Kast se cuadra con EE.UU. en la ONU y pierde batalla cultural en debate sobre género

Al alinearse con la postura de Washington para ir en contra de la gran mayoría de países, Chile quedó en una posición minoritaria y aislada

Kast se cuadra con EE.UU. en la ONU y pierde batalla cultural en debate sobre género

En el cierre de la última jornada de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU (CSW), la representación diplomática de Chile protagonizó un quiebre con la mayoría de los miembros al alinearse con la postura de Estados Unidos (EE.UU.) en un debate clave sobre la definición institucional del concepto de género.

El movimiento, que desde el gobierno de José Antonio Kast, se justificó en razones procedimentales, ha sido interpretado por analistas y actores políticos como un paso en el despliegue de una “batalla cultural” impulsada por el ultraderechista, más allá de lo que denominó como “gobierno de emergencia”.

El escenario de tensión diplomática en el seno de la ONU se originó a partir de una resolución presentada por la delegación de EE.UU., a través de la cual buscaba establecer una interpretación estricta y limitada para el trabajo de la comisión.

La propuesta plantea una definición que restringe el alcance del término “género” a una noción binaria basada en el sexo biológico. El texto señala explícitamente que “el término ‘género’ debe entenderse referido a hombres y mujeres”, añadiendo que dicha palabra “no tiene ningún significado o connotación distinta”.

Esta iniciativa, impulsada en el contexto de la administración de Donald Trump, fue vista por diversas delegaciones como un intento de desmantelar consensos históricos en materia de derechos de las mujeres y diversidad sexual.

Ante este escenario, las representaciones de Bélgica y Brasil decidieron presentar una “moción de no acción” (no-action motion), un recurso cuyo objetivo era bloquear la posibilidad de que la propuesta estadounidense fuera sometida a votación sustantiva.

El argumento de ambos países se basó en que Estados Unidos estaba intentando reinterpretar, sin el debido debate, el lenguaje y los acuerdos alcanzados en la Conferencia de Beijing de 1995.Este evento reunió a más de 17,000 participantes de todo el mundo, incluyendo delegados gubernamentales y activistas, con el objetivo de acordar un plan global para lograr la igualdad legal y el empoderamiento de las mujeres.

Fuentes con conocimiento de los entresijos de la negociación multilateral han planteado que la resolución impulsada por el gobierno de Trump forma parte de una estrategia de política anti género. La lógica detrás de esta ofensiva diplomática busca anclar el uso del término “género” exclusivamente en la distinción entre hombres y mujeres desde una perspectiva del sexo biológico, un movimiento que se alinea con el rechazo público que el mandatario ultraderechista ha manifestado en contra de las políticas de identidad de género y de las medidas que buscan favorecer los derechos de las identidades trans.

Cabe recordar, que tras su regreso a la Casa Blanca, el magnate republicano ha firmado decretos que revierte las iniciativas relacionadas con el género y la diversidad implementadas durante la administración anterior del demócrata Joe Biden.

Trump ha dejado claro que su gobierno únicamente reconocerá dos géneros: masculino y femenino declarando que estos son “inmodificables y basados en una realidad fundamental e incontrovertible”.

El mandatario ha llegado incluso a eliminar los programas federales de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI).

En medio de la tensión, la comisión de la ONU sometió a votación la moción de no acción presentada por Brasil y Bélgica. La mecánica del proceso fue clara y no dejó márgenes para la interpretación: los países que votaran “Sí” respaldaban la iniciativa de bloqueo, impidiendo que la propuesta sustantiva de Estados Unidos fuera discutida y votada. Por el contrario, quienes votaran “No” estaban apoyando la intención de la delegación estadounidense de llevar su resolución a la mesa para que realizara el posterior debate y la votación formal.

Chile quedó en una posición de minoría y aislamiento

En este punto crítico, la delegación chilena tomó una decisión que la colocó en una posición minoritaria y aislada y optó por votar en contra de la moción de bloqueo, una acción que, en la práctica, significó alinearse con la postura de Washington, para que la restricción del concepto de género fuera efectivamente sometida a votación.

El resultado del conteo dejó a la representación nacional en una posición compartida únicamente con tres países: Estados Unidos, la República Democrática del Congo (RDC) y Pakistán. Frente a esta minoría, otros 23 países se alinearon con la postura de Brasil y Bélgica, mientras que 16 naciones decidieron abstenerse.

A pesar del respaldo chileno a la estrategia estadounidense, la moción de no acción se impuso gracias al apoyo mayoritario de los países integrantes de la comisión.

Como consecuencia de este resultado, la iniciativa presentada por la nación norteamericana fue retirada de la tabla de discusión. Con ello, la votación concerniente a la definición del término “género” quedó pospuesta, al menos por el momento, frustrando el intento de la delegación norteamericana de forzar una reinterpretación de los acuerdos multilaterales.

Ante las consultas sobre esta controvertida votación, desde el gobierno de Kast salieron a defender la actuación de la representación diplomática, enmarcándola en criterios estrictamente procedimentales y de resguardo del debate multilateral.

En una explicación que buscó desligar la decisión de cualquier implicancia de fondo, el Ministerio de Relaciones Exteriores señaló que “Chile votó en contra de la moción de ‘no acción’, es decir, a favor de que la resolución pudiera ser sometida a votación, en línea con una práctica habitual en los espacios multilaterales que busca resguardar que las propuestas presentadas por los Estados miembros puedan ser consideradas por la membresía”.

La cancillería profundizó en su defensa, argumentando que al haber sido aprobada la moción de bloqueo, el país nunca llegó a pronunciarse sobre el contenido de la polémica resolución.

“Sin embargo, la moción de ‘no acción’ fue aprobada, por lo que la resolución finalmente no se votó. En consecuencia, no existe una posición sustantiva expresada por Chile sobre el contenido específico de ese texto”, precisó, según consignó La Tercera,

No obstante, la propia explicación de la administración de Kast dejó entrever una contradicción respecto a la postura histórica que Chile ha sostenido en estas materias.

Según señaló la cartera de Relaciones Exteriores, «Chile había trabajado una posición según la cual cualquier referencia al término ‘género’ debía entenderse estrictamente en el marco acordado en la Conferencia de Beijing de 1995, sin implicar reinterpretaciones ni modificaciones del lenguaje existente».

Gobierno de Kast no se adhiere declaración de derechos LGBTIQ+

La postura en materia de política exterior coincide con el interés de Kast en fortalecer las relaciones bilaterales con Estados Unidos. Sin embargo, tal y como señaló La Tercera, dentro de los círculos de la derecha política comenzaron a surgir inquietudes frente al alcance de esta alineación, especialmente porque no es el único movimiento en esa dirección.

A esta situación se suma que, apenas un día antes, el miércoles, el Ejecutivo se abstuvo de adherir a la declaración de derechos LGBTIQ+ en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

En esa ocasión, el argumento esgrimido por el gobierno del ultraderecha fue que el texto “generaba división”.

La combinación del voto en la ONU junto a la abstención en la OEA dibuja un panorama claro: la administración liderada por José Antonio Kast está dispuesta a asumir posiciones minoritarias en el escenario multilateral con tal de marcar una diferencia sustantiva en los debates de género e identidad, priorizando una alineación con las corrientes más conservadoras de la política internacional, encabezadas por Estados Unidos, aunque ello implique quedar en minoría y perder, al menos en esta ocasión, la batalla cultural en el seno de la comisión de la ONU.

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