La postal anticipó el tono de la relación. Durante la fotografía oficial del Escudo de las Américas, José Antonio Kast —todavía presidente electo— fue enviado a la segunda fila y terminó ubicado casi en un extremo del encuadre, mientras Nayib Bukele ocupaba un lugar junto a Donald Trump. El mandatario estadounidense quedó en el centro de una imagen rodeada de dirigentes afines a su agenda regional.
Poco después, el Gobierno chileno avanzó más allá de las fotografías: incorporó al país a la iniciativa promovida por Trump y profundizó su acercamiento estratégico con Washington mediante una declaración conjunta sobre minerales críticos y tierras raras. Sin embargo, la cercanía política no se tradujo en un trato comercial preferente. Estados Unidos resolvió aplicar una sobretasa arancelaria de 12,5% a las exportaciones chilenas, y uno de los sectores alcanzados será el salmonero.
El episodio deja al descubierto los límites de la apuesta exterior de Kast. La Moneda se alineó con las prioridades geopolíticas de Trump, particularmente frente a China, pero Washington actuó de acuerdo con sus propios intereses y terminó imponiendo una nueva carga a productos chilenos.
Kast se alineó, pero Chile no recibió trato preferente
Escudo de las Américas: Kast se sumó a la iniciativa regional impulsada por Donald Trump para combatir el crimen organizado transnacional y contener la influencia de China en el hemisferio.
Minerales críticos y tierras raras: Chile y Estados Unidos firmaron una declaración conjunta para reforzar la cooperación en recursos estratégicos como el cobre y el litio, en medio de cuestionamientos opositores por una eventual subordinación a Washington.
La advertencia política: “Nuestra soberanía no se transa. Chile no se arrodilla ante ninguna potencia”, afirmó el diputado Jorge Brito al cuestionar los alcances del acuerdo.
El golpe comercial: Pese al acercamiento político, Estados Unidos aplicó una sobretasa arancelaria de 12,5% a exportaciones chilenas.
El salmón quedó afecto: Aunque diversos productos de cobre, litio, ciertas maderas y paltas fueron exceptuados, el salmón chileno no quedó dentro de las exenciones y deberá pagar la sobretasa para ingresar al mercado estadounidense.
Aranceles de Estados Unidos a Chile tras el acercamiento de Kast
El Escudo de las Américas fue presentado en marzo como una coalición regional para combatir al crimen organizado transnacional. La cita, celebrada en Florida y encabezada por Trump, reunió a Gobiernos políticamente cercanos a la Casa Blanca y también estuvo atravesada por la intención estadounidense de contener la influencia china en el hemisferio.
La posición secundaria que Kast ocupó en la fotografía podría reducirse a una cuestión protocolar: era el último en saludar y todavía no asumía formalmente la Presidencia. Pero la escena adquirió un significado político mayor por lo ocurrido después. El Gobierno chileno abrazó una plataforma diseñada por Washington y ofreció señales concretas de alineamiento en seguridad, comercio y recursos estratégicos.
Ese giro quedó ratificado con la declaración conjunta sobre minerales críticos y tierras raras, firmada para fortalecer la seguridad y resiliencia de las cadenas de suministro. El documento sostiene que estos recursos son fundamentales para la seguridad nacional y para industrias tecnológicas avanzadas, y busca institucionalizar la cooperación bilateral en esta materia.
En el tablero global, la iniciativa acerca a Chile al área de influencia estadounidense en medio de la disputa con China por el acceso al cobre, el litio y otros minerales esenciales. Beijing, al mismo tiempo, continúa siendo el principal socio comercial de Chile, por lo que el movimiento de Kast tensionó un equilibrio diplomático construido durante décadas.
“Chile no se arrodilla”: las críticas al acuerdo con Estados Unidos
La declaración sobre minerales estratégicos no pasó inadvertida en el Congreso. Parlamentarios y parlamentarias de oposición advirtieron que el entendimiento podía comprometer la capacidad de Chile para decidir soberanamente sobre recursos centrales para su desarrollo.
“Nuestra soberanía no se transa. Chile no se arrodilla ante ninguna potencia”, afirmó el diputado del Frente Amplio Jorge Brito, quien calificó como un mal comienzo que el canciller debiera concurrir al Parlamento a explicar los alcances de un acuerdo que, según planteó, podría implicar la cesión de recursos estratégicos a Estados Unidos.
La diputada comunista Nathalie Castillo también sostuvo que Chile no puede subordinar su política ni sus recursos a Estados Unidos o a ninguna otra potencia. Enfatizó que el litio y el cobre forman parte de la soberanía y del futuro del país, y advirtió que, si la declaración termina operando solo como un mecanismo para asegurar materias primas a economías extranjeras, constituiría un mal acuerdo.
Las críticas no cuestionan únicamente el destino comercial de los minerales. Apuntan a una definición más profunda: si Chile utilizará esos recursos para impulsar capacidades industriales, tecnológicas y públicas propias, o si volverá a quedar reducido al papel de proveedor de materias primas para una potencia.
Una sobretasa con excepciones, pero sin trato preferente para Chile
La medida estadounidense fue adoptada bajo la Sección 301, en el marco de una investigación sobre los mecanismos utilizados por distintas economías para enfrentar la producción con trabajo forzoso. El proceso involucró a más de 60 países, equivalentes al 99,4% de las importaciones de Estados Unidos.
La resolución contempla exenciones para diversos productos de cobre, litio, ciertas maderas y paltas. El salmón chileno, en cambio, no fue incluido entre los productos exceptuados, por lo que sus envíos al mercado estadounidense deberán pagar la sobretasa de 12,5%.
El Gobierno remarcó que la resolución no acusa a Chile de exportar bienes producidos con trabajo forzoso ni identifica productos nacionales elaborados bajo esa condición. También sostuvo que la medida “en ningún caso constituye una medida dirigida específicamente contra Chile”, debido a su aplicación transversal.
Eso no elimina el golpe comercial ni borra la contradicción política. Kast acercó a Chile a la órbita de Trump, se incorporó a su plataforma regional y abrió una cooperación estratégica sobre recursos disputados por Washington y Beijing. A la hora de resolver sobre los aranceles, sin embargo, la afinidad ideológica no pesó.
Más allá de las exenciones contempladas para productos estratégicos, el episodio deja una señal difícil de ignorar: la relación entre Estados Unidos y Chile sigue guiándose por los intereses de Washington antes que por las afinidades políticas de sus gobiernos. Para La Moneda, el costo es doble. Kast comprometió capital político, alineó a Chile con la agenda regional de Trump y abrió conversaciones sobre minerales estratégicos, pero esa cercanía no se tradujo en un trato preferente. En este primer gran conflicto comercial, Washington volvió a marcar los términos y Chile quedó expuesto a la fragilidad de una política exterior construida sobre la expectativa de que la sintonía ideológica sería suficiente.
Imagen destacada: AFP.
