Por Margarita Peña

El Crédito con Aval del Estado (CAE) se creó en el año 2005, bajo el gobierno de Ricardo Lagos, con el objeto de facilitar el acceso a la educación superior de estudiantes de escasos recursos. Con el CAE quedó claro que la educación no es un derecho, que se paga por ella, pero después, cuando seas el “primer profesional de tu familia”.
A la base del CAE se encuentra la desigualdad social profunda entre ricos y pobres. Hay estudiantes con familias que pueden pagar aranceles y estudiantes que se endeudan ellos mismos para estudiar. Estudiantes que se educan en colegios y universidades de elite y que, hagan lo que hagan, tienen un buen futuro asegurado, versus estudiantes que se educan en colegios en que no enseñan nada y que acceden a universidades que tampoco entregan educación de calidad. El CAE vino a financiar un mercado de la educación que se expandió: centros de formación técnica, institutos profesionales y universidades privadas, empresas que venden un cartón sin asegurar educación de calidad ni empleo futuro.
El CAE operó bajo la promesa de movilidad social. Se ofreció a los jóvenes la posibilidad de un futuro superior y mejor al que tuvieron sus padres. Un millón 280 mil jóvenes —57% mujeres— creyeron, se endeudaron y, de ellos, una fracción minoritaria terminó sus estudios, tiene trabajo acorde a su profesión y puede pagar la deuda. La mayoría no puede hacerlo. Las mujeres engrosan las filas de endeudados por educarse, muchas de ellas habiendo debido dejar sus carreras para cuidar, en este país que obliga a maternar sin soportes ni apoyos. Los únicos que ganaron con este negocio fueron los bancos y los mercaderes de la educación.
Entre la juventud crece el desencanto. Existe hoy en nuestro país una nueva categoría de desempleadas y desempleados, los “cesantes ilustrados”. Son quienes pusieron su esfuerzo personal y económico para tener un título y ganarle a la vida. Pero el mercado laboral les dio un portazo en la cara. La oferta de educación no previó el empleo futuro, o, más bien, el tipo de desarrollo económico del país no permitió pensar cómo recibir el aporte de esta nueva clase trabajadora con más conocimiento, más calificada. Ahora trabajan en lo que pueden y no en aquello para lo que se prepararon.
Que la lucha de las y los deudores haga causa común con todas quienes hoy resisten y enfrentan la arremetida pro ricos, para que juntas y juntos caminemos hacia la huelga general.
Después de 20 años de aplicación del CAE, el resultado para los estudiantes no es una vida mejor. Es endeudamiento agravado por la persecución económica del gobierno de Kast, que necesita hacer caja fiscal para financiar la mega reforma que rebaja los impuestos a los más ricos del país. Esta persecución es ilegal cuando se embarga las remuneraciones de aquellos deudores del CAE que tienen trabajo. “Las remuneraciones de los trabajadores y las cotizaciones de seguridad social serán inembargables”, dice el Código del Trabajo.
El Gobierno juega con fuego al perseguir a los deudores del CAE, al provocar el alza generalizada de precios, al recortar los derechos sociales e imponer su mega reforma. La situación se pone peligrosa cuando se trafica con los sueños de una generación que dentro de todo “se portó bien”: una generación que disciplinadamente estudió, puso su firma en el crédito y le puso empeño a la idea de surgir. Jugaron con sus expectativas, los estafaron, y hoy los persiguen y expropian.
El día lunes 15 de junio marca un hito significativo en esta historia recorrida por las y los deudores: una asamblea de más de 400 personas votó a favor de establecer como piso de negociación la condonación total de la deuda educativa, el freno inmediato de los embargos y la restitución de todo lo embargado, y han resuelto defender esta posición con movilización, fijando una primera convocatoria para el día 25 de junio.
Que la lucha de las y los deudores haga causa común con todas quienes hoy resisten y enfrentan la arremetida pro ricos, para que juntas y juntos caminemos hacia la huelga general. Quienes ayer creyeron en la promesa de que bastaba el esfuerzo individual, harían bien en unirse a la lucha colectiva de los porfiados y porfiadas que creemos que la sociedad se puede organizar de otro modo. Las invitamos a todas y todos a organizarse en la lucha de quienes no tenemos nada que perder. En esta vereda, todos y todas tienen un lugar, una bandera y una consigna para ir por la vida que nos deben.
Por Margarita Peña
Vocera de la Coordinadora Feminista 8M.
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