Siete minutos de avalancha de hielo: rescate de emergencia entre China y Nepal

Ante la creciente fragilidad de nuestro planeta, solo con medidas más firmes para reducir las emisiones y una cooperación internacional más estrecha podremos afrontar juntos estos desafíos y proteger nuestro futuro común.

Siete minutos de avalancha de hielo: rescate de emergencia entre China y Nepal

El 26 de agosto de 2026, parte de un glaciar de gran altitud en Nepal se desplomó repentinamente. En apenas 7 minutos, la masa de hielo y escombros recorrió 20 kilómetros y se transformó en un flujo de lodo y escombros que se precipitó hacia el puerto fronterizo de Gyirong, en China, causando numerosas víctimas y dejando personas desaparecidas a ambos lados de la frontera. El gobierno chino está movilizando diversos recursos para realizar todos los esfuerzos posibles en las operaciones de rescate.

Avalanchas de hielo, flujos de escombros, corrientes de lodo… El calentamiento global está alterando la estabilidad de los glaciares. Desde Chamoli, en India, hasta Blatten, en Suiza, este tipo de desastres geológicos se repite en distintos puntos del planeta. Los glaciares retroceden, el permafrost pierde estabilidad y las montañas se vuelven cada vez más vulnerables.

Ante la creciente fragilidad de nuestro planeta, solo con medidas más firmes para reducir las emisiones y una cooperación internacional más estrecha podremos afrontar juntos estos desafíos y proteger nuestro futuro común.


El 26 de agosto, una potente avalancha de hielo, rocas, lodo y agua arrasó la zona fronteriza entre China y Nepal, causando graves daños y dejando víctimas y desaparecidos a ambos lados de la frontera. Según los expertos, el desastre se originó a causa del colapso de parte de un glaciar de gran altitud en Nepal. La masa de hielo y rocas descendió a gran velocidad y fue arrastrando materiales sueltos a su paso hasta transformarse en un flujo de escombros. En apenas unos minutos, alcanzó el puerto fronterizo de Gyirong, en la región autónoma de Xizang, China.


La magnitud y la velocidad del desastre fueron extraordinarias.

Guo Zhaocheng, Ingeniero del Centro de Estudios Aerogeofísicos y Teledetección de Recursos Naturales de China dijo
“En primer lugar, existe un enorme desnivel. La zona de origen del hielo se encuentra en el curso alto del río Cuojian, en Nepal, a unos 5.140 metros sobre el nivel del mar, mientras que el puerto fronterizo de Gyirong está situado a unos 1.800 metros. Esto supone un desnivel de casi 3.300 metros en una distancia de unos 20 kilómetros. Según nuestros cálculos basados en los registros temporales disponibles, transcurrieron solo siete minutos desde el colapso del glaciar hasta que el flujo de escombros alcanzó el puerto fronterizo de Gyirong. El análisis de las señales indica que el colapso comenzó a las 10:52, mientras que las imágenes de vídeo muestran que la avalancha de lodo llegó al puerto a las 10:59. Teniendo en cuenta que la distancia es de casi 20 kilómetros, estimamos una velocidad media de unos 50 metros por segundo. Es una velocidad extremadamente alta. La población apenas tuvo tiempo para reaccionar.”

Benjamin P. Horton, Decano de la Facultad de Energía y Medio Ambiente , Universidad de la Ciudad de Hong Kong expresó
“Fue un deslizamiento compuesto por lodo, nieve y rocas que alcanzó una velocidad máxima de unos 160 kilómetros por hora y arrasó todo a su paso mientras descendía por el valle. El Himalaya es una región tectónicamente activa y cuenta con numerosos glaciares. Durante los meses de verano, las temperaturas aumentan y esos glaciares se derriten. Además, periódicamente se producen terremotos, por lo que los deslizamientos no son inusuales. Lo excepcional en este caso es su magnitud. Ha sido un deslizamiento de dimensiones extraordinarias.”

China activó de inmediato su respuesta de emergencia. Por encargo del presidente chino, Xi Jinping, el primer ministro Li Qiang se desplazó al distrito de Gyirong y pidió que se realizaran todos los esfuerzos posibles en las operaciones de rescate y la respuesta de emergencia.


Hasta las 9 de la mañana del 28 de agosto, 1.386 efectivos de rescate y más de 570 equipos habían llegado a la zona afectada y habían comenzado de inmediato las labores de búsqueda y rescate. Paralelamente, avanzan los trabajos para restablecer las comunicaciones y despejar las carreteras bloqueadas. Los equipos de rescate avanzan por tres vías, acuática, terrestre y aérea, hacia la zona más afectada: el puerto fronterizo de Gyirong.


Es una carrera contrarreloj. Los equipos de rescate se enfrentan a enormes dificultades.

Chen Hongqi, Ingeniero   del Centro de Orientación Técnica para Desastres Geológicos del Ministerio de Recursos Naturales de China apuntó, “Debido a las particularidades del terreno y las condiciones hidrológicas en las que se producen las avalanchas de lodo, existen varios factores que dificultan las operaciones de rescate. En primer lugar, las condiciones del agua procedente de las zonas altas, incluidos su caudal y su comportamiento, cambian constantemente. En segundo lugar, al desarrollarse las operaciones a lo largo de un valle fluvial, las vías de acceso para los equipos de rescate son relativamente estrechas. En tercer lugar, los materiales depositados por la avalancha de lodo contienen tanto elementos sólidos como agua, lo que dificulta el avance de la maquinaria pesada. Por último, el impacto y la erosión provocados por el rápido flujo de agua y lodo pueden afectar a la estabilidad de las laderas y las carreteras. En estos momentos, varios organismos trabajan conjuntamente para investigar y evaluar el riesgo de desastres secundarios, además de vigilar de cerca las condiciones meteorológicas, hidrológicas y geológicas.”

Este desastre es un nuevo recordatorio de los crecientes riesgos a los que se enfrentan las regiones de alta montaña a medida que retroceden los glaciares y se desestabiliza el permafrost.


En febrero de 2021, una enorme avalancha de rocas y hielo en Chamoli, en el norte de India, se transformó en un devastador flujo de escombros y una inundación. Más de 200 personas murieron o desaparecieron.
El 28 de mayo de 2025, millones de toneladas de rocas y hielo se desprendieron del glaciar Birch, en Suiza, y sepultaron en cuestión de segundos gran parte de Blatten, una localidad con más de 800 años de historia. En aquella ocasión, los sistemas de vigilancia detectaron señales de alerta y prácticamente toda la población había sido evacuada antes del derrumbe.


Mathias Vuille, Académico del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Ambientales de la Universidad de Albany
dijo “Siempre surge la pregunta de si el cambio climático está haciendo que estos fenómenos sean más graves, más frecuentes o más intensos. Es difícil determinarlo en cada caso concreto, porque hemos visto fenómenos provocados únicamente por terremotos en los que el papel del cambio climático no está claro. Sin embargo, numerosos estudios científicos demuestran claramente que el cambio climático está creando unas condiciones que favorecen la aparición de más fenómenos de este tipo en las montañas. Ya está ocurriendo y, sin duda, seguirá ocurriendo en el futuro.
Las montañas, de hecho, se están calentando mucho más rápido que el resto del planeta, lo que provoca un rápido deshielo del permafrost. Cuando los glaciares retroceden, también liberan grandes cantidades de agua de deshielo. A menudo, esa agua no puede evacuarse y queda retenida por los materiales que el glaciar había erosionado anteriormente. Así se forman los llamados lagos proglaciares, que pueden ser extremadamente peligrosos porque sus barreras pueden romperse fácilmente y liberar enormes cantidades de agua, rocas y escombros valle abajo. Por tanto, el cambio climático, como factor subyacente general, ya ha contribuido a agravar muchos de estos fenómenos y probablemente seguirá haciéndolo en el futuro.”

Desde los Alpes hasta los Andes y el Himalaya, los glaciares están retrocediendo a medida que aumenta la temperatura del planeta.
La UNESCO señala que, de aquí a 2050, los glaciares podrían desaparecer por completo en un tercio de los sitios del Patrimonio Mundial que albergan glaciares, independientemente del escenario climático. El retroceso de los glaciares y el deshielo del permafrost pueden desestabilizar las laderas, provocar la expansión de los lagos glaciares y exponer a las comunidades situadas río abajo a nuevos riesgos potencialmente mortales.

Por su partem Benjamin P. Horton Decano de la Facultad de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong señaló “El clima de 2026 es el peor que ha experimentado mi generación, pero será el mejor que experimente la generación más joven. Si no resolvemos este problema, la situación solo irá a peor. No podemos limitarnos a adaptarnos. No tiene sentido adaptarnos al clima de 2026 porque, si no solucionamos el problema, el de 2027 será peor, el de 2028 será aún peor, y así sucesivamente. Sabemos cuál es el problema. Tenemos las soluciones. Solo tenemos que actuar.”

El cambio climático no conoce fronteras. Nadie está a salvo cuando la naturaleza golpea con violencia. El colapso de un glaciar en Nepal puede afectar a una localidad china en cuestión de minutos. Y, a medida que aumenta la temperatura del planeta, comunidades de todo el mundo se enfrentan a riesgos nuevos y cada vez más graves.
Lo que la humanidad necesita ahora es unidad: una cooperación climática más estrecha, una reducción más rápida de las emisiones de carbono y una mayor capacidad de prevención y respuesta ante los desastres.
Solo así podremos afrontar juntos los desafíos que están por venir y proteger nuestro hogar común.

CGTN Español

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