Ataque a yacimiento clave de gas en Irán: analistas alertan sobre la primera guerra energética global

Expertos alertan que tras el conflicto en el Medio Oriente, se encuentra el afán de controlar los recursos energéticos y las infraestructuras que sustentan la economía global

Ataque a yacimiento clave de gas en Irán: analistas alertan sobre la primera guerra energética global

El reciente ataque de Israel contra del South Pars –el segmento iraní del yacimiento de gas natural más grande del mundo, compartido con Catar en las aguas del golfo Pérsico ha escalado las tensiones en Medio Oriente.

Este bombardeo no solo representa un golpe a la infraestructura energética de la República Islámica, sino que afectado los mercados internacionales, en los que el precio del petróleo ha experimentado una nueva y pronunciada alza, aumentando a su vez los temores latentes sobre una crisis energética de larga duración. Analistas internacionales advierten que este episodio podría ser el acto inaugural de un nuevo tipo de confrontación: la primera guerra energética global, donde los oleoductos, los yacimientos y las rutas marítimas se conviertan en los principales campos de batalla.

El experto en materia energética. Ron Bousso, señaló en declaraciones recogidas por la cadena RT que la situación actual presenta un panorama particularmente tenso, con la intensificación de los combates y las dificultades en el suministro de petróleo, sugiriendo que el horizonte de estabilidad se aleja.

El especialista advirtió que, incluso en el escenario optimista de que se reanude por completo el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz, el regreso a la normalidad en los mercados energéticos no será un proceso inmediato.

En otras palabras, las consecuencias del ataque al yacimiento South Pars y la consiguiente volatilidad se extenderán más allá del fin de las hostilidades inmediatas, creando una brecha de suministro que no se cerrará con rapidez.

El estrecho de Ormuz, el arma geopolítica de Irán

En su análisis, Ron Bousso puso el foco en la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, un pasaje marítimo que califica como la verdadera «arma» en poder de Irán, al ser una ruta marítima por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del mundo.

El estrecho que se ubica entre Irán y Omán, resulta esencial para exportaciones de países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak.

El experto reordó que cada jornada que esta vital vía marítima permanece cerrada o bajo amenaza, la brecha de suministro a la que se enfrentan las refinerías globales se profundiza.

Esta situación representa un problema crítico, especialmente para Asia. Según los datos que maneja Bousso, el continente depende de Oriente Medio para aproximadamente el 60 % de sus importaciones de crudo. Por lo tanto, la creciente dificultad para conseguir suministros alternativos y oportunos—en un momento en que la infraestructura energética regional ya ha sido golpeada—está agravando rápidamente una situación que amenaza con desestabilizar las economías más dinámicas del mundo.

La primera guerra energética global

La conceptualización del conflicto actual adquiere una dimensión histórica en la mirada del analista político Amit Segal, quien planteó que es probable que los analistas del futuro definan la campaña militar en curso contra Irán como el punto de partida de la primera guerra energética global.

Indicó que esta confrontación rompe con los paradigmas bélicos tradicionales. «Esta no es una guerra por territorio, sino por la capacidad de Occidente, y especialmente del Lejano Oriente, para continuar funcionando», planteó.

En conversación con RT, se refirió a la repercusión inmediata de estos eventos en la vida cotidiana de los países occidentales, señalando que las fluctuaciones en los mercados de materias primas ya están teniendo efectos tangibles y dramáticos.

«El repunte en los gráficos del mercado de materias primas se traduce rápidamente en drama en las estaciones de servicio de los Estados Unidos y Europa», destacó.

En este sentido, desmontó la teoría de que el gas natural pudiera actuar como un elemento moderador capaz de frenar la escalada económica derivada del conflicto. Por el contrario, planteó que «quienes pensaban que el gas natural actuaría como freno para evitar la escalada económica han descubierto lo contrario: el gas no está moderando los precios, se está convirtiendo en combustible que intensifica la presión internacional».

Por tal motivo, el ataque al yacimiento de South Pars ha tenido un efecto multiplicador en las tensiones globales.

Desde la perspectiva de Amit Segal, la presión más significativa que actualmente enfrenta Estados Unidos no proviene únicamente de sus rivales tradicionales, sino de sus aliados tecnológicos en Asia, como «Taiwán, Japón y Corea del Sur»,

Al respecto, expplicó que «estas tres potencias tecnológicas han dejado claro a los estadounidenses: si el mercado energético no se estabiliza, la industria mundial de semiconductores sufrirá un duro golpe».

Segal advirtió sobre el efecto dominó que esto conllevaría, ya que «cuando los chips se ven afectados, todo se ve afectado, desde el teléfono inteligente en su bolsillo, hasta los sistemas de armas más avanzados».

Además, señaló que cualquier interrupción en la cadena de suministro que conecta Medio Oriente con las fábricas asiáticas resuena de inmediato en la industria tecnológica estadounidense, especialmente en un contexto donde la guerra de chips con China se ha convertido en la prioridad estratégica fundamental de la administración del magnate republicano, Donad Trump, alrededor de la cual giran todas las demás políticas.

El empeño de EE.UU. de mantener el flujo de petróleo

El análisis del conflicto adquiere una dimensión estructural de la mano de Ilan Kapoor, profesor de la Universidad de York en Canadá, quien abordó la contradicción en la postura estadounidense, señalando que, si bien Washington está preparado para debilitar militarmente a Irán, sigue invirtiendo profundamente en mantener el flujo de petróleo que sostiene la economía mundial.

Según Kapoor, esta dualidad no es una postura novedosa, sino la continuación de una doctrina histórica: la seguridad energética ha estructurado durante mucho tiempo la estrategia estadounidense en el golfo Pérsico y que data desde la presidencia de Jimmy Carter, quien declaró que el suministro de petróleo de la región era un interés estadounidense vital, lo que ha incidido en que Washington vea a la infraestructura energética del lugar como una prioridad estratégica absoluta.

El académico profundizó en la naturaleza material del conflicto, argumentando que «no es solo ideológico sino también profundamente material».

«Lo que surge es un esfuerzo constante para asegurar el control sobre los recursos y las infraestructuras que sustentan la economía global», apuntó en sus declaraciones con el medio citado.

Kapoor sostuvo que, aunque la guerra de Israel y EE.UU, contra Irán a menudo se enmarca como una lucha por las armas nucleares o la influencia regional—aspectos que ciertamente son relevantes para la Casa Blanca—, por debajo de estas justificaciones yace un objetivo más fundamental: el deseo de preservar las arterias energéticas que sostienen el orden económico mundial.

Kapoor elevó la magnitud de lo que está en juego, alejándose de la noción de un conflicto bilateral limitado.

«Lo que está en juego no es simplemente un conflicto entre Estados, sino la gestión de un sistema global que no puede tolerar interrupciones en sus propias líneas de vida energéticas», afirmó.

Según las advertencias de los analistas consultados por RT el ataque de Israel al yacimiento South Pars no es un incidente aislado, sino un reflejo de un escenario geopolítico, donde la energía se ha convertido tanto en el arma como en el objetivo, que amenaza con afectar el funcionalidad de un sistema económico-productivo que depende del flujo ininterrumpido de crudo desde el golfo Pérsico.

De hecho, esta nueva agresión del régimen sionista provocó una contraofensiva de Teherán que lanzó un bombardeo en contra de la refinería Haifa, considerada la más grande e importante de Israel, ya que suministra aproximadamente entre el 50 % y el 60 % del combustible que se consume en ese país.

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