El pasado miércoles 31, en el programa PodcastPitalismo, Javier Pineda conversó con la académica de la Universidad de Essex y doctora en teoría política, Camila Vergara, quien planteó como el cooperativismo y la organización plebeya permiten pensar una democracia económica y política más allá del capitalismo.
Actualmente la sociedad enfrenta grandes desafíos — como la desigualdad, la crisis climática, la precariedad laboral, entre otros— que nos empujan a mirar más allá de los modelos económicos ya establecidos. En ese contexto, aparecen alternativas con un gran potencial transformador como el cooperativismo, señaló Javier Pineda en la editorial del programa.
Las cooperativas surgieron en 1844 en Inglaterra, cuando un grupo de trabajadores creó una tienda basada en la gestión democrática y el bienestar colectivo. Con el tiempo, este modelo se expandió globalmente y hoy involucra a más del 12% de la población mundial, generando cerca del 10% del empleo. Su solidez se ha evidenciado en tiempos de crisis, aunque no todas las cooperativas actuales respetan plenamente sus principios fundacionales.
Camila Vergara explicó que el populismo fue históricamente usado en América Latina como un término peyorativo para deslegitimar a líderes de izquierda populares. En Europa, el concepto se resignifica desde 2012 para describir a la extrema derecha, borrando su contenido ideológico.
Vergara señaló que a partir de Laclau, el populismo se entiende como una forma de construir al pueblo, válida tanto para izquierda como derecha. La académica criticó esta mirada europea que oculta la tradición latinoamericana del populismo de izquierda.
Es en este punto donde aparece la noción de lo “plebeyo”. A partir de una revisión histórica, Vergara rescató la experiencia de la Roma antigua, donde los tribunos de la plebe representaban a la clase trabajadora.
Sin embargo, muchos de estos representantes terminaban sosteniendo el orden existente, mientras que figuras como Tiberio Graco impulsaron reformas profundas, dando origen a lo que se conoció como populares o populistas.
Desde esa tradición, el populismo es entendido como una fuerza política que surge por fuera de los partidos tradicionales y que busca representar a los sectores excluidos. En el contexto actual, marcado por altos niveles de informalidad laboral, esta lógica permite articular a diversos grupos —como mujeres, migrantes y pueblos indígenas— en una alianza amplia que desafíe las estructuras de poder vigentes.
Cooperativismo: una respuesta colectiva a las crisis
Vergara explicó que las cooperativas surgieron en Gran Bretaña como una respuesta colectiva a las crisis, cuando comunidades comenzaron a organizarse para comprar juntos y asegurar bienes básicos. Desde sus inicios se basan en principios como la igualdad entre sus miembros, la toma de decisiones democrática y la reinversión de los excedentes en beneficio no solo de quienes participan, sino también de la comunidad en su conjunto.
Además, señaló que este modelo propone una alternativa ética al capitalismo tradicional, ya que no busca maximizar ganancias a costa de las personas o la naturaleza. Las cooperativas priorizan la sostenibilidad, la solidaridad entre organizaciones similares y el bienestar de quienes las integran, permitiendo decidir colectivamente aspectos como las jornadas laborales y las condiciones de trabajo.
“El problema es que es muy difícil sobrevivir en un sistema oligárquico y capitalista. Cuando se intenta competir como empresa tradicional, ahí se pierde el sentido de la cooperativa. La idea es cambiar la lógica social, cómo nos entendemos y qué sociedad queremos”.
La académica indicó que este modelo fortalece a quienes participan, ya que permite ejercer la democracia de forma cotidiana y no solo a través del voto.
Vergara explicó que en las cooperativas, las personas deliberan y toman decisiones colectivas en el ámbito productivo, lo que funciona como un aprendizaje político. Así, se convierten en espacios de autogobierno donde la comunidad desarrolla capacidades para decidir y gobernar.
En ese sentido, Vergara sostuvo que el cooperativismo y la organización plebeya no solo funcionan como respuestas económicas, sino también como prácticas políticas cotidianas. A su juicio, estos espacios permiten ensayar formas de democracia directa, fortalecer el autogobierno y disputar la lógica dominante del capitalismo. Así, más que modelos alternativos aislados, se presentan como experiencias concretas para repensar cómo se organiza la sociedad y el poder.
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