Cómo suena La Corazonada, de Diego Soto: “una parte importante del proceso creativo es encontrar la música desde un comienzo, antes incluso que la trama”

La comedia romántica “a la chilena” tuvo su estreno el pasado 15 de enero en salas del país, y llama la atención su banda sonora, que tiene mucho que decir sobre sus personajes, paisajes y las apuestas de la película para el romance. Su director, Diego Soto, comenta sus elecciones musicales

Cómo suena La Corazonada, de Diego Soto: “una parte importante del proceso creativo es encontrar la música desde un comienzo, antes incluso que la trama”

Autor: El Ciudadano

Por Santiago del Valle D.

La voz de Nieves, interpretada por Natacha García, nos llega antes que su rostro, repasando la lista de tareas para un día de trabajo en el balneario que administra junto a su hijo. La Corazonada amanece temprano con sus protagonistas y con el sol de Doñihue que pronto revelará el paisaje que espera a los visitantes.

“Para mí el espectáculo principal es lo otro, el ambiente, el relax”, argumenta Nieves, antes de salir a comprar provisiones. Para envolvernos con este ambiente, la película – así como su anfitriona protagonista – tejen un tapiz sutil con múltiples piezas: el sonido de ráfagas de viento, pájaros y el rastrillo el pasto seco le dan la entrada a arpegios de piano y éstos a un fagot solista para echar a andar el día.

Pero hay también rock chileno cantado en inglés y poesía local declamada con elegancia dramática en este playlist. “Todas las decisiones de la música son muy intuitivas, como muchas otras decisiones de la película, pero más todavía porque son tomadas con el oído”, dice Diego Soto, el director de La Corazonada.

Esta cuidadosa construcción para mirar cariñosamente el cotidiano y el romance entre personas adultas ha impulsado a La Corazonada a llevarse reconocimientos como el premio del jurado y del público en el Festival de Valdivia, y a una alegre recepción en su estreno en salas del país.

Las elecciones musicales para La Corazonada se originaron del propio rodaje y la concepción de la historia, como explica Diego Soto: “una parte importante del proceso creativo es encontrar la música desde un comienzo, antes incluso que la trama, y eso implica escuchar muchas cosas diferentes en busca de una que sienta que se parece al ritmo y a la atmósfera del espacio y a la intensidad de los sentimientos de los personajes”.

Guitarras chilenas desde los sesentas

Para acompañar a Nieves por el supermercado, la primera canción que suena en la película es Introducción a la vida narrada por el tío Juan, un tema del año 67 de Los Vidrios Quebrados que “encapsula una inocencia hippie y una melancolía que me parecía que conectaban con el personaje de Nieves, explica Diego:

Los Vidrios Quebrados también era una banda que estaba en mi radar hace tiempo, y siempre tuve ganas de ponerlos en alguna película. Tengo que admitir, eso sí, que el primero en hacerlo fue Sebastián Pereira en Los iluminados, película que recuerdo con mucho cariño. No sé cuáles habrán sido sus razones, pero las mías tienen que ver con el juego de poner una banda chilena que canta en inglés, en una película que adapta un texto anglosajón (La tempestad)”.

Por otro lado, siguiendo la mirada enamorada del otro personaje principal, el motoquero Enrique, llega una canción muy distinta pero profundamente enraizada: Para que no me olvides, interpretada por Los Cuatro de Chile con aquellas características armonías vocales, punteos de guitarra acústica y los versos recitados de Héctor y Humberto Duvauchelle. Fue una de las primeras escogidas para el filme.

“Es una musicalización de un poema de Óscar Castro, poeta rancagüino muy importante para la gente de Rancagua, y quizás no tan conocido en otros lugares. La escuché desde muy chico y se puede decir que se volvió para mí casi un himno identitario de Rancagua”.

“En una junta familiar, mi tío Germán (Enrique en la película) la cantó en un karaoke y me enteré de que es una de sus canciones favoritas. Después de eso estaba claro que tenia que encontrar su lugar en la película y lo hizo en uno de los planos que a mi me parecen mas interesantes y divertidos (un plano que la montajista, Manu, bautizó como carrusel)”.

Otros ecos de guitarras eléctricas, pero con aires de surf, se oyen en la escena de acción de la película, en el “pololito” que sale mal y Enrique acaba golpeado al ritmo de Devet, de Talismán, quizá la pista más disruptiva de la película.

Piano y fagot

Otras sonoridades que se vuelven inseparables de La Corazonada, pero sobre todo del balneario de Nieves, corresponden al piano, al fagot y las formas clásico-románticas que organizan sus intervenciones. En la película, estos esquemas se conectan con el movimiento: el desplazamiento de las cámaras, el ir y venir de los personajes. “Esta fue la parte más difícil de la elección de la música”, dice Diego.

“En el caso de la música clásica, comencé a buscarla luego de las primeras jornadas de filmación. Con Manu (director de fotografía) habíamos decidido que esta iba a ser una película de paneos y movimientos laterales, los personajes yendo de un lado a otro, y luego había que encontrar una música que acompañara esa forma de moverse. Sin ser yo muy conocedor de música docta, empecé a escuchar música del romanticismo y neoclásica”.

“Llegué al Estudio en La bemol de Chopin, que en mi cabeza sonaba como una idealización soñadora del paisaje, como algo que aparecería en una película de John Ford, y quedó muy bien con la imagen de las motos llegando al balneario, ya que hacía un contrapunto de romanticismo a la rudeza de los motoqueros y transformaba la caravana de motos en un vals.”

Esta capacidad de la música docta para hacer relucir contrastes reaparece en múltiples momentos, especialmente con la Sonata para para fagot de Camille Saint-Säens, con los bucólicos giros del piano que acompañan el timbre tan particular del fagot, un instrumento muy asociado al juego con sus notas picadas y rítmicas. Dice Diego Soto: “Muy intuitivamente me pareció que la melodía del fagot tenía algo que ver con los vaivenes amorosos de los personajes”.

“Hace poco, Claudio, el sonidista de la película, me mandó una entrevista de la Radio Concierto a un fagotista profesional. En la entrevista dijo cosas que me hicieron mucho sentido con la impresión que tenía de esa pieza, que entre los músicos se dice que el fagot es el bufón de la orquesta, y que su sonoridad logra juntar lo misterioso con lo cómico. Creo que así mismo es como me gustaría que se percibiera la película.

En la Sonata de Saint-Säens, el fagot canta ligadamente, en un rol protagónico con esa valentía que está cerca de la ternura y la vergüenza, como el romance de Nieves y Enrique; una música que camina con gentileza y el ritmo liviano del balneario, sus caminos de ripio y la higuera que envuelve conversaciones como un paraguas, y aquellos manchones de verde que corren por la cámara con las notas del piano acompañante.

El ending de Nieves

Con un poco de ayuda de Shakespeare (o a pesar de lo complicado de los diálogos que deben aprenderse), Nieves y Enrique han conseguido rescatar un romance que parecía destinado al fracaso total, y también parecen estar logrando seguir las direcciones de la cineasta que los ha envuelto en una película quizá muy parecida a La Corazonada. Así terminan corriendo juntos en la moto de Enrique, detrás del equipo de rodaje ficticio, mientras suena la última pista de la película: una composición del propio Diego Soto.

“Para la canción del final tuvimos un accidentado camino. Probé con distintas músicas para cerrar la película, pero ninguna lograba dar con el tono y la atmósfera necesaria. Además, la película había cambiado. Lo que al comienzo iba a ser un final alegre y celebratorio, ahora me parecía que tenía que tener una dimensión más interna, una conexión con las emociones de la protagonista”.

“Finalmente decidí hacer la música yo, en mi casa, donde armé un mini home studio hace unos años, queriendo hacer canciones. Me inspiré en la música de Julee Cruise para Twin Peaks, porque quería que el final terminara en una tecla mística. Me parece que, aunque no sé bien qué es lo que narra ese final, tiene que ver con un éxtasis de la ficción, del movimiento, de la apertura de la protagonista a la vida y a las aventuras, que se siente un poco como volar. Quizás porque andar en moto es un poco como volar. A la canción le puse, en homenaje al animé, Ending de Nieves.”

La banda sonora:

Los Vidrios QuebradosIntroducción a la vida narrada por el tío Juan.
Los Cuatro de ChilePara que no me olvides (Óscar Castro).
TalismánDevet.
Diego SotoEnding de Nieves.
Fréderic ChopinEstudio en la bemol op.25 n°1, Balada n°4 en fa menor op. 25 (intérprete: Donald Betts).
Camille Saint-SäensSonata para fagot op.168 (intérprete: Charles Kaufman).

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