Gracias a Pepe Kast

Chile República Bananera

Para Kast la injusticia social ya no es un problema a resolver sino una cruel condición sine qua non para un Chile próspero, para una élite corrupta, tonta y cruel que maneje la república bananera de acuerdo a los intereses extranjeros (de Trump).

Chile República Bananera

Por Pelao Carvallo

Visto desde fuera Chile hoy parece una República Bananera, percepción contra la cual activamente la institucionalidad estatal chilena se había construido. Es, entonces, una derrota estratégica en lo simbólico-comunicacional. Esta derrota tiene un nombre: el presidente Kast. Desde el exterior, los recursos de zanjas, traslados masivos de presos a cárceles masivas, el tener ministros vinculados a rampantes casos de corrupción y la sumisión abyecta al régimen Trump se ven como estilos y maniobras propias de repúblicas bananeras.

República bananera es una descripción peyorativa de un país que es más una colonia que un Estado soberano, cuya política interna es corrupta y está dictada por intereses de empresas extranjeras y/o gobiernos extranjeros. Y esa descripción calza, desde el exterior, para el Chile bajo el gobierno del presidente Kast.

En lo comunicacional, los Estados generalmente construyen su identidad en el largo plazo y, como en todo lo comunicacional, a partir de hechos dados por las circunstancias (clima, geografía, historia, etc.) y la burocracia y gobiernos locales. Esa transmisión comunicacional es mediada y modificada por las percepciones que en otros Estados se tenga de ellos (mitos, animosidades, amistades, comercio, etc.) Los Estados, como las personas, están permanentemente comunicándose y modificando la percepción asentada sobre ellos.

El Estado de Chile, desde antes de la dictadura de Pinochet venía intentando construir una percepción planteada como una antítesis a una república bananera: una democracia formal, una igualdad formal, una institucionalidad formal y seria, una policía no corrupta, una élite política igualmente no corrupta e intelectualmente relevante. La dictadura de Pinochet vino, por un tiempo, a hacer retroceder esa construcción de percepción; fue una dictadura percibida como peor que todas las dictaduras latinoamericanas y caribeñas: peor en sanguinaria, crueldad y latrocinio. Con todo, el retorno a la democracia fue también el retorno a la construcción de una percepción exterior de Chile como la antítesis de la república banana, por más que plantearse como un “jaguar latinoamericano” fuese una comunicación bastante extravagante para un país que quería ser visto como “serio”.

Durante la larga transición el Estado chileno fue construyendo la idea de un país serio pero igualitario, con muy poca corrupción, con instituciones democráticas, a partir de una serie de mentiras sociales basadas en una impunidad también institucional: el empresariado chileno prosperó por el expolio neoliberal de las empresas del Estado y no por su creatividad o energía, la corrupción estaba condicionada jerárquicamente, solo los poderosos tenían asegurada la impunidad y por tanto podían ser corruptos y enriquecerse con ello. Así, por ejemplo, los altos mandos uniformados podían generar millones sórdidamente, pero los niveles más bajos podían ir a la cárcel si eran pillados haciendo algún tipo de chanchullo. La “seriedad” de Chile estaba basada en la impunidad para la élite poderosa del país.

Esa injusticia de base explica buena parte de la larga lucha chilena por verdadera justicia social a partir de 1990 y explica también parte del triunfo electoral de gobiernos que prometían dicha justicia social (Lagos, Bachelet, Boric, incluso, desde una perspectiva neoliberal, Piñera).

Kast construye lo contrario, la percepción de una trasparente impunidad para la corrupción. Lo que antes se escondía como mentira ahora se pretende asegurar como verdad, incluso legal. Para Kast la injusticia social ya no es un problema a resolver sino una cruel condición sine qua non para un Chile próspero, para una élite corrupta, tonta y cruel que maneje la república bananera de acuerdo a los intereses extranjeros (de Trump).

Chile, por obra de Kast, es hoy perceptivamente -desde el exterior-, una república bananera.

Por Pelao Carvallo

Analista político, comunicador, migrante e integrante del Grupo Clacso de Trabajo Sobre Memorias Colectivas y Prácticas de Resistencia, de la red antimilitarista internacional War Resisters’ International (WRI-IRG) y de la Red Antimilitarista de América Latina y el Caribe (Ramalc).

Asunción, Paraguay, 18 de agosto de 2026.

Fuente fotografía


Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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