Menos de tres días duró la placa recordatoria de las víctimas de las violaciones a los derechos humanos cometidas en el Aeródromo Tobalaba durante la dictadura cívico- militar.
El símbolo había instalado el pasado viernes 11 de septiembre por la Agrupación Memorial Aeródromo Tobalaba (AMAT) frente a la terminal aérea, ubicada en la comuna de La Reina, Región Metropolitana de Santiago, coincidiendo con los 53 años del golpe de Estado de 1973, para denunciar que este recinto fue utilizado por el régimen de Pinochet como un centro de operaciones, desde donde salían helicópteros del Ejército de Chile con personas detenidas desaparecidas que luego eran lanzadas al mar, una práctica conocida como «vuelos de la muerte«.
Sin embargo, el martes 15 de septiembre la placa recordatoria, elaborada por la artista plástica Ximena Erazo, fue sustraída por desconocidos, según denunció la presidenta de AMAT, María Angélica Roger.

“Quieren borrar de la historia de Chile lo que pasó en el aeródromo, pero no lo conseguirán», afirmó a través de un comunicado compartido en redes sociales, dejando en claro que la agrupación de derechos humanos no desmayará en su lucha por la búsqueda de verdad, justicia y memoria respecto a los crímenes de lesa humanidad cometidos en el recinto aéreo.
Asimismo, aseguró que desde AMAT seguirán adelante hasta levantar frente al aeródromo «un memorial que simbolice el genocidio que cometió la dictadura civil militar que encabezó Augusto Pinochet».
Según los antecedentes, en 1973, justo a inicios de la dictadura de Pinochet, el Aeródromo de Tobalaba era sede del Comando de Aviación del Ejército, y en su interior se encontraban 9 helicópteros Puma, de fabricación francesa.
Una de estas aeronaves formó parte de la comitiva encabezada por el general Sergio Arellano Stark que se trasladó por diversas localidades del centro-sur de Chile, promoviendo el fusilamiento sumario de prisioneros políticos, como parte de la denominada “Caravana de la muerte”.
Como parte de las acciones criminales del régimen de Pinochet, las aeronaves militares estacionadas en el Aeródromo Tobalaba sirvieron para lanzar al mar más de 1.000 cuerpos de prisioneros y prisioneras políticas como parte de los vuelos de la muerte.
Por tal motivo agrupaciones como AMAT insisten en levantar un memorial que recuerde el papel del recinto en la estrategia terrorista de la dictadura cívico militar.
