La lucha por el transporte público se extiende por la periferia de São Paulo

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La lucha por un transporte público de calidad y a un precio asequible para la población se está extendiendo por todo el área metropolitana de São Paulo. Además de los actos en los barrios céntricos de la ciudad –más visibles y numerosos–, el Movemento Passe Livre (MPL) ha comenzado este año una estrategia de expansión y enraizamiento en las zonas periféricas de la gran metrópolis brasileña.

São Miguel Paulista es un distrito con una población cercana a los 100.000 habitantes situado en la zona Este de la ciudad. En una asamblea celebrada esta misma semana, activistas y simpatizantes del MPL decidieron organizar una marcha en este barrio popular, localizado a unos 45 minutos en transporte público desde el centro de la ciudad.

Luiz, vecino de la localidad de Guarulhos –sede del aeropuerto internacional, también en la parte oriental del área metropolitana paulista-, tiene que coger diariamente cuatro autobuses para desplazarse hasta São Miguel Paulista, su lugar de trabajo, y después volver a su residencia. Mientras observa cómo varios jóvenes tocan los timbales y preparan las pancartas para la marcha que tendrá lugar esta tarde, este hombre fornido y con barba de varios días comenta que su gasto diario en transporte se sitúa, tras la última subida hecha efectiva a principios de Enero, en los 20 Reales Brasileños [6,50 euros].

Señalando a la policía que rodea los preparativos del acto, Luiz, enfadado, despotrica sobre lo corrupto que resulta el sector público en su país,incluidos sus gobernantes, y lo alejados que estos están de los problemas de gente como él.

En torno a la Praça do Forró, lugar de inicio de la manifestación, varios jóvenes entregan a los vecinos del distrito panfletos que llevan por título Aumento da tarifa: Lucro pros empresarios, sufoco pro povo. En los papelitos se explica que –tal y como ha demostrado una reciente auditoría encargada por la alcaldía– los beneficios de las empresas concesionarias de los autobuses de la ciudad no han dejado de aumentar en los últimos años, un excedente que no ha sido invertido en mejorar el servicio o en bajar el precio de los billetes.

Pablo Ortelhado, profesor de Gestión Pública de la Universidade de São Paulo (USP) y conocedor del movimiento desde dentro, reconoce la complejidad de la cuestión del transporte público en la ciudad. Una flota enorme de autobuses para un territorio de cientos de kilómetros, unas empresas afectadas por casos de corrupción con un poder casi monopolístico y un gobierno municipal –gobernado por un sector independiente e izquierdista dentro del Partido de los Trabajadores (PT)– consciente del problema pero que no ha establecido ningún interlocución con la calle, componen los ingredientes de un asunto que afecta a esta y otras grandes urbes brasileñas.

Antes del inicio de la marcha, João, miembro del MPL y vecino del distrito, explica que su lucha por la retirada de la última subida del transporte –y, en última instancia, por la Tarifa Zero o gratuidad de los billetes de metro y bus–exige de un trabajo prolongado, a medio y largo plazo. De ahí la importancia de llegar a los barrios populares, donde residen los vecinos que más sufren las carencias de movilidad urbana.

André Takahasi, sociólogo y activista, analiza que la lucha liderada por el MPL ya ha sido decisiva para, por ejemplo, la implantación del Passe Escolar, un billete especial para los alumnos de baja renta –que desde el movimiento consideran insuficiente– y que debe seguir siéndolo para que los medios y la población en general pongan el foco en las próximas licitaciones para el transporte en la ciudad que planea la administración.

En las aceras de las calles por las que discurre la manifestación los vecinos observan, escuchan y gravan con sus móviles las pancartas y los lemas que se gritan desde la marcha. Varios automóviles y algún autobús que conduce en la dirección opuesta, saludan desde la ventanilla y tocan el claxon a su paso en señal de apoyo.

Cuando ya ha anochecido, los manifestantes, la policía y los escasos vecinos que se han ido uniendo durante el recorrido, llegan hasta Itaím Paulista, un distrito en el extremo este de São Paulo, situado a dos paradas de tren del lugar donde se inició la marcha. Refugiados en un parque de la lluvia que ha comenzado a caer con fuerza, un joven con el pelo encrespado, enuncia las movilizaciones de los próximos días. Los asistentes vitorean sus palabras y, antes de disolverse, repiten uno de los cánticos más habituales en sus actos: “Amanhã vai ser maior!”.

via Diagonal

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