La represión ordenada por el gobierno de Javier Milei que incluyó camiones hidrantes, policía motorizada y efectivos de a pie, produjo diversos heridos con balas de goma, gas lacrimógeno y detenciones arbitrarias. Las imágenes difundidas en los medios y redes sociales muestran que el despliegue de cientos de efectivos resultó absolutamente desproporcional y violento contra las personas que se encontraban manifestándose en rechazo a la cuestionada reforma laboral.
Miles de trabajadores, en su mayoría metalúrgicos, aceiteros, gráficos, docentes y estatales, salieron a las calles y se congregaron el jueves en las inmediaciones del Congreso de Argentina para expresar su rechazo a la polémica reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei.
La convocatoria, que también contó con la adhesión de organizaciones sociales y partidos de izquierda, transcurrió durante buena parte de la jornada en un clima de protesta pacífica, con la Plaza de los dos Congresos bastante nutrida hacia las dos de la tarde, momento en que el oficialismo consiguió el quórum necesario dentro del recinto para avanzar con el tratamiento del cuestionado proyecto que restringe el derecho a huelga, reduce las indemnizaciones por despidos, autoriza la extensión de la jornada laboral hasta las 12 horas y modifica el pago de «horas extra», entre otros puntos.
Sin embargo, lo que había sido una manifestación mayoritariamente ordenada dio un giro drástico entrada la tarde. Tal como había anticipado el día antes la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, el operativo policial terminó una vez más en una cruenta represión. Cuando la mayoría de los gremios ya se habían desmovilizado y apenas quedaban unos pocos manifestantes en el lugar, la Gendarmería y la Policía Federal entraron en acción con un despliegue de fuerza que incluyó camiones hidrantes, gases lacrimógenos y balas de goma.
La represión derivó en lo que medios como Página/12 calificaron como una «clásica persecución y cacería de militantes», a quienes la propia ministra Monteoliva no dudó en calificar como «terroristas» en declaraciones previas. El saldo, de acuerdo a la Comisión Provincial por la Memoria, fue de al menos 70 manifestantes que requirieron atención médica por las balas, los palos y los gases, además de ocho detenidos. Entre los apresados se encuentra Carlos Dawlowfki, un jubilado identificado como hincha de Chacarita, cuya detención rápidamente encendió las críticas.

«Una traición a los trabajadores»
Las columnas más numerosas de la jornada fueron aportadas por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que se congregó alrededor de un escenario montado sobre Avenida de Mayo a la altura de Sáenz Peña. Desde allí, el titular del gremio, Abel Furlán, arengó a los presentes y lanzó un contundente mensaje tanto al gobierno como a la dirigencia sindical.
Furlán habló minutos después de que se iniciara la sesión en el Congreso y planteó sus reparos al proyecto oficialista.
«Esta es una muestra más de rebeldía contra la traición», afirmó el titular de la UOM ante una multitud que lo escuchaba atentamente. «No hay en ese proyecto nada bueno ni para el país, ni para la industria, ni para nosotros. No hay más que pérdida de dignidad», continuó el dirigente, en un discurso que buscaba reflejar el malestar de los trabajadores.
En su alocución, Furlán propuso «profundizar el plan de lucha» y convocó a un nuevo paro de 36 horas, acompañado de una nueva marcha, para la semana próxima, cuando el proyecto del Gobierno «libertario» regrese al Senado para su probable sanción definitiva.
«Vamos a seguir acá, poniendo lo que hay que poner», aseveró, en clara sintonía con lo que los gremios combativos vienen planteando al triunviro de la CGT.
El dirigente metalúrgico también advirtió sobre la continuidad del conflicto más allá de la discusión parlamentaria.
«Lo que queremos advertir es que la lucha no termina hoy ni la semana que viene», señaló Furlán. al tiempo que dejó en claro que «lo que se viene es una pelea sin cuartel por el salario».
«Señor Presidente, lo que se vio en Santa Fe con la policía es sólo una muestra. Nos estamos muriendo de hambre», indicó, estableciendo un vínculo directo entre la reforma laboral y la difícil situación económica que atraviesan los trabajadores argentinos.
Finalmente, Furlán apuntó contra los gobernadores «que mandaron a sus legisladores a dar quórum», en referencia a las seis voluntades clave que aportaron los bloques Independencia y Elijo Catamarca, vinculados a dos provincias gobernadas por el PJ.
«No hay nada que negociar, menos a espaldas de los trabajadores. Ya cerraron 23 mil empresas, vimos lo que pasó en FATE. El problema es el modelo. ¿Qué más tiene que pasar para que se despierten?», sostuvo, en un duro mensaje a los mandatarios provinciales que facilitaron el avance de la iniciativa oficial.
Diversidad de sectores movilizados contra la reforma laboral
Alrededor del escenario, el paisaje sindical mostraba la diversidad de sectores movilizados. Las banderas, los bombos y las pecheras llevaban los colores y la simbología de la Federación Gráfica, las distintas seccionales de la UOM (Rosario, Buenos Aires, Córdoba), la ASOE (aceiteros), los Visitadores Médicos, la Conadu, Ctera, UTE y ATE, entre otros gremios y organizaciones.
Las agrupaciones de izquierda, por su parte, se mantuvieron en la otra punta de la plaza, cerca del enorme vallado que cortaba horizontalmente Callao desde Rivadavia a Irigoyen, en una disposición espacial que reflejaba las diferencias tácticas pero también la confluencia en el rechazo al proyecto gubernamental.
“Cacería” de manifestantes con lacrimógenas y balas de goma
El operativo de seguridad desplegado por el gobierno fue calificado por diversas organizaciones como «totalmente desmedido en comparación con la magnitud de la concentración». Durante la mayor parte de la jornada, la manifestación transcurrió en paz, salvo algún momento de tensión aislado. Sin embargo, las fuerzas policiales avanzaron entrada la tarde, cuando ya habían desconcentrado los gremios y las agrupaciones y partidos de izquierda.
Según consignó Página/12, en declaraciones ofrecidas el miércoles, la ministra Alejandra Monteoliva había prometido palos y cacería, y cumplió con creces. Bastó que se derribara una de las vallas del muro montado sobre Rivadavia para que empezaran a llover los gases y la Gendarmería avanzara sobre el último grupo que quedaba, de no más de dos mil personas.
La maniobra fue cuidadosamente orquestada: la Federal, apostada desde temprano en las calles laterales, hizo el resto y avanzó desde la retaguardia produciendo la típica «ratonera» que dejó a los manifestantes sin posibilidad de escape.
El resultado inicial fueron 11 detenidos y 70 heridos, aunque fuentes en el lugar aseguraban que la cifra podría ser mayor. Los enfrentamientos con las fuerzas ya habían empezado desde temprano, con tensión en los cortes de los accesos a capital, pero nada hacía presagiar la virulencia del operativo de la tarde.
Luego de varias horas de tensión en la Plaza de los Congresos, alrededor de cientos de efectivos de la policía motorizada salieron a «cazar» manifestantes que estaban protestando desde el mediodía contra la reforma laboral. Sobre la medianoche, la policía volvió a salir a «despejar» la zona frente al Congreso de la Nación, en un operativo que prolongó la violencia durante horas.

Testimonios de la represión
Durante la represión de la tarde se supo que hubo al menos ocho personas detenidas a manos de la Policía Federal y otras tres por parte de la Policía de la Ciudad. En sintonía con el clima al interior del recinto, la Gendarmería había empezado más temprano a lanzar agua con su carro hidrante en un intento de alejar a quienes se acercaban al vallado que cerca el Congreso. Además tiraban gases lacrimógenos y generaron a lo largo de la tarde varios momentos de corridas y reagrupamiento.
La Comisión Provincial por la Memoria emitió un comunicado denunciando que «al menos 70 personas fueron heridas y ocho detenidas» durante la protesta en la zona del Congreso. «El ataque se produjo cuando las grandes columnas habían desconcentrado y sólo quedaban unos pocos manifestantes frente al vallado que cercó el Congreso», indicó la organización, subrayando el carácter desproporcionado de la represión.
Un momento particularmente violento quedó registrado por las cámaras de TN. «Fue un momento de mucho grito, escuchaba cómo atacaban a nuestro producto y el equipo», relató la cronista del canal después del primer ataque con el camión hidrante.
El carro nunca dejó de lanzar agua y en una de esas arremetidas hirió a dos mujeres que estaban siendo atendidas por personal médico en las inmediaciones del cine Gaumont. Según relataron los presentes al medio digital El Destape, una de ellas quedó inconsciente y otra sufrió una posible fractura producto del golpe con el camión, en un hecho que fue repudiado por las organizaciones de derechos humanos.
Minutos después de las 18.30, la policía motorizada abrió el vallado y salió a desplegarse por toda la plaza. Se escucharon varios disparos y se vieron nuevas tandas de gases lacrimógenos, al tiempo que la policía detuvo al menos a dos personas, según mostró la transmisión en vivo de TN, en una escalada represiva que se prolongó hasta entrada la noche.
Antes de los palos de la policía, la Plaza se vio abarrotada con la presencia de delegados y delegadas de base de los gremios movilizados , compartiendo en un clima de camaradería y preocupación compartida.
Página/12 pudo recoger algunos testimonios que reflejaron el estado de ánimo de los trabajadores y su postura frente a la cuestionada reforma laboral impulsada por el gobierno «libertario».
Marcelo es delegado de la planta automotriz Stallantis de Tres de Febrero. Con 33 años en la empresa, tiene una perspectiva histórica para comparar la situación actual. «No hay vuelta, esto es quita de derechos», indicó al explicar que el salario básico de 900 mil pesos argentino se completa en general con horas extra, y que el banco de horas que propone el proyecto les va a reducir sustancialmente el sueldo.
Además, señaló que se registraron 150 despidos a fin de año y vacaciones adelantadas por caída de la producción. Cuando fue consultado sobre si recuerda un momento peor que éste, no dudó al responder: «el 2001».
Gabriel, quien delegado en la papelera Maxipack, en Avellaneda, describió el clima en la fábrica como «complicado».
«Nos vienen cambiando los horarios porque no hay producción, el básico son 800 mil pesos, pero el convenio del sector es un 35 por ciento más bajo», dijo, señalando que temen que la patronal se aproveche de la reforma para barrer con lo conquistado a lo largo de años de lucha sindical.
«Vamos a pelear hasta donde podamos», afirmó con una mezcla de determinación y preocupación por lo que se viene.
Pablo llegó a la plaza desde Rosario. Es delegado en Molinos Río de la Plata, donde entró a trabajar en 2008. Desde su perspectiva, el gremio de aceiteros «está cada vez más fuerte», pero reconoce que «se vienen tiempos difíciles».
Sus palabras sobre el presidente argentino son contundentes y calificó a Javier Milei como «un engendro». Y sobre la reforma, alertó que no va a generar trabajo, como promete el gobierno.
«Es una falacia. Yo lo viví siempre, con estos gobiernos hay más, no menos laburo», afirmó, basándose en su propia experiencia en el sector.

