La colaboración para persistir: «El lenguaje del tiempo» de la ceramista Thiare Ávila

En medio del camino de escorial formado por las erupciones del volcán Rukapillan, la alfarera Thiare Ávila y el científico Tomás Ibarra conversaron una tarde de abril, como parte del proceso de investigación de “El lenguaje del tiempo”. Proyecto que durante este otoño e invierno está gestando una propuesta escultórica de gran formato, considerando la memoria territorial y cultural de las cuencas de los ríos Cautín, Toltén y Cruces, donde procesos geológicos, históricos y cambios ambientales han permitido la formación de las arcillas.

La colaboración para persistir: «El lenguaje del tiempo» de la ceramista Thiare Ávila

Por Morín Ortiz

Para Thiare Ávila, la artesanía en cerámica es concebida como un archivo vivo y táctil de la historia de los territorios. En sus palabras: un archivo tridimensional.

Para alimentar ese archivo y el proceso de enseñanza y creación que constituye «El lenguaje del tiempo», se propuso investigar y reflexionar junto a un equipo multidisciplinario los conocimientos que alberga la materia con la que da forma y sustento a su quehacer: el trabajo alfarero, el cual desarrolla entre los bosques nativos que aún se pueden ver en Chesque Alto, Villarrica, donde tiene su hogar y su taller.

¿Cómo defines las redes de la vida dentro del campo de la ecología social?, es la pregunta con la que Thiare abre la conversación con Tomás Ibarra, quien señala que la ecología social, la ecología humana o la diversidad biocultural, lo que intenta reconocer y visibilizar es que naturaleza y cultura están indisolublemente ligadas.

«Con las redes, lo que sucede es que hacemos una representación de cómo son estos vínculos. Tenemos ciertos nodos en esta red, que pueden ser personas, un musgo, un volcán, un coihue, un pasto, una organización, una escuela, y esos nodos en una red se vinculan con otros seres humanos y otros seres más que humanos. Esas relaciones van generando vida, es decir, la vida emerge al final de las relaciones», señaló Tomás. 

Ese mismo día, por la mañana, sesenta niños y niñas de la Escuela Hualapulli del sector Liumalla en Villarrica bajaron de distintos furgones para caminar y reconocer la vida que les rodea, como una de las actividades propuestas por Thiare.

Antes de ingresar al bosque, pidieron permiso: «Cada vez que salimos hacemos lo mismo. No podemos llegar e ingresar a un lugar porque somos parte de ella y estamos todos relacionados. Existen energías, newen, cada lugar tiene un ngen y nosotros frente a eso tenemos que ser respetuosos para que la actividad salga bien», explicó el profesor Pedro Cañuñir.

Desde pre-kínder a séptimo básico, sus estudiantes aprenden de diversidad desde su propio modelo educativo: «Al ser una escuela multigrado con cursos combinados, existe mucha reciprocidad y mucho compañerismo. Se cuidan, se vigilan y comparten su rokiñ, sus colaciones», reflexionó Luz Alka, coordinadora pedagógica de la Escuela Hualapulli, cuyo proyecto educativo busca vincular el territorio, la comunidad y los saberes territoriales de la cultura rural y mapuche, principalmente.  

«La actividad que realizamos hoy tiene un contexto totalmente aplicado a lo que nosotros somos como escuela. Lo que viene a hacer este proyecto para nosotros es hacer ciencia lo que nosotros hacemos con las manos, porque el saber mapuche es un conocimiento científico», planteó Luz. 

Talleres de alfarería

El proyecto «El lenguaje del tiempo» está compuesto por talleres de alfarería facilitados por Thiare a las niñas y niños de esta escuela una vez por semana, entre los meses de abril y noviembre del 2026.

Se incluyen además visitas a terreno y jornadas pedagógicas, como la que hicieron con el geógrafo Gabriel Gómez, quien les enseñó sobre la historia de la tierra y el ciclo de las rocas del cual se obtiene la arcilla, o esta misma salida de observación guiada por el científico Tomás Ibarra en el Rukapillan.

«¿Ustedes saben que el pewen está presente en estos lugares desde que estaban los dinosaurios?», preguntó Tomás a sus oyentes, quienes en coro exclamaron «¡¿quéeee?!»

«Así es, hace 150 millones de años atrás, incluso más, las también llamadas araucarias ya estaban presentes en este lugar y por esa razón son verdaderas abuelas del bosque».

Antes de retornar a sus hogares, las niñas y los niños de la Escuela Hualapulli corearon la siguiente canción en el bosque de pewen: 

Las araucarias crecen y se van haciendo libres entre los bosques
en sus raíces llevan las semillas de la paz
la señal de la fuerza para crecer 


en las tierras de Arauco sus hojas cubren valles del mapuche labrador
el hijo de la tierra el pewenche protector
araucaria poema de nuestro amor 


crece sin temor crece en este día volverás a ver el sol
te cuidaremos siempre del hombre explotador
araucaria poema de nuestro amor

Versos que resonaron con la conversación que minutos más tarde tendrían Tomás y Thiare sobre una roca cubierta de líquen: «La colaboración es un motor para que los organismos puedan persistir en el tiempo y esto lo decimos no solo en base al trabajo científico, sino que lo saben desde milenios de años numerosos pueblos. También desde el arte, la música, la psicología». 

Tomás explicó que en estas redes de vida se reconoce la existencia de dinámicas que son recíprocas, «pero que lamentablemente están ausentes de las conversaciones en la política pública, donde se habla de servicios ecosistémicos siempre pensando en una relación unidireccional. Usar los recursos hoy sin afectar a los niños y niñas del futuro. La narrativa autosustentable habla mucho del futuro, sin hacerse cargo del presente». 

El proyecto «El lenguaje del tiempo» cerrará su ciclo con una exposición en el Centro Cultural Líquen de Villarrica, en enero del 2027, presentando una serie de 8 esculturas cerámicas fito-zoo y antropomorfas medianas, y una obra inmersiva de gran formato. Proceso de creación que integrará los conocimientos adquiridos durante estos meses de investigación y enseñanza. 

«El lenguaje del tiempo: Esculturas cerámicas y memoria biocultural» es un proyecto financiado por el Fondart regional, convocatoria 2026.

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