El movimiento ciudadano Defensa Punta Fraile lucha por revertir una decisión de 2001 que dejó desprotegida a la península. Mientras denuncian que la inmobiliaria niega el acceso a sitios ceremoniales indígenas, exigen que el municipio active el cambio de uso de suelo para frenar una obra que proyecta 352 departamentos frente al Santuario del Pingüino de Humboldt.
En el corazón de Algarrobo se alza la península de Punta Fraile, un espacio que es mucho más que tierra y paisaje. Para la comunidad, este lugar es el «Pillan Wechun» (Península Sagrada), un sitio de incalculable riqueza natural, ancestral y arqueológica.
Ubicada frente al Santuario de la Naturaleza Islote Pájaros Niños, la península es el pulmón verde que protege a más de 20 especies de aves y a la principal colonia de pingüinos de Humboldt, situándose a solo 150 metros de la costa.
Sin embargo, desde marzo de 2022, este patrimonio se encuentra cercado. La comunidad de Algarrobo ha sido testigo de cómo se les priva del acceso a un lugar que históricamente fue centro de talleres, observación de flora y bienestar.
El cierre ha golpeado especialmente a la comunidad indígena Chango Lafkenche Tralka Lafken. Al estar clausurado el recinto, se ha impedido el libre ejercicio de sus ceremonias en lo que consideran un sitio de adoración ancestral.
En conversación con El Ciudadano, la vocera del movimiento Defensa Punta Fraile, Samira Vallejos, explicó que el impacto es profundo: «El cierre ha significado un corte en el poder ejercer sus ceremonias. Se ha solicitado entrar a la inmobiliaria y la respuesta ha sido negativa».
Hoy, el movimiento busca evitar la destrucción de este ícono paisajístico, motivando el respeto por un ecosistema frágil que hoy se encuentra amenazado por el avance del cemento y la pérdida de su memoria histórica.
9 torres frente al Santuario
El proyecto inmobiliario que se pretende hacer en la zona, contempla la construcción de nueve torres de entre seis a ocho pisos, con 352 departamentos y 554 estacionamientos. Su construcción no solo afectaría la vista, sino que generaría un daño irreparable al patrimonio natural, cultural y paisajístico que define la identidad de Algarrobo.
Uno de los puntos más críticos es la crisis hídrica que afecta a la provincia desde 2019. Un aumento radical de la población profundizaría la escasez de agua y colapsaría un sistema sanitario ya sobrepasado.
Además, el movimiento alerta sobre el impacto en el Santuario de la Naturaleza. La contaminación lumínica y acústica de diez años de obras amenazan directamente la supervivencia del Pingüino de Humboldt en la zona.
Sobre este punto, Vallejos señaló: “Respecto al Pinguino de Humboldt, recientemente declarado monumento nacional, debiera cumplirse con el principio de cautela, demostrando que el impacto lumínico no va a perjudicar a las colonias, en vez de simplemente afirmar que no se afectará por no construirse arriba del islote. Es inaudito que el SEA haya dictaminado que no procede que este megaproyecto no requiere un Estudio de Impacto Ambiental”.
La calidad de vida de los vecinos también está en juego. Se prevé un colapso en los servicios de salud y educación, sumado a una congestión vial insostenible por el flujo incesante de camiones y nuevos residentes.
Finalmente, el proyecto anularía los servicios ecosistémicos del último pulmón verde de la ciudad. Esto implica perder para siempre un espacio público destinado al deporte, la educación y el bienestar comunitario.
Al respecto, Vallejos explicó que el proyecto está inserto en un contexto de gran valor patrimonial, entre seis zonas de protección: dos santuarios de la naturaleza, dos humedales intermareales, la zona típica Parque Canelo Canelillo y el geositio de patrimonio paleontológico.
“Permitir que se construya sería una aberración que le cambiaría para siempre la cara a nuestro balneario y de forma irremediable. Consideramos además, que por lo mismo sería perjudicial para el turismo que es el motor económico de la comuna”, indicó Vallejos.
La protección «arrebatada»
En el año 2000 se creó la zona típica del sector “Canelo-Canelillo” con el fin de proteger la zona que incluía además del parque, la totalidad de la península. Sin embargo, a tan solo un año, se modificaron los límites, quitándole la protección a Punta Fraile. Según la vocera del movimiento, esta protección fue retirada en respuesta a la presión de inmobiliarias que presentaron cinco recursos de protección.
“Por tanto esta figura no tiene que ver con el concejo municipal, no obstante la municipalidad si tiene la potestad de realizar cambio de uso de suelo siguiendo el debido proceso reglado por LGUC. Este es un recurso que se ha utilizado previamente para proteger zonas de gran valor patrimonial, como fue el caso de las penínsulas Peñablanca y Leoncillo el año 2019. Por lo que confiamos, en este caso poder utilizar la misma herramienta”, declaró.
El cambio de usos de suelo, conlleva varias etapas. Hoy en día las y los vecinos del sector esperan que se haga valer el decreto alcaldicio 1.064 del 22 de mayo del 2024, que llama a las audiencias públicas para exponer el anteproyecto de uso de suelos.
La crisis de servicios: Agua y Factibilidad
Uno de los puntos que más preocupa a la comunidad es la actual crisis hídrica de la provincia, declarada desde 2019. Los vecinos ya sufren la falta de presión de agua durante cada temporada estival.
Pese a este escenario, la vocera denuncia que la sanitaria Esval ha otorgado la factibilidad de agua al proyecto, ignorando completamente la fragilidad del suministro en la zona de Algarrobo.
El impacto no será solo a largo plazo; se proyectan diez años de construcción incesante. Esto implica una década de ruidos molestos, tránsito de maquinaria pesada y un aumento drástico en los volúmenes de basura. Esta saturación afectaría gravemente la calidad de vida de los habitantes, colapsando además los servicios de salud provinciales que ya se encuentran sobrepasados durante todo el año.
Un «Parque Tricao» para Algarrobo
El movimiento quiere evitar la construcción de este megaproyecto inmobiliario que afectaría la calidad de vida de quienes viven en el sector. Sin embargo, no solo se niegan sino que presentan alternativas para la zona.
Es por eso que están impulsando la creación de un parque comunal protegido a perpetuidad. La propuesta busca garantizar el acceso libre y gratuito para toda la comunidad. El objetivo es recuperar un espacio de encuentro rodeado de naturaleza que asegure la protección del ecosistema. Además, el proyecto de parque comunal permitiría devolverle su valor al sitio ceremonial de la comunidad Tralka Lafken, resguardando su cultura tras años de exclusión por el cierre del recinto.
“Nosotros proponemos que una vez cambiado el uso de suelo, solo se permitirán proyectos alineados con la norma urbanística. Los propietarios estarían en libertad de generar otro tipo de proyectos como podría ser un parque privado que fuera un real aporte al desarrollo sustentable de la comuna, convirtiéndolo en un polo de desarrollo turístico, ecológico y cultural, como existen varios ejemplos en nuestro país: Parque Tricao, Parque Karukinka, Área Costera Protegida Punta Curiñanco, etc.”, concluyó Vallejos.
Mientras el proyecto inmobiliario avanza en sus tramitaciones, la comunidad de Algarrobo insiste en que el destino de Punta Fraile aún no está sellado. Vecinos, organizaciones ambientales y comunidades indígenas continúan movilizados para proteger este espacio que consideran parte esencial de su identidad y patrimonio. Su apuesta es clara: transformar la península en un parque comunal que resguarde su valor natural, cultural y espiritual para las futuras generaciones. El desenlace dependerá ahora de las decisiones políticas y administrativas que se tomen en el municipio y en las instancias de evaluación ambiental.
