Columna: Cerrar una embajada es una decisión política
Por: Osvaldo Canales
Periodista chileno en Irán
El medio Cooperativa publicaba el 29 de septiembre de 2015 que Chile había expresado a Irán su deseo de reabrir la embajada en Teherán, información que el Ministerio de Relaciones Exteriores confirmaba.
Once años más tarde, esta decisión de Estado cambia.
El Gobierno de José Antonio Kast, argumentó razones de seguridad y reorganización diplomática, para anunciar el cierre de la embajada en Irán, pero aclaró que la decisión no significa un cese de las relaciones diplomáticas entre ambos países, que se remontan a 1942.
Soy Osvaldo Canales, un chileno que vive en Irán desde hace casi nueve años, y en mi cado, una noticia de este tipo no queda simplemente en el anecdotario.
He pasado las recientes dos guerras en este país, y la representación diplomática fue mucho más que una dirección en Teherán, la capital.
Para los chilenos que hemos vivido el horror de las decisiones de iniciar conflictos bélicos, como lo hicieron Estados Unidos e Israel en junio de 2025 y el 28 de febrero de 2026, esta determinación implica un giro en las decisiones que, para un Estado como Chile, se suelen tomar.
Puede haber más lecturas en esta forma de plantear el cierre de una embajada.
¿Es esta una forma de enfrentar la presión de los aranceles que suele utilizar Washington? ¿Es un mayor alineamiento con Estados Unidos e Israel?
De ser así, esto sería preocupante. Chile históricamente ha defendido la independencia de su política exterior y la capacidad de Santiago para plantear posiciones propias frente a asuntos tan delicados como la situación en Palestina o los conflictos que hoy enfrenta Asia Occidental.
Hay misiones de otros países que, durante las guerras, han suspendido sus funciones por temas de seguridad, pero no las han cerrado. Además, hubo chilenos como yo que, en tiempos de bombardeos, tuvimos la opción de solicitar un salvoconducto u otro documento en caso de tener que salir.
Hoy, esos trámites se anexan a la misión de Chile en Ankara, Turquía.
Cuando los espacios aéreos se cierran y la alternativa es trasladarse por tierra, eso puede tardar, en el mejor de los casos, unas 10 o 12 horas, con el peligro que esto puede conllevar.
No se trata de llorar sobre la leche derramada. En mi caso, más bien, es agradecer al personal, encabezado en esta última etapa por el encargado de Negocios de Chile en Irán, Sergio Toro, y por el personal iraní, que siempre fue muy amable. Porque, en tiempos de guerra, estuvieron presentes mucho más allá de un tema administrativo.

