En su presentación sobre Los tres caminos del dinero tokenizado: el mapa de Rod Garratt para la banca y el BCCh, el académico de la UC Santa Bárbara desglosó en Santiago los modelos de pagos digitales (institucional, sin activo de liquidación y directo), advirtió sobre el «problema de redención» de las stablecoins y destacó la ventaja regulatoria que ya tiene Chile sobre EE.UU.
Santiago, 5 de agosto de 2026. Lejos de ser una moda pasajera, la tokenización del dinero avanza por tres carriles paralelos que definirán la arquitectura financiera de la próxima década. Así lo planteó el economista Rod Garratt, profesor de la Universidad de California en Santa Bárbara, durante su exposición magistral en el seminario de Sistemas de Pago organizado por el Banco Central de Chile (BCCh).
Con una disertación cargada de historia, datos comparados y un agudo análisis de los fracasos recientes (FTX y Silicon Valley Bank), Garratt no solo actualizó el debate global, sino que puso el foco en un hecho clave para la industria local: Chile ya cuenta con un marco legal que pocos países tienen para regular las monedas estables (stablecoins).
Tres modelos, un mismo objetivo
Garratt estructuró su ponencia en torno a la pregunta fundamental de cómo se transfiere valor en entornos digitales. Recordó que, aunque el efectivo sigue vigente (31% de las transacciones en Chile y 16% en EE.UU.), la inmensa mayoría de los pagos se hacen moviendo pasivos bancarios. En ese contexto, identificó tres grandes aproximaciones a los pagos tokenizados:
- El uso institucional del activo de liquidación (CBDC mayorista): Aquí situó el legado de Project Jasper (Canadá), que sentó las bases para que los bancos centrales emitieran representaciones digitales de dinero en plataformas DLT. Garratt repasó la evolución hacia proyectos como Helvetia (Suiza), que ya opera en producción, y el ambicioso Project Agorá del BIS, que busca un «ledger unificado» para liquidar depósitos tokenizados en dinero de banco central a nivel multilateral.
- El no uso del activo de liquidación central (Stablecoins): Aquí los pagos se completan transfiriendo un pasivo privado (el de un emisor externo) sin intervención directa del banco central en la liquidación. Garratt fue contundente al calificar este modelo como el más problemático.
- El uso directo por parte del consumidor (CBDC minorista): La tercera vía, aún en exploración global, donde los ciudadanos tendrían acceso directo al dinero digital del banco central.
El «problema de redención» que fractura el sistema
El momento más técnico y revelador de la presentación giró en torno a la «singularidad del dinero» (singleness of money). Garratt explicó que las stablecoins (como USDC o USDT) no son instrumentos negociables al uso (como un cheque), sino que sufren un «problema estructural de redención».
Según las diapositivas del académico, los tenedores ordinarios de estas monedas no pueden presentarlas directamente al emisor para recuperar su valor en dólares. Deben hacerlo en mercados secundarios (donde el precio fluctúa, especialmente en momentos de estrés) o a través de intermediarios con costos ocultos y plazos de hasta 7 días.
«Un instrumento de pago funcional exige certidumbre, inmediatez y conversión a la par para todos los tenedores», sentenció Garratt, evidenciando que el negocio de emisores como Tether (con 157 mil millones en activos y solo 150 empleados) genera ganancias extraordinarias, pero deja un vacío legal en la protección del usuario final.
El guiño a Chile: una ventaja regulatoria inesperada
En medio del análisis comparado, Garratt destacó un dato que resonó con fuerza entre los asistentes: Chile está varios pasos adelante que Estados Unidos en este frente.
Mientras que en la Unión Americana las stablecoins no encajan en los Artículos 3 y 4 del Código Comercial Uniforme (UCC), lo que obliga a los bancos a tratarlas como activos digitales en custodia (con cargos de capital y requisitos operativos complejos), la realidad chilena es distinta.
El académico mostró explícitamente la diapositiva 44 de su presentación, donde señala que la Ley Fintech y las reformas al Banco Central de Chile definen explícitamente a las stablecoins respaldadas por moneda fiduciaria como un medio de pago reconocido, otorgando al instituto emisor la autoridad directa para redactar normas personalizadas para su operación.
«Chile tiene una base legal que permite escribir reglas a medida para estos instrumentos, algo que aún está en el limbo en Estados Unidos», subrayó Garratt, sugiriendo que el país podría convertirse en un laboratorio regulatorio para la tokenización.
El futuro: bancos tradicionales versus ecosistema cripto
Ante la pregunta de cómo evolucionará el mercado, Garratt planteó dos escenarios. Por un lado, un consorcio de grandes bancos estadounidenses (JPMorgan, Bank of America, Citi, entre otros) lanzará en 2027 una red de depósitos tokenizados a través de The Clearing House, buscando competir con las stablecoins tradicionales ofreciendo interés y cobertura del FDIC.
Por otro lado, advirtió que el auge de las stablecoins como herramienta de pago transfronterizo (especialmente las vinculadas al dólar) está dejando a los sistemas bancarios locales fuera del circuito, ya que el valor llega a billeteras auto-custodiadas sin que las autoridades locales vean el flujo.
La solución ideal, propuso Garratt, es que los bancos domésticos «capturen» esas stablecoins entrantes, las rediman y acrediten al cliente en moneda local, aplicando controles AML/KYC y cobrando un diferencial cambiario. Un modelo que, bajo el paraguas de la nueva ley chilena, podría implementarse con mayor rapidez que en otras latitudes.
Para cerrar, Garratt recurrió a la historia: en 1913, la Reserva Federal tuvo que estandarizar la compensación de cheques en EE.UU., acabando con las demoras de 5,3 días y los cobros arbitrarios entre bancos. Hoy, el mundo de los pagos tokenizados enfrenta un desafío similar: estandarizar la liquidación, resolver el problema de la redención y decidir si el futuro será un conjunto de «silos» privados, un libro unificado (como Agorá) o una red pública con privacidad.
El mensaje para el Banco Central de Chile fue claro: el cartel de «prohibido nadar» para los activos digitales ya ha sido retirado a nivel global, pero es momento de construir infraestructura, reglas claras y, sobre todo, garantizar que la «singularidad del dinero» no se pierda en la marea tecnológica.
Por Bruno Sommer
