Resultados Foro Empresarial BRICS 2026

El Foro Empresarial de los BRICS 2026, celebrado el viernes 11 de septiembre en el Bharat Mandapam de Nueva Delhi, fue el escenario donde se hizo visible la tensión que atraviesa al bloque en su vigésimo aniversario: la de un grupo que ha cuadruplicado su peso económico en dos décadas, pero que aún no ha […]

Resultados Foro Empresarial BRICS 2026

El Foro Empresarial de los BRICS 2026, celebrado el viernes 11 de septiembre en el Bharat Mandapam de Nueva Delhi, fue el escenario donde se hizo visible la tensión que atraviesa al bloque en su vigésimo aniversario: la de un grupo que ha cuadruplicado su peso económico en dos décadas, pero que aún no ha resuelto si quiere ser un contrapeso al orden occidental o, en palabras del primer ministro indio Narendra Modi, un «constructor de puentes» que no está «contra nadie».

Un foro con números que no admiten discusión

India organizó el mayor Foro Empresarial de la historia de los BRICS. Reunió a 2.000 delegados —1.100 indios y 900 extranjeros— y facilitó más de 600 reuniones empresariales en apenas cuatro o cinco horas. El secretario general de la FICCI, Anant Swarup, lo resumió con una frase que revela la urgencia del sector privado: «En un lapso corto, digamos cuatro o cinco horas, hemos tenido más de 600 reuniones en esta sala».

Detrás de esos números hay una realidad que Modi puso sobre la mesa: desde 2014, India ha firmado acuerdos de libre comercio con casi 40 países, mientras «las barreras comerciales aumentan globalmente». El primer ministro indio no hablaba en abstracto. Lo hacía en un contexto donde Washington amenaza con aranceles del 100% a los países BRICS si «juegan con el dólar».

Modi lanzó tres propuestas concretas al sector privado: identificar las «diez principales barreras comerciales» a eliminar, apoyar a al menos 100 startups BRICS cada año para que escalen a otros mercados del bloque, y forjar alianzas entre 1.000 empresas del grupo. También anunció la creación del BRICS Incubator Network, el BRICS MSME Portal y el BRICS Startup Innovation Fund, plataformas diseñadas para que las pequeñas empresas —las que más dificultades tienen para cruzar fronteras— accedan a mercados, inversores y socios tecnológicos.

La geometría variable de un bloque que ya no es lo que era

Los BRICS de 2026 no son los de 2006. En 2006 eran cuatro países; hoy son once miembros plenos —Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Indonesia— más diez países socios, incluyendo Bielorrusia, Bolivia, Kazajistán, Cuba, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Vietnam. En conjunto representan cerca del 50% de la población mundial, aproximadamente el 40% del PIB global y el 26% del comercio internacional.

Modi fue más lejos en su discurso: mientras el PIB global se multiplicó por 2,5 en estas dos décadas, el PIB combinado de los BRICS creció «casi cuatro veces y media». La fuerza económica del bloque, dijo, «creció al doble de la velocidad que la del mundo».

Pero la expansión trajo consigo una geometría variable que complica la narrativa unificada. Arabia Saudí aún «evalúa» su adhesión formal. Argentina se retiró del proceso. Irán y Rusia —los más sancionados del grupo— presionan por un lenguaje más duro contra Occidente del que India, como presidenta, está cómoda emitiendo.

Las tensiones internas que el foro dejó al descubierto

El análisis de Business Standard fue quirúrgico: «Los discursos de algunos líderes en el Foro Empresarial de los BRICS revelaron la agitación interna que vive el bloque de once miembros».

El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, fue directo: los BRICS están «en un punto de inflexión» y deben decidir si quieren ser «meramente una plataforma de consultas». Ramaphosa, cuyo país ha sido un actor clave en la expansión del bloque, puso el dedo en una llaga que el foro empresarial no podía ocultar: la brecha entre la retórica de unidad y la ausencia de resultados tangibles.

El presidente ruso, Vladimir Putin, aprovechó el escenario para un mensaje distinto. Señaló que el G7 está perdiendo peso económico e industrial mientras los BRICS lo reemplazan, y criticó que Occidente afirme que «la competencia es sagrada» mientras se han impuesto «más de 30.000 sanciones» contra Rusia. Putin también subrayó que 40 de las principales empresas rusas participan en su comité nacional para la cooperación empresarial con los BRICS, con especial énfasis en rutas logísticas como el corredor del Ártico y el Corredor de Transporte Norte-Sur.

El ministro de Desarrollo Económico de Rusia, Maxim Reshetnikov, aportó un dato que ilustra la magnitud del giro financiero en curso: «Hace tres años, el dólar y el euro sumaban el 85% de las liquidaciones de las exportaciones rusas. Hoy la cifra es de alrededor del 11%». Para Moscú, el sistema financiero alternativo no es una posibilidad futura: es una realidad consolidada que «vincula a miles de bancos de muchos países».

La agenda que se negocia en los pasillos

El foro empresarial fue, en realidad, la punta de un iceberg cuya parte sumergida es la agenda de la cumbre de líderes. Según el diario sirio SANA, los ejes centrales de la cumbre incluyen «el fortalecimiento de la cooperación económica y financiera, el desarrollo de mecanismos de pago en monedas nacionales, la ampliación del papel del Nuevo Banco de Desarrollo y el respaldo a proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible».

En el centro de todo está la cuestión del dólar. La «Declaración de Nueva Delhi 2026», adoptada el sábado, establece que los BRICS ampliarán el comercio y los pagos en monedas locales, y encarga al Grupo de Trabajo de Pagos que continúe estudiando la «interoperabilidad transfronteriza de canales de pago y mensajería» para lograr transacciones «rápidas, de bajo costo, más accesibles, eficientes, transparentes y seguras». El lenguaje es cuidadoso, pero inequívoco en su dirección.

India, sin embargo, ha marcado un límite. La presidencia india «impulsará la liquidación en monedas locales y la interoperabilidad de sistemas de pago, mientras rechaza una moneda común de los BRICS que invitaría a una mayor represalia estadounidense». Es la línea roja que Nueva Delhi no cruza: avanzar en la desdolarización técnica —pagos en rupias, yuanes, rublos— sin abrazar el proyecto político de una divisa supranacional que Washington leería como declaración de guerra financiera.

Piyush Goyal, ministro de Comercio e Industria de India, puso cifras sobre la mesa: la Interfaz de Pagos Unificados (UPI) india supera los 250.000 millones de transacciones anuales y ya es aceptada en 11 países. «Insto a los países miembros y socios de los BRICS a vincular nuestros sistemas de pago, comerciar en las monedas locales de cada uno, hacer global el comercio digital y construir juntos el futuro».

El secretario de Comercio indio, Rajesh Agrawal, añadió una dimensión poco discutida: la brecha de financiamiento comercial en los BRICS se estima en 2,5 billones de dólares, y sugirió que cualquier nuevo mecanismo se base en «órdenes confirmadas y registros de pago confiables».

La sombra de Trump y el equilibrio imposible de India

El contexto geopolítico no es un telón de fondo neutro. Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha presionado a India por sus compras de petróleo ruso y ha amenazado al bloque entero con aranceles del 100% si avanza hacia la desdolarización.

La declaración final no menciona a Trump ni a Estados Unidos por nombre, pero critica «el aumento de medidas arancelarias y no arancelarias unilaterales que distorsionan el comercio y son inconsistentes con las reglas de la OMC», y condena «medidas coercitivas unilaterales», incluyendo «sanciones económicas unilaterales y secundarias». También rechaza «impuestos fronterizos al carbono» —los aranceles verdes europeos— como medidas «unilaterales, punitivas, discriminatorias y proteccionistas».

India, como anfitriona, juega un equilibrio delicado. El diario Daily Pioneer lo describió con precisión: India busca posicionarse como «la convocante pragmática del Sur Global —presente en la mesa con Pekín y Moscú, pero sin dejarse encasillar como antioccidental». La lista de invitados a la cumbre refuerza esa estrategia: India invitó como observadores a los presidentes en ejercicio de la Unión Africana, la ASEAN, la CELAC y el Consejo de Cooperación del Golfo, además del secretario general de la ONU, António Guterres.

«Ha llegado el momento de convertir nuestra unidad y nuestro consenso dentro de los BRICS en resultados concretos en el escenario mundial», dijo Modi en la inauguración de la cumbre.

Lo que queda después de los discursos

La declaración final de 45 páginas fue adoptada «unánimemente» y Modi declaró que ningún miembro «objetó» el texto. Pero la unanimidad en un bloque de once países con intereses tan divergentes —desde el Irán sancionado hasta el Emiratos Árabes Unidos que mantiene vínculos estrechos con Washington— es a menudo el resultado de un lenguaje lo suficientemente vago para que todos puedan firmarlo.

Los líderes acordaron que «no hay un enfoque único» y que «las prioridades nacionales deben ser respetadas». Esa frase, aparentemente inocua, es el reconocimiento explícito de que los BRICS no son —ni serán en el corto plazo— un bloque con una política financiera común.

Los avances concretos que quedan sobre la mesa son modestos pero reales: el Fondo de Innovación para Startups, la red de incubadoras, el portal de MSMEs, el grupo de trabajo de pagos con mandato de continuar, y las más de 600 reuniones empresariales que, según la FICCI, ya están generando asociaciones transfronterizas.

El análisis del centro de estudios DBS fue quizás el más honesto: la discusión sobre comercio en monedas locales, vínculos de pago y diversificación de reservas «busca ampliar el uso de la unidad doméstica más que una discusión activa sobre desafiar la dominancia del dólar». En otras palabras: los BRICS no están construyendo un sistema monetario alternativo; están construyendo la infraestructura para no depender de uno solo.

El vigésimo aniversario del bloque, celebrado con el mayor foro empresarial de su historia, deja una conclusión que ni los discursos ni la declaración final pudieron disimular: los BRICS han demostrado que pueden crecer, pero aún no han demostrado que pueden converger. La brecha entre la retórica de «resultados concretos» y la realidad de «prioridades nacionales» es la tarea pendiente que heredará la próxima presidencia.

Lee la declaración de Nueva Delhi

El Ciudadano

Obtén tu Pasaporte y apoya a El Ciudadano

Elimina la publicidad, accede a contenido exclusivo y sé parte de la comunidad.

Elige tu plan

Turista

$1.990 /mes

 


Sin anuncios · Publica tus artículos

Ciudadano — TOP

$4.990 /mes

 


Sin anuncios · Publicar artículos · PDFs · Newsletter exclusivo · Favoritos

Diplomático

$10.990 /mes

 


Sin anuncios · Publicar artículos · PDFs · Newsletter exclusivo · Favoritos · Voz editorial

Cancela en cualquier momento  ·  Sin permanencia


Reels

Ver Más »
Busca en El Ciudadano