A solo 48 horas del traspaso de mando, el presidente Gabriel Boric realizó un mea culpa en televisión, reconociendo los errores de su gobierno, asumiendo la responsabilidad por sus decisiones más polémicas y dedicando una encendida defensa a su exministro, Giorgio Jackson, a quien calificó como víctima de un «intento de asesinato público».
En una entrevista con Mario Kreutzberger, «Don Francisco», para el programa «Las Caras de La Moneda» de Canal 13, el jefe de Estado no eludió las preguntas incómodas y desde el primer momento abordó las promesas incumplidas que marcaron su gestión.
El mandatario reconoció que proyectos emblemáticos como el fin del Crédito con Aval del Estado (CAE) y la ley de Sala Cuna Universal quedaron en el camino, víctimas de la compleja ingeniería política del Congreso y pese a que –según indicó– existían acuerdos técnicos para avanzar.
Si bien apuntó contra la oposición, específicamente contra la Unión Demócrata Independiente (UDI), por obstruir los avances, optó por no externalizar todas las culpas.
«No todo es culpa de otro», admitió con franqueza, poniendo sobre la mesa el fracaso del primer proceso constitucional como un punto de inflexión. Según su análisis, el rechazo a las dos propuestas de nueva Constitución —tanto la de los sectores que emergieron del estallido social como la liderada por la ultraderecha— enviaron una señal clara al establishment político.
«El país exige acuerdos amplios y no proyectos que excluyan a parte de la sociedad», reflexionó el Mandatario, dando a entender que esa lección obligó a su administración a recalibrar su estrategia y buscar consensos más transversales.
Caso Convenios y blindaje a Jackson: «Mi hermano de camino»
Uno de los momentos de mayor tensión la entrevista llegó al abordar el denominado caso Convenios—también conocido como Caso Fundaciones—, que se destapó en junio de 2023, cuando un reportaje del medio online Timeline expuso que la Fundación Democracia Viva ligada a militantes de Revolución Democrática obtuvo un convenio por 426 millones de pesos. Este escándalo golpeó el corazón del gobierno de Boric y salpicó directamente a su círculo de mayor confianza. El mandatario no titubeó al calificar el episodio como «muy doloroso», pero defendió la postura institucional de su administración de actuar «con dureza y firmeza», evitando defensas corporativas para que los responsables respondieran ante la justicia.
Fue en este contexto donde el Presidente desplegó una férrea defensa de Giorgio Jackson, su exministro de la Segpres y Desarrollo Social. Lejos de matizar su apoyo, Boric lo describió como su «hermano de camino» y aseguró no albergar dudas sobre su integridad.
Profundizando en su declaración, el Mandatario lanzó una grave acusación contra los sectores que presionaron por la salida de Jackson, afirmando que todo el proceso en su contra constituyó un «intento de asesinato público construido sobre mentiras y fake news».
Jackson, quien se encontraba presente en la entrevista sentado entre la ministra vocera Camila Vallejo y la pareja del mandatario, Paula Carrasco, complementó las palabras de Boric al relatar el contexto de su salida del gabinete.
El exministro explicó que su renuncia fue la consecuencia de la presión política derivada del caso Fundaciones y el robo de computadores y una caja fuerte en el Ministerio de Desarrollo Social. Sobre este último punto, reveló una intriga personal que lo sigue atormentando.
«No hay casi noche en la que no piense si hay alguna forma de saber quién estuvo detrás de eso, pero al parecer la justicia llegó a la conclusión de que fue un robo común», confesó Jackson.
Indicó que su salida fue una condición impuesta por la oposición para negociar la reforma de pensiones. «Probablemente si no hubiera ocurrido y yo hubiera seguido con la confianza del Presidente, habría continuado hasta el final», sentenció.
Indultos: una decisión personal que «no tenía acuerdo en todo el gobierno»
La polémica por los indultos presidenciales a los llamados «presos políticos del estallido» también ocupó un lugar central en la conversación. Boric defendió la medida como el cumplimiento de un compromiso político de larga data, argumentando que los delitos de los beneficiados eran de «no gran significancia». Sin embargo, también fue honesto al reconocer las fisuras internas que la decisión provocó.
El Mandatario admitió que la medida «no tenía acuerdo en todo el gobierno», calificándola como una determinación «muy polémica». Lejos de buscar «chivos expiatorios» puso el pecho a las balas.
«Yo asumo la responsabilidad de esto. No quiero ni será endosado a nadie», afirmó con vehemencia, asumiendo los costos políticos de la medida.
El Presidente utilizó esta controversia para ilustrar la curva de aprendizaje de su administración. Reconoció que llegaron al poder con un equipo joven y con escasa experiencia en el Ejecutivo —un hecho que, dijo, el país conocía desde el inicio— y destacó que para equilibrar esa balanza fue crucial la incorporación de figuras con trayectoria, como el ministro de Vivienda y Urbanismo, Carlos Montes, a quien atribuyó el éxito del plan de emergencia habitacional.
Caso Monsalve: «No hice todo lo que tenía que hacer»
Otro de los episodios más complejos de su gobierno fue el caso que involucró al exsubsecretario del Interior Manuel Monsalve, con una denuncia de abuso sexual en contra de una funcionaria. Durante la entrevista, el Mandatario hizo un mea culpa lapidario sobre el manejo de la crisis, admitiendo fallos en los tiempos y formas de reacción del Ejecutivo.
«No hice todo lo que tenía que hacer en los tiempos que tuve que hacerlo. Es responsabilidad exclusiva mía», afirmó.
Aunque describió el episodio como una «sorpresa para todo el mundo».
“No es relevante que fuera un golpe para mí… evidentemente fue una sorpresa, sorpresa para todo el mundo”, señaló en sus declaraciones recogidas por El Mostrador.
No obstante, lanzó críticas para quienes, según él, utilizaron la controversia de «mala fe para desprestigiar la agenda de género», una de las banderas de su gobierno.

Un adiós con miras al futuro
Hacia el cierre de la conversación, Don Francisco inquirió directamente sobre el futuro político del aún Presidente. La pregunta sobre si se postularía nuevamente en cuatro años flotaba en el ambiente. Boric, con la prudencia de quien conoce el peso de La Moneda, evitó cerrar la puerta, pero dejó claro que su ambición inmediata no es el poder.
«No me voy hoy día con la ambición de volver en cuatro años», aseguró, aunque reconoció que, habiendo ocupado el sillón presidencial, su nombre probablemente seguirá siendo parte del debate público.
«Tengo la convicción de que en política, cuando las cosas se hacen bien, siempre hay nuevos desafíos», añadió.
La ministra Camila Vallejo, por su parte, también tuvo espacio para defender su gestión como vocera de gobierno, afirmando que le ha tocado «poner harto pecho a las balas» en más de 270 vocerías marcadas por la crisis.
Finalmente, Boris resumió la experiencia de gobernar con una metáfora poderosa que retrata el desgaste y la grandeza del cargo. Gobernar Chile, dijo, es «hermoso, pero muy pesado, como cargar la cordillera en la espalda». Una imagen que quedará resonando mientras se prepara para dejar el despacho en La Moneda que ocupó durante cuatro intensos años.

