El Centro Cultural La Moneda fue testigo de una jornada histórica este miércoles, cuando Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos 2026. El salón, repleto de autoridades, académicos y representantes de organizaciones sociales, estalló en un prolongado aplauso que subrayó la trascendencia de un reconocimiento que, más que personal, se inscribe en la memoria colectiva de un país que aún lidia con las heridas de la dictadura. La octava edición de este galardón, otorgado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), selló así una carrera de décadas dedicadas a la búsqueda incansable de verdad y justicia.
El Consejo del INDH fundamentó su decisión en la incansable labor de Lira no solo en el ámbito judicial, sino también en el fortalecimiento de la memoria histórica, la promoción de los derechos humanos más allá de las fronteras chilenas.
El director del organismo, Yerko Ljubetic, destacó que la galardonada amplió el espectro tradicional de la defensa al incorporar el trabajo con la infancia y la educación.
“Alicia Lira impulsó libros esenciales sobre cómo el horror afectó de forma diferenciada a niñas, niños y adolescentes”, señaló Ljubetic, subrayando además su rol como observadora internacional en conflictos como los de Palestina; Guatemala y Colombia, así como su apoyo a las víctimas de violencia estatal durante el estallido social en Chile.

En un contexto político marcado por el resurgimiento de discursos negacionistas, la figura de Lira se erige como un baluarte contra la distorsión de la historia. Al respecto, Ljubetic alertó sobre lo que calificó como un “asedio a la memoria”, donde se intenta alterar y desmentir lo ocurrido durante la violación sistemática de los derechos humanos en el país.
“Asistimos a un asedio también respecto de la memoria, de lo que ocurrió en el país”, advirtió, al tiempo que destacó la importancia del legado la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, en tiempos difíciles para la democracia.

«Nunca nos quitaron la alegría ni la esperanza«
Al tomar la palabra, Alicia Lira dedicó el galardón a sus compañeras y compañeros de las agrupaciones y sitios de memoria, reivindicando el carácter colectivo de la lucha. “Este premio es de todas, de mis compañeras de los sitios de memoria, de mis compañeros y compañeras de las agrupaciones, porque ha sido un largo, terrible camino, pero nunca nos quitaron la alegría ni la esperanza. Somos un colectivo”, expresó con la voz firme, conectando directamente con el espíritu del enunciado que titula esta nota.
La dirigenta aprovechó la ocasión para realizar un llamado a la sociedad civil para que se apropie de la causa de los derechos humanos como propia.
“El tema de los derechos humanos es de todos. Aprópiense de los nombres de nuestros seres queridos detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. No tienen que consultar ni pedirle a los familiares; son del pueblo, son de la gente”, instó, según recogió Diario U. de Chile.
Sin embargo, el discurso de la galardonada también tuvo un tono de alerta frente a los actuales desafíos. Lira manifestó su preocupación por los retrocesos en materia de derechos humanos, mencionando las adopciones ilegales y la impunidad que aún persiste.

“Este premio es una herramienta más para denunciar la impunidad existente y los retrocesos que se han implementado en este tiempo en el tema de derechos humanos”, afirmó.
Su intervención cerró con una reafirmación de los objetivos pendientes: la verdad y la justicia plena, tanto para las víctimas de la dictadura como para las del estallido social, dejando claro que su lucha no cesa.
«Nuestro fin último es la verdad, justicia plena en el caso de las violaciones a los derechos humanos de la dictadura, como también para las víctimas del estallido social», enfatizó.
