¿Cómo están creando los países BRICS su propio sistema de formación de profesionales para la economía del futuro? ¿Qué competencias serán fundamentales en un contexto de transformación tecnológica? ¿Por qué las redes universitarias se están convirtiendo en uno de los elementos de la nueva infraestructura de cooperación internacional? Lea el artículo de TV BRICS
El capital humano como recurso estratégico
En el siglo XXI, la competitividad de los Estados está determinada no solo por el acceso a los recursos naturales o a las capacidades productivas, sino también por su capacidad para desarrollar su propio potencial humano y científico.
Precisamente el capital humano constituye la base de la soberanía tecnológica y del crecimiento económico a largo plazo. La calidad de este capital se forma, ante todo, a través del sistema educativo, y las capacidades de una persona se convierten en capital únicamente cuando se aplican a actividades productivas. El capital humano también incluye la capacidad de crear nuevos puestos de trabajo, estructuras y ámbitos de actividad.
El Foro Económico Mundial prevé que para 2030 la economía mundial perderá 92 millones de puestos de trabajo debido a la automatización, pero al mismo tiempo creará 170 millones de nuevos empleos. La gran mayoría de ellos requerirá competencias relacionadas con la ingeniería, el análisis de datos y las ciencias naturales.
Los sistemas de educación escolar de los países de los BRICS representan alrededor de un tercio del espacio educativo mundial. La educación es uno de los principales factores del desarrollo sostenible, la igualdad social y el progreso tecnológico. En un contexto de transformación global, la agenda educativa se considera cada vez más una herramienta para construir el futuro.
Para los países BRICS, con una población conjunta de 3.900 millones de personas, esta transformación no es un desafío abstracto, sino una cuestión de soberanía económica. La respuesta está en una transformación sistemática de la educación superior. El cambio fundamental consiste en que las universidades dejan de percibirse únicamente como parte del ámbito social y comienzan a considerarse una infraestructura estratégica, al mismo nivel que los sectores energético y logístico y las plataformas digitales.
Kiril Kostin, director del Centro «Diplomacia del Conocimiento» de la Universidad Estatal Rusa de Humanidades y experto en relaciones internacionales, desarrollo institucional de los BRICS, diplomacia pública y social, comunicaciones estratégicas y prospectiva, confirma esta tendencia:
«Las universidades se están convirtiendo no solo en espacios de transmisión de conocimientos, sino también en centros que integran las prioridades estratégicas del Estado, las necesidades del sector empresarial y el desarrollo de nuevas tecnologías. En este sentido, pasan a formar parte de la infraestructura estratégica de los BRICS. A través de programas internacionales en red, laboratorios y cátedras conjuntas, la movilidad académica y el apoyo a las iniciativas juveniles, contribuyen al desarrollo del capital humano y al fortalecimiento de los vínculos horizontales entre científicos y líderes sociales de distintos países», señala.
En los proyectos de infraestructura del siglo XXI, ya no son esenciales únicamente los recursos financieros y de ingeniería; también resulta fundamental contar con un sistema sostenible de formación de especialistas. En este sistema, las universidades garantizan la continuidad del desarrollo económico mediante la formación y renovación del capital humano.
El desarrollo de la cooperación educativa se produce paralelamente a la transformación de la economía mundial. La expansión de las cadenas de producción, la digitalización de la industria y el aumento del número de proyectos conjuntos de infraestructura requieren profesionales capaces de trabajar en diferentes jurisdicciones nacionales. Por ello, la formación de especialistas está dejando gradualmente de ser una cuestión exclusiva de las políticas educativas nacionales y se está convirtiendo en parte de la agenda económica internacional.
En 2025, los sistemas educativos de todo el mundo se enfrentaron simultáneamente a la escasez de docentes, el aumento de la carga de trabajo en las escuelas, una estructura demográfica cada vez más compleja, las presiones del mercado laboral, el incremento de la desigualdad y el rápido desarrollo de las tecnologías digitales.
Además de generar capital humano, la educación se está convirtiendo en un sector cada vez más importante de la economía. El mercado de los servicios educativos está creciendo y, como demuestra la experiencia de los países más exitosos, las exportaciones educativas pueden alcanzar decenas de miles de millones de dólares. Los ciudadanos de los países BRICS consideran la educación uno de los principales valores sociales: a sus ojos, un alto nivel educativo constituye una de las garantías más importantes para alcanzar el éxito en la vida.
La especialización educativa como ventaja estructural de los BRICS
Los objetivos nacionales de cada uno de los países determinan directamente la estructura de sus programas educativos. Sin embargo, detrás de la diversidad de enfoques se observa una tendencia común: los sistemas educativos de los países BRICS avanzan cada vez más no hacia la unificación, sino hacia la complementariedad. A pesar de que persiste cierta duplicación en determinadas áreas, la tendencia principal consiste en que los Estados desarrollan centros de competencia en aquellos ámbitos en los que ya cuentan con ventajas nacionales.
Un principio fundamental de esta cooperación es el respeto a la soberanía de los países y a sus respectivas tradiciones. Para los BRICS, esto significa que los modelos educativos nacionales no son sustituidos por un modelo único, sino que sirven de base para alcanzar objetivos comunes en materia de desarrollo del capital humano. El establecimiento de vínculos educativos entre los países BRICS, así como el conocimiento de las culturas y tradiciones que contribuyen a formar la personalidad, constituyen una base sólida para las futuras relaciones entre los Estados de la asociación.
La magnitud de los sistemas educativos de los BRICS es comparable con el peso demográfico de la asociación. Durante el curso académico 2023-2024, más de un tercio de todos los niños en edad escolar del mundo vivían en los países BRICS, y más del 35 % de las escuelas del mundo se encontraban en el territorio de los Estados de la asociación. India encabeza la lista por número de alumnos en edad escolar, con más de 365 millones, seguida de China, con más de 211 millones; Brasil, con más de 53 millones; Rusia, con más de 22 millones, y Sudáfrica, con unos 20 millones. Esta base demográfica convierte cualquier reforma educativa dentro de los BRICS en un proceso de alcance mundial.
China está aplicando una estrategia para convertirse en una potencia educativa. Se trata de un plan destinado a transformar al país en una potencia educativa líder, vinculando las reformas del sistema educativo con la modernización tecnológica, la identidad nacional y la influencia global. Según datos de la Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales del Consejo de Estado de China, en 2025 las empresas estatales invirtieron 1,1 billones de yuanes (unos 163.790 millones de dólares) en investigación y desarrollo, informa Xinhua News Agency, socio de TV BRICS. La proporción de los ingresos reinvertidos en investigación alcanzó el 2,86 %. En el país operan 474 plataformas nacionales de investigación y desarrollo, en las que trabajan 1,44 millones de personas.
A través de la reforma de la política educativa nacional, India se ha fijado el objetivo de elevar al 50 % para 2035 la proporción de jóvenes con educación superior. El país apuesta por el dividendo demográfico y busca convertir a su población de más de 1.000 millones de personas en una fuerza productiva. En India, las funciones de coordinación del modelo nacional de competencias están a cargo de un ministerio específico de desarrollo de habilidades y emprendimiento. De este modo, el Estado consolida institucionalmente, al más alto nivel de gestión, el vínculo entre la educación y el mercado laboral.

Rusia, a través del programa «Prioridad 2030», está creando una red de universidades de investigación integradas en el sector productivo. Brasil invierte en agrotecnología, ya que cuenta con competencias únicas en agricultura tropical, mientras que la seguridad alimentaria se convierte en uno de los principales desafíos globales. Los Emiratos Árabes Unidos destinan recursos al sector espacial y a la inteligencia artificial para diversificar su economía nacional. Sudáfrica refuerza la formación de especialistas en minerales críticos, necesarios para la transición energética. Etiopía desarrolla su sistema de educación técnica como parte de su proceso de industrialización y del desarrollo de parques industriales.
Según un estudio del Consejo de Expertos BRICS-Rusia y del Instituto de Educación de la Universidad Nacional de Investigación «Escuela Superior de Economía» (HSE), los sistemas educativos de los países BRICS se desarrollan gracias a sus diferencias. La diversidad se convierte en un factor de crecimiento y en la base para crear modelos educativos flexibles, sostenibles y equitativos. Esta experiencia puede ser útil no solo para los países BRICS, sino también para un amplio grupo de Estados interesados en replantear sus enfoques sobre la educación escolar teniendo en cuenta sus realidades sociales, culturales e institucionales.
Esta distribución de especializaciones permite a los países evitar la creación paralela de las mismas capacidades de investigación y concentrar los recursos en aquellos ámbitos en los que ya cuentan con ventajas nacionales. Dentro de los BRICS está surgiendo un modelo distribuido de formación de especialistas, en el que las universidades comienzan a funcionar como elementos de una cadena integrada de conocimiento. En esencia, se trata de crear y desarrollar un sistema de transferencia de conocimientos multidisciplinares y un ecosistema de innovación basado en consorcios en torno a las universidades. Así es como los documentos estratégicos de las principales instituciones de educación superior plantean esta tarea.
Detrás de estos esfuerzos existe una lógica común: la cooperación en el ámbito de la educación superior se está convirtiendo en uno de los factores clave para la integración científica y tecnológica a largo plazo de los países BRICS, mediante la formación conjunta de especialistas que dentro de 15 años gestionarán las infraestructuras críticas de la asociación. Desde esta perspectiva, los programas educativos conjuntos comienzan a funcionar de manera similar a las cadenas de producción industriales: la formación de un ingeniero en un país, una estancia de investigación en otro y la implementación de un desarrollo en un tercero se convierten en eslabones de un único proceso que reduce el tiempo entre la generación de una idea y su transformación en tecnología, al tiempo que distribuye los costes entre los participantes.
En este sentido, resulta especialmente ilustrativa la experiencia de Rusia. El país trabaja para recuperar la especialización sectorial en la formación de profesionales en los niveles de grado, especialidad y máster, teniendo en cuenta las características regionales y la especialización productiva de las empresas ubicadas en cada región. Este enfoque permite formar profesionales que respondan a las necesidades del mercado laboral local y, al mismo tiempo, reforzar el capital humano de las regiones, en lugar de perderlo en favor de los grandes centros urbanos.
India ha apostado por la formación masiva de ingenieros. La red de 23 institutos tecnológicos indios se ha convertido en una marca reconocida a nivel mundial. Los clústeres farmacéuticos de Hyderabad y Pune han convertido al país en uno de los principales productores mundiales de principios activos farmacéuticos. Según datos del Ministerio de Comercio e Industria de India, las exportaciones totales de bienes y servicios del país alcanzaron en 2025 los 860.090 millones de dólares, lo que supone un aumento interanual del 4,22 %. Las exportaciones están dominadas por los servicios de tecnologías de la información y los servicios empresariales, que representan el 55 % del componente de servicios.
Sudáfrica, que cuenta con una base de recursos única, se enfrenta a una reducción de la financiación de la ciencia. Según el informe nacional de 2025, el gasto en investigación y desarrollo descendió hasta el 0,61 % del PIB, mientras que la contribución del sector empresarial a la investigación científica también está disminuyendo. Esto genera el riesgo de una mayor dependencia de tecnologías extranjeras en un sector fundamental para la transición energética mundial.
Los Emiratos Árabes Unidos han creado la primera universidad especializada del mundo dedicada a la inteligencia artificial y está desarrollando sus capacidades en el sector espacial. Etiopía está desarrollando un sistema de educación técnica orientado a apoyar la industrialización del país.
Cadenas tecnológicas y competencias del futuro
Si la especialización nacional determina qué competencias se desarrollan dentro de cada país, la siguiente cuestión es cómo se integrarán estas capacidades en las cadenas productivas y tecnológicas comunes de la asociación.
La estructura del futuro mercado laboral estará determinada no por profesiones aisladas, sino por cadenas tecnológicas. El principal desafío no reside en la competencia entre las personas y la inteligencia artificial, sino entre los profesionales que dominan la IA y aquellos que carecen de estas habilidades. Las tecnologías no eliminan puestos de trabajo, sino que modifican los requisitos en materia de competencias, y precisamente esta brecha está configurando una nueva estructura de la demanda laboral.
En las últimas décadas, el capital intelectual se ha convertido en un elemento fundamental del capital humano: la capacidad de generar y asimilar innovaciones. Este factor resulta decisivo para modernizar la economía y avanzar hacia nuevos paradigmas tecnológicos. En la economía actual, la educación debe considerarse no como un ámbito de gasto, sino como una inversión que determina la magnitud del crecimiento económico.
La inteligencia artificial se está convirtiendo en un elemento central de las políticas educativas. Sin embargo, las reformas siguen siendo fragmentadas y los sistemas educativos no logran adaptarse al ritmo del creciente demanda de competencias relacionadas con la IA. En muchos países persiste una brecha entre el rápido desarrollo de las tecnologías y la preparación de las escuelas y los docentes para utilizarlas.

El modelo de China en el ámbito de la IA se basa en una estrategia estatal centralizada, mediante la cual la inteligencia artificial se integra en todos los niveles del sistema educativo, desde los programas escolares y la formación docente hasta la gestión de los centros educativos y la infraestructura digital nacional. Esta política está orientada a formar profesionales para la economía digital y alcanzar el objetivo de convertir al país en una potencia educativa para 2035. La IA se está incorporando gradualmente a las políticas educativas de todo el mundo, aunque los países avanzan por vías diferentes, desde una regulación prudente hasta una acelerada carrera tecnológica.
Según datos del informe del Foro Económico Mundial, cinco sectores concentrarán el mayor crecimiento del empleo hasta 2030:
- tecnologías y transformación digital: 35 millones de puestos de trabajo;
- energías verdes: 28 millones;
- salud: 24 millones;
- educación y desarrollo de la fuerza laboral: 18 millones;
- infraestructura y movilidad: 15 millones.
Esta estructura de la demanda significa que los países BRICS deberán sincronizar sus estrategias educativas nacionales no con la situación actual, sino con las futuras tendencias del mercado laboral mundial.
Para responder a estas demandas, según el experto, las universidades deben modernizar sus planes de estudio, invertir en infraestructura digital e investigación, así como reforzar la cooperación con la industria y los socios internacionales.
La transformación digital afecta no solo al mercado laboral, sino también al propio sistema educativo. Por primera vez en la historia, las tecnologías digitales permiten personalizar la trayectoria educativa, los métodos y el ritmo de aprendizaje de cada estudiante. Las soluciones disponibles permiten superar limitaciones tradicionales, como las diferencias en el ritmo de aprendizaje de los alumnos de una misma clase, la imposibilidad de elegir al docente o el retraso de los centros de formación profesional con respecto a la industria en cuanto a equipamiento tecnológico.
Ya no se trata de formar profesionales para países concretos, sino de crear una reserva común de especialistas capaces de desarrollar proyectos a escala de toda la asociación de los BRICS. La disponibilidad de estos profesionales determina la velocidad de adopción de las tecnologías, la productividad y la capacidad de crear productos con un alto valor añadido. En la actualidad, los programas educativos se diseñan cada vez más en torno a áreas tecnológicas y no a disciplinas aisladas. Esto permite adaptar con mayor rapidez la formación de especialistas a los cambios de la economía y, al mismo tiempo, tener en cuenta las necesidades de la industria, la ciencia y el sector empresarial.
Esta es precisamente la lógica que las principales universidades incorporan a sus estrategias, orientadas a crear un nuevo tipo de universidad capaz de competir en el ámbito educativo internacional. Una de las prioridades fundamentales es la implementación de tecnologías de vanguardia aplicables a distintos sectores, así como la formación de especialistas capaces de trabajar en la confluencia de diferentes disciplinas.
Iniciativa BRICS Network University: creación de un mercado común de competencias
La materialización institucional de esta lógica fue la creación de la Red Universitaria BRICS, puesta en marcha en 2015. Actualmente, reúne a decenas de universidades en áreas prioritarias como la energía, las ciencias de la computación, la ecología y la economía. En este marco se desarrollan programas conjuntos de maestría y funcionan mecanismos de doble titulación, que constituyen no solo una herramienta de intercambio académico, sino también un instrumento para la creación de un mercado transfronterizo de profesionales altamente cualificados.
«Hoy en día, de las universidades no solo se espera que intercambien estudiantes, sino también que desarrollen conjuntamente investigaciones, tecnologías y soluciones para problemas globales comunes. Para los países BRICS, la cooperación en el ámbito de la educación superior es fundamental para formar una fuerza laboral cualificada, necesaria para la economía digital, la adaptación al cambio climático, la salud y el desarrollo industrial», considera el experto Raymond Matlala.
Según el experto, las universidades deben reforzar sus alianzas mediante investigaciones conjuntas, programas de doble titulación, intercambio de docentes y plataformas de aprendizaje digital, así como estrechar la cooperación con la industria y los gobiernos.
«Una cooperación académica más estrecha entre los países BRICS también profundizará la interacción Sur-Sur y contribuirá a generar conocimientos que respondan a las prioridades de desarrollo del Sur Global», destaca el experto.
Los mecanismos de cooperación propuestos ya van más allá de la agenda intergubernamental. Cada vez es más evidente el interés de los jóvenes por desarrollar este tipo de formatos. Para los estudiantes y jóvenes profesionales, el espacio educativo internacional se considera cada vez más parte de su futura trayectoria profesional.
Kiril Kostin destaca que la demanda de estos formatos también se refleja en el interés de los jóvenes: «Nuestros estudios muestran que esto también responde a las demandas de los propios jóvenes: entre las áreas de cooperación más solicitadas destacan los intercambios estudiantiles, los programas educativos conjuntos, los negocios y las inversiones».
A diferencia de los acuerdos intergubernamentales, las alianzas entre universidades permiten establecer vínculos profesionales duraderos entre equipos de investigación, laboratorios y futuros especialistas mucho antes de que se pongan en marcha grandes proyectos internacionales. Desde esta perspectiva, la integración educativa no sigue a la integración industrial, sino que avanza en paralelo, sentando las bases para los próximos años.
Para 2030, el número total de estudiantes que cursen programas conjuntos dentro de los BRICS podría alcanzar los 100.000.
El principal efecto económico de la Red Universitaria va mucho más allá del ámbito académico. Cuando grupos de investigación de distintos países BRICS trabajan durante años en proyectos conjuntos, se crean las condiciones para desarrollar investigaciones y tecnologías de manera colaborativa y, posteriormente, comercializar sus resultados. Es precisamente así como la educación pasa a formar parte de la economía.
La movilidad académica como instrumento de conexión tecnológica
La movilidad académica deja de ser una forma de turismo educativo y se convierte en un instrumento para armonizar estándares tecnológicos y crear un mercado común de profesionales altamente cualificados. Los países BRICS tienen la oportunidad de no importar competencias del exterior, sino desarrollarlas dentro de la propia asociación mediante programas conjuntos de maestría, dobles titulaciones y proyectos de investigación conjuntos.
Al mismo tiempo, la educación superior internacional entra en una fase de «reequilibrio»: los países líderes refuerzan simultáneamente las restricciones migratorias y pasan de una política de «puertas abiertas» a una internacionalización gestionada. Paralelamente, están surgiendo nuevos centros de atracción para estudiantes, especialmente en los países de Oriente Medio y Asia Oriental. En estas condiciones, la movilidad académica se vuelve más regulada y se redistribuye geográficamente. Para los países BRICS, esto abre una ventana de oportunidades para atraer a estudiantes talentosos.
La demanda de los empleadores: el perfil del profesional de nueva generación
La transformación del modelo educativo está cambiando los criterios con los que se evalúa a los graduados. Los empleadores consideran cada vez menos el título universitario como el principal activo. Entre las prioridades se encuentran el dominio de las herramientas de inteligencia artificial y la capacidad para trabajar con grandes volúmenes de datos. Esta exigencia hace tiempo que dejó de limitarse al sector de las tecnologías de la información y ahora resulta esencial para profesionales de la agricultura, la logística, la construcción y la gestión. La comunicación intercultural se ha convertido en una competencia fundamental para cualquier proyecto transfronterizo. La capacidad de adquirir rápidamente nuevas competencias se valora más que un conjunto básico de conocimientos.
Kiril Kostin explica en qué consisten estas competencias: «Hoy, las empresas tecnológicas internacionales necesitan profesionales que no solo dominen su especialidad, sino que también sean capaces de trabajar en la intersección de sectores, culturas y disciplinas. Entre las competencias esenciales incluiría el pensamiento crítico y sistémico, la capacidad de analizar información y distinguir los hechos de las interpretaciones, diseñar soluciones teniendo en cuenta las particularidades de cada país y región, trabajar en condiciones de incertidumbre y asumir la responsabilidad por los resultados».
Según las estimaciones del Foro Económico Mundial, el 39 % de las competencias clave quedará obsoleto para 2030. En respuesta, el 77 % de los empleadores afirma estar dispuesto a invertir en programas de formación y perfeccionamiento de sus empleados, mientras que el 81 % prevé pasar a procesos de contratación basados en competencias prácticas y no en títulos formales.
Menos del 40 % de los graduados de educación secundaria y solo la mitad de los graduados universitarios han tenido experiencia en actividades basadas en proyectos durante su formación. Al mismo tiempo, el trabajo por proyectos constituye una de las formas más eficaces de desarrollar las competencias demandadas por la economía moderna.
Kiril Kostin añade que la alfabetización digital de nuevo nivel también se está convirtiendo en un requisito indispensable: «La comunicación intercultural, el trabajo en equipo, la comprensión de las particularidades culturales y civilizatorias de los socios y el uso adecuado de la inteligencia artificial, incluida la evaluación de las consecuencias sociales y éticas de su aplicación, deben formar parte de la preparación profesional y ya están comenzando a hacerlo. Un enfoque interdisciplinario y, cada vez más, transdisciplinario en el trabajo con los estudiantes permite formar especialistas capaces no solo de adaptarse a los cambios externos, sino también de contribuir al fortalecimiento de la soberanía de su país y a la construcción de un futuro multipolar».
Al mismo tiempo, aumenta la demanda de una mayor personalización de las trayectorias educativas. Las tecnologías digitales permiten adaptar el proceso de aprendizaje a las necesidades individuales, desde la elección del ritmo de estudio hasta la configuración de un conjunto personalizado de competencias. Sin embargo, aprovechar este potencial requiere un cambio de paradigma: pasar de una formación basada en un estándar común al desarrollo de las capacidades de cada persona.
El dominio de varios idiomas —inglés, chino, portugués, ruso, hindi y árabe— se está convirtiendo en una vía directa hacia oportunidades profesionales inaccesibles para quienes solo hablan un idioma. El mercado laboral está experimentando una transformación profunda: los empleadores ya no valoran únicamente la cualificación formal, sino también la capacidad de los profesionales para integrarse en las cadenas internacionales de creación de valor. Esta capacidad determinará la competitividad tanto de los profesionales y las empresas como de economías enteras a medida que se profundice la integración dentro de los BRICS.
Barreras y limitaciones
Un análisis serio requiere reconocer las barreras existentes. La primera es la diferencia entre los estándares educativos. El título de ingeniería en Rusia y en India presenta una estructura diferente, una carga horaria distinta y un sistema de acreditación propio. La ausencia de un marco común de cualificaciones sigue siendo una importante limitación para la creación de un mercado laboral unificado.
A esto se suma un problema identificado a escala mundial: el 63 % de los empleadores considera que la falta de competencias entre los empleados constituye el principal obstáculo para la transformación digital y organizativa. Para los países BRICS, esto significa que la principal limitación ya no es el acceso al conocimiento, sino la velocidad con la que este se actualiza.
La segunda barrera es la brecha en materia de infraestructura. La dotación de laboratorios de las principales universidades de las economías en desarrollo presenta diferencias significativas. Sin inversiones conjuntas en plataformas en la nube y laboratorios virtuales, esta brecha corre el riesgo de consolidarse y convertirse en una limitación estructural para la integración.
El tercer desafío es de carácter lingüístico. Para crear un espacio educativo verdaderamente integrado, es necesario desarrollar programas en portugués, hindi, chino, árabe y ruso. De lo contrario, este espacio seguirá siendo un proyecto limitado a un reducido sector de habla inglesa. A ello se suma la considerable distancia cultural entre los países BRICS, cuya superación requiere medidas específicas para desarrollar competencias interculturales.
Otro desafío es la financiación. A mediados de la década de 2020, el sector educativo afronta una nueva etapa de presión financiera: en los países de la OCDE disminuye el gasto por estudiante, se reduce la ayuda internacional y aumentan los costes de las universidades.
Entre los desafíos comunes para los países BRICS se encuentran la pérdida de docentes, la necesidad de promover la inclusión, la diversidad lingüística, el diálogo intercultural y la integración de los migrantes.
La creación de un espacio educativo común de los BRICS requiere no solo voluntad política, sino también importantes cambios institucionales, entre ellos la armonización de los estándares, la financiación conjunta de infraestructuras y la creación de un entorno educativo multilingüe.
Potencial y perspectivas: la educación como eje de la integración
Se espera que para 2030 la participación de los BRICS en el PIB mundial supere el 50 %. Una economía de esta magnitud necesitará un sistema propio de formación y renovación de profesionales. Este sistema ya se está desarrollando mediante laboratorios conjuntos, programas en red, dobles titulaciones y proyectos de investigación compartidos.
Uno de los principales indicadores de este cambio es la actividad en materia de patentes. Según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), en 2024 China presentó 1,795 millones de solicitudes de patente. India registró 143.700 solicitudes, lo que supone un aumento de más del 30 %. Rusia, según datos de Rospatent correspondientes a 2025, presentó 48.327 solicitudes de invenciones y modelos de utilidad, mientras que el número de patentes incorporadas a la actividad económica aumentó un 25 %, hasta alcanzar las 6.000. Brasil alcanzó su mejor resultado desde 2016, con casi 30.000 solicitudes. La patente se convierte en un activo cada vez más valioso que una fábrica: la mayor parte del valor añadido se genera no en la etapa de producción masiva, sino en la fase de desarrollo.
La sostenibilidad de este modelo depende del estado de la ciencia básica. Las universidades que realizan investigaciones de nivel internacional cumplen una doble función: no solo generan conocimiento, sino que también forman, a través de proyectos de investigación, a una nueva generación de especialistas que posteriormente contribuyen a crear una comunidad de innovadores en la economía y la sociedad.
Al mismo tiempo, en el mundo se está reforzando una lógica supranacional en las políticas educativas: las distintas regiones elaboran sus propias estrategias de desarrollo educativo a largo plazo, sin limitarse a los marcos nacionales. Entre las iniciativas más destacadas se encuentran la Estrategia Continental de Educación para África 2026-2035 y el Plan de China para convertirse en una potencia educativa líder, que plantean transformaciones sistémicas en sus respectivas regiones. Los BRICS reúnen a países que participan en ambas trayectorias estratégicas de desarrollo educativo, lo que crea oportunidades adicionales para coordinar las políticas en este ámbito.
La experiencia de numerosos países de los BRICS confirma que la formación de especialistas resulta más eficaz cuando los empleadores participan activamente. Esto es especialmente relevante en sectores complejos y de alto valor añadido, como la industria espacial, la industria alimentaria y la economía digital.
Sin embargo, la aplicación de estos planes conlleva riesgos que los responsables de las estrategias universitarias dividen en externos e internos. Los externos están relacionados con el ritmo de crecimiento de las economías mundial y nacionales. Los internos se dividen en riesgos organizativos y de gestión, por un lado, y riesgos relacionados con los proyectos, por otro. El desafío más acuciante es la escasez de especialistas altamente cualificados en tecnologías de la información y de estructuras capaces de acompañar la aplicación de tecnologías digitales avanzadas. Entre las medidas para reducir estos riesgos se encuentran mejorar la eficiencia de la gestión universitaria, reforzar la sostenibilidad financiera y desarrollar sistemas internos de evaluación y asesoramiento especializado.
Los países de la asociación cuentan con diferentes escuelas científicas, recursos y competencias industriales. Su integración a través de redes universitarias permite crear no solo un sistema de formación de profesionales, sino también un mecanismo para generar conocimiento, tecnologías e innovaciones.
Raymond Matlala subraya que las universidades de los BRICS deberían ampliar los programas conjuntos de titulación, las alianzas de investigación, la movilidad estudiantil y los sistemas de reconocimiento de créditos académicos.
«Al trabajar juntos, pueden formar graduados capaces de impulsar la innovación, el crecimiento económico y el desarrollo sostenible en toda la comunidad de los BRICS», considera el experto Matlala.
En gran medida, la arquitectura de la economía mundial de las próximas décadas dependerá de la capacidad de los países BRICS para crear un espacio común de formación de investigadores, ingenieros y emprendedores.
Material elaborado por Vajit Niyázov.
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