El dinero de Inglaterra para expulsar a España de Latinoamérica

Un reportaje sobre los pagos, las casas comerciales y las redes que convirtieron la independencia en un negocio británico.

El dinero de Inglaterra para expulsar a España de Latinoamérica

La historiografía tradicional ha presentado la independencia latinoamericana como un movimiento de liberación nacional. Los archivos británicos, sin embargo, revelan una historia paralela: la de una operación geopolítica financiada desde Londres, ejecutada a través de casas comerciales y agentes encubiertos, y diseñada para arrebatar a España su imperio americano y convertirlo en un mercado cautivo de la libra esterlina.

No fue caridad. Fue una inversión con retorno calculado.

Por Bruno Sommer

Francisco de Miranda: el agente financiado por la Corona británica

El caso de Francisco de Miranda es el más documentado. A partir de octubre de 1801, el gobierno británico le otorgó una pensión personal de 500 libras anuales, que posteriormente se elevó a 700 libras, más 200 libras adicionales para su secretario, Mr. Molini. Esta pensión no era para financiar expediciones, sino para su sostenimiento personal y el de su casa en Londres, donde operaba el cuartel general de la conspiración independentista.

La documentación es explícita. En septiembre de 1810, Miranda escribió al ministro de Relaciones Exteriores Lord Wellesley solicitando que el gobierno «continuara el pago de la pensión de 700 libras anuales para él y de 200 para su secretario». La respuesta fue favorable.

Pero la pensión era solo la punta del iceberg. La casa comercial Turnbull & Forbes, con sede en Londres, fue el vehículo a través del cual fluyeron los fondos operativos. Una declaración de puño y letra de Miranda revela el carácter de la operación:

«Por la presente declaro que el monto de la cuenta inclusa me fué adelantado por Messrs. Turnbull, Forbes and C°. con el propósito de ayudarme a mí, y a otros vinculados conmigo, en nuestros esfuerzos para dar Libertad e independencia a la América Española… y que les indujo a obrar así, en gran parte, la favorable acogida que recibí de Mr. Pitt a mi llegada a este País, en el año 1798».

Los montos son significativos. Una cuenta de Turnbull & Forbes enviada al gobierno inglés muestra que, entre mayo de 1801 y julio de 1802, la firma desembolsó más de 21.000 libras para afrontar los gastos derivados de las actividades de Miranda. En 1806, cuando Miranda planificó su invasión a Venezuela, obtuvo 6.000 libras en letras de cambio a través de Turnbull & Forbes, además de 2.000 libras en efectivo.

El propio Miranda reconoce que Turnbull & Forbes actuaban inducidos por el respaldo del primer ministro William Pitt. No era un socio comercial independiente, sino el brazo financiero de una operación tolerada y alentada desde el poder.

Simón Bolívar: las armas que compró la red de López Méndez

A diferencia de Miranda, Simón Bolívar no recibió pagos directos del gobierno británico. La investigación académica reciente es clara en este punto: «el fracaso en obtener el apoyo oficial del gobierno británico para la independencia fue compensado por el desarrollo de una red de individuos y asociaciones privadas que suministraron grandes cantidades de armas, equipos y hombres».

El instrumento de esta red fue Luis López Méndez, representante de Venezuela en Londres. En marzo de 1817, Bolívar le envió un documento —conocido como «los Poderes»— que lo facultaba para firmar contratos en nombre de la República. No había dinero. Sin embargo, tres meses después, López Méndez ya había organizado el zarpe del primer barco con armas, equipos y voluntarios británicos.

El flujo de ayuda militar continuó durante dos años, hasta 1819. Se vendieron a los republicanos cerca de cincuenta mil rifles y mosquetes, cientos de toneladas de munición y pólvora, artillería, lanzas, machetes, espadas, sables y pistolas. Todo fue suministrado por empresa privada, con el gobierno británico manteniendo formalmente su política de neutralidad.

La investigación de Matthew Brown, Joanna Crow y Jonathan Lea (Universidad de Bristol, 2024) concluye que «toda la ayuda militar extranjera fue suministrada por empresa privada» y que la red de López Méndez fue crucial para sostener la guerra.

José de San Martín: el ejército financiado desde Londres

El caso de José de San Martín es quizás el más controvertido. Diversos autores sostienen que San Martín «siguió en todo momento las indicaciones inglesas, fue financiado por Inglaterra, vigilado, controlado y aleccionado por funcionarios británicos».

El dato más concreto es el empréstito de 1.200.000 libras esterlinas a treinta años gestionado para financiar la expedición libertadora del Perú. El banquero Tomás Kinder impuso un descuento del 25%, y el Perú giró contra una cuenta de 700.000 libras administrada desde Londres por los propios enviados de San Martín.

El plan británico, según el diario íntimo de San Martín, incluía un ejército de más de 8.000 mercenarios y la logística correspondiente. El dinero, según estas fuentes, «venía de Gran Bretaña para desestabilizar y financiar mercenarios sin cuento».

Sin embargo, existe un debate historiográfico. Algunos autores sostienen que San Martín construyó el Ejército de los Andes desde Cuyo, con Mendoza como centro estratégico, recurriendo a contribuciones, impuestos y producción local. Lo que no se discute es que la red de agentes británicos —James Paroissien, Juan García del Río, el capitán Peter Heywood— fue fundamental para la logística y el financiamiento de la campaña.

Las casas inglesas en Chile: el negocio de la independencia

El empréstito de Hullett Brothers (1822)

El primer empréstito chileno fue contratado en mayo de 1822 con la casa Hullett Brothers & Company de Londres por un millón de libras esterlinas, con un interés anual del 6% y 1% de amortización. La operación fue negociada por Antonio José de Irisarri, enviado de Bernardo O’Higgins.

Las condiciones fueron onerosas. Los títulos se colocaron al 67,5% de su valor nominal, lo que implicó un producto neto de solo £664.652. Los banqueros retuvieron £15.000 para la primera amortización. Irisarri se pagó $100.000 por comisión** y **$90.000 en sueldos adeudados.

El contrato dejó como garantía los ingresos de la Casa de Moneda, el Impuesto Territorial y los Diezmos. Chile hipotecó su soberanía fiscal para financiar la guerra. El empréstito fue malbaratado: se prestaron $1.500.000 al Perú (que no los devolvió hasta 1848), se pagaron sueldos atrasados y se financiaron expediciones militares.

La Casa Gibbs: el imperio del salitre

La Casa Gibbs (Antony Gibbs & Sons) se estableció en Londres en 1808 y llegó a Valparaíso en 1826, aunque ya operaba en la región desde antes. Fue una de las firmas británicas más poderosas de la costa oeste de Sudamérica. Su radio de negocios se extendía desde Valparaíso y Santiago hasta todos los distritos mineros del norte y las principales áreas agrícolas del sur.

A mediados del siglo XIX, las casas mercantiles inglesas como Gibbs & Sons tomaron el control del comercio exterior nacional. Controlaban las exportaciones de cobre y plata a Europa y las importaciones de manufacturas. La Casa Gibbs fue un actor clave en el monopolio salitrero peruano y en el comercio del nitrato, el recurso estratégico que desató la Guerra del Pacífico (1879).

La familia Edwards: el poder en las sombras

La familia Edwards fue el otro pilar de la dependencia británica. George Edwards Brown, un marino inglés llegado a Chile en 1804, financió la primera armada de Chile y la expedición libertadora del Perú. Su hijo, Agustín Edwards Ossandón, fundó en 1867 el Banco de A. Edwards, la primera institución financiera privada de Chile.

Desde Valparaíso, los Edwards tejieron una red que abarcaba la banca, la minería, la agricultura y la prensa. Su poder fue tal que un senador acusó al presidente Arturo Alessandri de ser «agente del Pool«, es decir, de los intereses de la Casa Gibbs. La familia no solo acumuló riqueza: controló el discurso a través de El Mercurio de Valparaíso, el diario más influyente del país, y desde allí moldearon la opinión pública durante más de un siglo.

Otras casas comerciales

El consorcio británico que controló la economía chilena tras la independencia incluía también a Huth & Co. (establecida en Valparaíso en 1824), Duncan, Fox & Co., Graham, Rowe & Co., Williamson Balfour & Co. y Weir, Scott & Co., que dominaron el comercio exterior, la banca y los seguros. Los pioneros —James Powditch, O. Bunster, Andrew Blest, John Callon, William Taylor y William Forbes— ya operaban en Valparaíso hacia 1819, sentando las bases de la colonia mercantil británica.

Por Bruno Sommer

Fundador El Ciudadano

  • Archivo de la Academia Nacional de la Historia (Argentina), documentos sobre Miranda y Turnbull & Forbes.
  • Brown, M., Crow, J., & Lea, J. (2024). «Financing a Revolution: The Impact of Bolívar’s British Networks in the Independence of Colombia», Journal of Latin American Studies, Cambridge University Press.
  • Calabrese, A. José de San Martín… ¿Un agente inglés? (citado en La Nación).
  • Documentos de la Gran Logia Unida de Inglaterra (respuesta de James William Stubbs, 1979).
  • Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile: «Casas de comercio británicas», «Influencia británica en el comercio de Valparaíso».
  • Ministerio de Hacienda de Chile, Historia de la deuda externa.
  • Rojas Flores, G. (2019). «La casa comercial Gibbs & Co. y sus inversiones en Chile», Historia.
  • Terragno, R. Diario íntimo de San Martín.

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