COLUMNA

Cuando El Mercurio pontifica sobre cómo gobernar 

"El diario de referencia de la derecha y de la oligarquía chilena advierte contra una izquierda que, después de ganar una elección, pretenda aplicar su programa de transformaciones. Pero, al mismo tiempo, sus propias páginas empiezan a registrar las dificultades del gobierno de Kast (...) El diagnóstico económico publicado por el diario es contundente: crecimiento en torno al uno por ciento, actividad rezagada y problemas de empleo, pese al buen precio del cobre y a un escenario internacional más favorable de lo previsto".

Cuando El Mercurio pontifica sobre cómo gobernar 

Por Leopoldo Lavín Mujica 

La editorial de El Mercurio del viernes pasado sobre Álvaro García Linera merece ser leída más allá de su ataque al exvicepresidente boliviano. El diario de referencia de la derecha y de la oligarquía chilena advierte contra una izquierda que, después de ganar una elección, pretenda aplicar su programa de transformaciones.

Pero, al mismo tiempo, sus propias páginas empiezan a registrar las dificultades del gobierno de José Antonio Kast.

El dato político es imposible de ignorar. El diagnóstico económico publicado por el diario es contundente: crecimiento en torno al uno por ciento, actividad rezagada y problemas de empleo, pese al buen precio del cobre y a un escenario internacional más favorable de lo previsto.

El Mercurio llega incluso a preguntarse si el Gobierno está desarrollando una agenda “desbalanceada”, demasiado concentrada en el futuro y poco atenta a las urgencias del presente. No es una observación menor viniendo de ese sector político.

La cuestión no empieza con Kast ni con Boric. Desde la Transición, las izquierdas y los progresismos han prometido en distintos momentos cambios profundos y, una vez instalados en el gobierno, han terminado aceptando los límites impuestos por el modelo heredado de la dictadura. La Concertación consiguió avances sociales innegables, pero no modificó las bases fundamentales del orden económico.

Después, nuevas generaciones de izquierda hicieron de esa crítica una bandera y terminaron enfrentando la misma dificultad.

La Rebelión Popular de 2019 abrió una oportunidad excepcional. La generación que llegó posteriormente a La Moneda prometió superar el modelo y construir una sociedad distinta. Sin embargo, la falta de preparación ante las derrotas constitucionales y las decisiones del gobierno de Boric terminaron produciendo una nueva distancia entre las expectativas de cambio y la transformación efectivamente realizada.

La frustración tuvo consecuencias políticas. La derecha recuperó terreno y la ultraderecha terminó llegando al gobierno.

La izquierda no puede repetir esa historia. Tampoco puede esperar pasivamente el desgaste de Kast para comenzar a construir una alternativa. El programa debe elaborarse ahora y junto con la alianza política que tendrá que defenderlo.

No se trata de fabricar otra plataforma electoral para ganar votos y descubrir después, desde La Moneda, que el Congreso, los mercados, los empresarios, las encuestas o la responsabilidad fiscal supuestamente impiden cumplirla. Ese ciclo debe terminar. La democracia no exige que una fuerza política renuncie a su programa cuando llega al gobierno. Exige que obtenga una mayoría para realizarlo y que respete las reglas institucionales mientras lo hace.

Si la izquierda pretende transformar Chile, debe decir con claridad qué quiere cambiar, cómo piensa financiarlo, qué intereses serán afectados y, sobre todo, si está dispuesta a sostener esas decisiones cuando aparezca la resistencia de los poderes establecidos.

Para eso no basta una candidatura. Hace falta construir una fuerza política poderosa, con liderazgos consecuentes, solidez ideológica y raíces profundas en las organizaciones populares. Una fuerza capaz de unir a trabajadores, pobladores, estudiantes, organizaciones sociales y territoriales en torno a un proyecto común; capaz de disputar el poder político sin diluir sus convicciones y de sostener sus decisiones cuando lleguen las presiones que históricamente han terminado por paralizar a la izquierda.

La situación de Kast hace más urgente esa tarea. La ultraderecha profundizará el malestar y no consiguirá responder a las necesidades de empleo, ingresos, pensiones, vivienda, salud y educación; esas demandas volverán al centro de la política. Pero la izquierda no puede llegar entonces con las manos vacías ni con otro programa destinado a ser moderado antes de comenzar.

La próxima disputa no debería ser simplemente por recuperar La Moneda. Debería ser por recuperar la capacidad de transformar. Ganar para gobernar, gobernar para transformar: construir desde ahora la fuerza política, social y popular capaz de hacerlo.

Leopoldo Lavín Mujica

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