El sionismo es el terrorismo

El terrorismo puede definirse como el uso sistemático de la violencia, la coerción o el miedo, particularmente contra poblaciones civiles, con el fin de imponer una agenda política, ideológica o territorial

El sionismo es el terrorismo

Autor: Director

El terrorismo puede definirse como el uso sistemático de la violencia, la coerción o el miedo, particularmente contra poblaciones civiles, con el fin de imponer una agenda política, ideológica o territorial. El sionismo, en su práctica estatal e institucionalizada por Israel, constituye terrorismo porque su proyecto de expansión y mantenimiento de un Estado étnico-nacional se ha sustentado y sustenta en actos que encajan en esta definición, es decir, la desposesión y el desplazamiento forzado del pueblo palestino, la ocupación militar prolongada, la colonización de tierras, el asedio a poblaciones civiles (como Gaza), los asesinatos selectivos y los castigos colectivos.

Por Bruno Sommer

El sionismo, la doctrina ideológica que defiende la existencia del Estado de Israel, a la que no todo el pueblo de Israel adscribe, y que se viene constatando como una doctrina que por su mantenimiento en el tiempo como forma de Estado ha desplegado el terrorismo puro y duro que puede existir contra otros humanos violando el mandamiento de «no matarás» por imponer una ocupación y anexión permanente, criticada en el seno de las familias judías, pero apoyada y financiada incluso por una parte para armamento, guerra  y ocupación.

Mientras el fundador del sionismo Tedhor Herzl hablaba públicamente de coexistencia, en privado tenía un plan de compra de tierras, expropiación y despojo progresivo de éstas  del pueblo Palestino.

Algo así también pasó en el sur de Chile con Alemania sobre tierras Mapuche para ejemplificar durante décadas.

Así también ha sucedido con las tierras de los pueblos de Ucrania y una privatización del aparato público mega corrupta.

El pueblo de Israel como tal es un pueblo habitante del mundo y sin Estado. La creación de su Estado se remonta a una responsabilidad histórica no resuelta, tras la  creación de un Estado judío que prometía resolver los problemas que enfrentaba la diáspora en una Europa antisemítica.

Estas persecuciones no solo fue la más atroz y conocida lleva adelante por Hitler y el nazismo, sino también hubo  persecuciones anteriores violentas y criminales ocurridas en la Inglaterra de del 1290, en Francia en 1394  y en España en 1492, mismo año en que Colón llega a Centro América.

La diáspora sin Estado, vivían sin necesidad de él pues no estaba su creación en ninguno de su libros sagrados sea el Zohar, la Toráh, y  se refugiaron hacia Europa del Este, principalmente en Polonia, Ucrania y la misma Rusia , hasta que Herzl, tras su visita a Palestina en 1892, escribe el libro que los llevará a moverse poco a poco de supuestamente hacer comunidad a finalmente iniciar una ocupación expansionista sin límites.

Ante su crisis han venido desatando guerra y más actos criminales por el mundo.

Es fundamental distinguir entre el pueblo judío, con su rica historia, cultura y diversidad de pensamiento, y la ideología política del sionismo. La crítica aquí expuesta se dirige específicamente al sionismo como proyecto político colonial y expansionista, que ha instrumentalizado una narrativa nacional para justificar la ocupación, el desplazamiento forzado y una violencia sistemática contra el pueblo palestino. Esta condena no emana de un prejuicio contra las personas judías, muchas de las cuales, histórica y actualmente, rechazan el sionismo, sino de una oposición a una maquinaria de Estado que practica el terrorismo institucional, el apartheid y un racismo de carácter excluyente. Así como se critican otros proyectos imperiales y coloniales en el mundo, se denuncia al sionismo por su alianza con las ultraderechas globales y por erigirse como una ideología de supremacía y dominio que traiciona los principios universales de justicia y dignidad humana, constituyendo una amenaza para la paz regional y mundial.

El  racismo, como el que practican los sionistas, los hace no  solo enemigos del pueblo palestino, sino de toda la humanidad, incluidos de los judíos blancos  y morenos s pobres pues su lucha es racial y de clases y ello es un problema mayor cuando quienes creyéndose los elegidos cometen actos criminales y dicen ser  una democracia.

Tanto Estados Unidos como Israel han fabricado guerras sin parar. Inglaterra y Alemania también han hecho lo suyo en afanes imperiales conjuntos desapercibidos para muchos, pero otros evidentes en  la “transparencia del mal”.

Para comprender la máquina de guerra moderna, es ineludible analizar el papel del sionismo político como ideología de ocupación y desplazamiento, y su conexión simbiótica con la internacional de la ultraderecha en construcción expansiva. 

Este nexo proporciona un marco narrativo y un proyecto geopolítico común de coordinación internacional, en  la defensa de un nacionalismo excluyente y la justificación de la violencia estatal  como herramienta de dominio más allá de sus mismas fronteras.

Un prototipo que se aleja del diálogo social y del reconocimiento de espacios como plurinacionales de diálogo y respeto entre culturas, y que más bien asumen políticas anti inmigrantes, discriminatorias, xenófobas, miradoras en menos.

Los ejemplos son elocuentes y dibujan un mapa global coordinado:

Javier Milei en Argentina, quien traslada su adhesión ideológica al sionismo político a un alineamiento incondicional con la agenda exterior de Israel y Estados Unidos, al tiempo que impulsa un proyecto de desmantelamiento interno violento, en lo internacional coordina para acabar con el Socialismo del Siglo XXI.

José Antonio Kast en Chile, cuyo apoyo activo a Israel y cuyos vínculos con la derecha republicana de Trump y con sectores europeos reaccionarios, lo posicionan como un eslabón local de esta red, promoviendo un bloqueo político-cultural a cualquier avance comunitario y sobre todo si este se define como antifascista. Ahora está por verse qué hace cuando asuma como Presidente.

Donald Trump en Estados Unidos, cuyo reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y cuyas políticas antiinmigración y de law & order, representan la versión norteamericana de este paquete ideológico, un nacionalismo cristiano-sionista aliado con el capital más depredador. Y que incluso a querido promover al los movimientos antifascista como terroristas. 

Benjamin Netanyahu en Israel, como arquitecto central del sionismo político de asentamiento y seguridad militarizada, cuya alianza con gobiernos de ultraderecha en Europa y América Latina ha sido explícita. Su gobierno no solo ha normalizado la ocupación, sino que ha exportado un modelo de “seguridad nacional” basado en vigilancia, control demográfico y desplazamiento, adoptado como referencia por movimientos similares en Occidente.

Volodymir Zelensky en Ucrania, cuya defensa nacional frente a la invasión rusa ha sido instrumentalizada por este bloque ideológico para reforzar narrativas de soberanía excluyente, nacionalismo étnico y militarización permanente. Su alineación con gobiernos de derecha radical en Polonia, Hungría e Italia, y su recepción de apoyo incondicional de figuras como Trump y Meloni, lo sitúan en un cruce geopolítico donde la causa de la autodefensa se entrelaza con agendas de rearme global y consolidación de bloques civilizacionales.

Viktor Orbán (Hungría): Es el arquitecto teórico y práctico de la “democracia iliberal”, promoviendo la conspiración del “gran reemplazo” y manteniendo una alianza cínica y estratégica con Netanyahu que le sirve de escudo contra acusaciones de antisemitismo, mientras fortalece un estado autocrático basado en la homogeneidad étnico-cristiana.

Nicolas Sarkozy en Francia, cuya presidencia anticipó el giro hacia un nacionalismo identitario proisraelí y antiinmigrante. Empleado de Rothschild allanando el camino para fuerzas aún más radicales como Marine Le Pen y Eric Zemmour. Su retórica de “seguridad” y asimilación republicana excluyente encaja en el modelo de Estado fuerte y fronteras duras que este eje promueve, llevando a Europa y el mundo a una  carrera armamentística con la que lucra.

Giorgia Meloni en Italia, líder de la ultraderecha posfascista, cuyo gobierno combina un nacionalismo católico tradicionalista con un apoyo inquebrantable a la política israelí de Netanyahu y una agenda europea de restricción migratoria y defensa de la “civilización occidental”. Meloni ejemplifica la internacional de derechas en su versión contemporánea: pro-OTAN, antiglobalista en lo social y alineada con el sionismo político como bastión contra el islam y la izquierda.

Incluso una potencia como Rusia se ve atrapada en esta contradicción. Aunque su política exterior es compleja, alberga en sus élites una significativa influencia de oligarcas y lobbies de ideología sionista, lo que genera una tensión interna y una ambigüedad en su posición, demostrando cómo esta ideología trasciende bloques geopolíticos tradicionales. Esta alianza táctica sirve, en última instancia, para blindar el actuar criminal bajo la bandera de la «autodefensa» o la «soberanía», ya sea en Palestina, Ucrania o en la represión interna de cualquier pueblo que reclame dignidad.

Quienes  financian esta expansión de acciones militares criminales por el mundo temen del Apocalipsis pero donan y contribuyen a la renombrada Palantir, a fábricas de armas y acciones político comunicacionales del sionismo en la llamada guerra de quinta generación.

La guerra de quinta generación, es un conflicto asimétrico que ya no se libra principalmente en campos de batalla convencionales, sino en el espacio cognitivo, en el cerebro de cada persona  que es alcanzado por medio de lo  digital de la sociedad global. Consiste en la manipulación masiva de la percepción pública, la desinformación algorítmica, la guerra psicológica, el hackeo de datos y la creación de narrativas hegemónicas a través de redes sociales y medios de comunicación, todo con el fin de desestabilizar naciones, socavar voluntades políticas y legitimar intervenciones sin necesidad de una declaración de guerra formal.

En tiempos que se descorre el velo y todo se va sabiendo, es hora que el Din (La Justicia) se haga presente pues perdieron la belleza en su actuar, por falta de clemencia, de dulzura, cuando el terrorismo del sionismo se hizo evidente.

Por Bruno Sommer


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