa a Irán. Saca de foco el plan de paz que pretende suplantar el sistema de Naciones Unidas. De alguna manera, Israel ha hecho todo lo posible por erosionar el régimen internacional”, agrega.

¿Quién ganará esta guerra?

En medio del conflicto ha cobrado notoriedad el análisis del educador y comentarista geopolítico chino-canadiense Jiang Xueqin, radicado en Beijing. En 2024 formuló tres predicciones que hoy han vuelto a circular ampliamente: que Donald Trump ganaría las elecciones, que su administración iniciaría una guerra contra Irán bajo la narrativa de un ataque preventivo y que Estados Unidos terminaría perdiendo.

Según Jiang, la guerra actual no debe entenderse como una campaña militar convencional. “Lo que estamos viendo es una guerra de desgaste”, afirma.

De acuerdo con su análisis, Irán lleva más de 20 años preparándose para este escenario y no busca derrotar militarmente a Estados Unidos en términos clásicos, sino aumentar progresivamente el costo económico y estratégico del conflicto.

“Irán no necesita ganar en el campo de batalla. Su estrategia consiste en golpear el sistema económico que sostiene la hegemonía estadounidense”, dice.

Según Jiang, Irán apuesta por una estrategia de desgaste basada en atacar infraestructuras energéticas del Golfo y presionar las rutas petroleras, con el objetivo de encarecer el suministro energético mundial y generar un costo económico y político creciente para Estados Unidos y sus aliados.

Stephanie Elías Musalem

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