Chile profundiza la cooperación militar con Inglaterra

La relación bilateral entre Chile y el Reino Unido ha cruzado un umbral que trasciende lo protocolar

Chile profundiza la cooperación militar con Inglaterra

La relación bilateral entre Chile y el Reino Unido ha cruzado un umbral que trasciende lo protocolar. Mientras los cancilleres Francisco Pérez Mackenna y Ed Miliband acordaban en Londres elevar el vínculo a un “nuevo nivel de asociación estratégica” —con ejes en minerales críticos, inversiones, comercio y geopolítica regional—, en el plano de la defensa se consolidaba una agenda que combina una oferta industrial sin precedentes, ejercicios militares de élite y una memoria histórica que se remonta a la fundación misma de la Armada chilena.

El Ciudadano

El comercio bilateral, que alcanzó los 1.196 millones de dólares en 2025, actúa como telón de fondo de una cooperación que ahora busca traducirse en capacidades tecnológicas y presencia estratégica en el Cono Sur.

El salto industrial: fragatas Arrowhead 140 “construidas en Chile, con chilenos y para Chile”

El movimiento más tangible llegó desde el sector privado. A inicios de octubre, Sir Nick Hine, exvicealmirante de la Royal Navy y director ejecutivo de Babcock International, presentó a la Armada de Chile una propuesta para construir localmente fragatas Arrowhead 140 en los astilleros de ASMAR, con transferencia de tecnología y participación de la industria naval nacional.

Arrowhead 140

La Arrowhead 140 es el diseño base de las nuevas fragatas Type 31 de la Royal Navy: 138,7 metros de eslora, cerca de 5.700 toneladas de desplazamiento, velocidad superior a los 28 nudos y una dotación base de 100 personas ampliable a 160. Babcock ya ha desplegado esquemas similares en Polonia (programa Miecznik, tres unidades) e Indonesia (cuatro licencias, con la primera en construcción), donde los buques se fabrican localmente con ingeniería británica.

La oferta incluye además el concepto ARMOR Force, que concibe a la fragata como buque de mando de plataformas de superficie no tripuladas, una visión de fuerza híbrida que amplía las capacidades de la escuadra.

Hine fue explícito sobre el alcance de la propuesta: “Esto se trata de construir barcos en Chile, con chilenos y para Chile”, afirmó, añadiendo que “transferir nuestras habilidades a Chile permitiría que se convierta en una potencia en construcción de fragatas”. Las conversaciones, sin embargo, están en etapa inicial: no hay contrato firmado, ni número de cascos definido, ni calendario.

La propuesta encaja con la Política Nacional de Construcción Naval 2025-2040 y llega en un momento crítico: la Escuadra Nacional opera ocho fragatas de cuatro clases distintas, de origen británico, holandés y australiano, con edades promedio de entre 30 y 35 años, varias modernizadas por ASMAR en Talcahuano.

Ejercicios y doctrina: la cooperación que se entrena en el terreno

La profundización militar no se agota en la oferta industrial. En el ámbito terrestre, una patrulla de la VI División del Ejército de Chile obtuvo medalla de plata en el Cambrian Patrol 2025, el exigente ejercicio organizado por el British Army en los montes Cambrian de Gales. La prueba, creada en 1960, reunió a alrededor de 140 equipos de 40 países y exige recorrer 60 kilómetros con 32 kilos de equipo y un fusil SA 80, enfrentando evaluaciones de liderazgo, navegación, primeros auxilios de combate, cruce de campos minados y asalto a posiciones enemigas.

En el plano naval, la Royal Navy participa regularmente en el ejercicio multinacional UNITAS liderado por Chile, y las armadas de ambos países mantienen reuniones bilaterales de Estados Mayores cada dos años. La X Reunión se celebró en Valparaíso en abril de 2025, donde se acordó reforzar intercambios profesionales y se ofreció apoyo británico para la construcción naval chilena.

Capítulo de memoria: dos siglos de una relación naval fundacional

La cooperación militar entre Chile y el Reino Unido no es un fenómeno reciente. Es, en buena medida, la columna vertebral de la identidad de la Armada chilena.

La relación “tiene más de 200 años”, según la Revista Marina. Comenzó en 1818, cuando Lord Thomas Cochrane llegó a Chile para comandar la flota recién creada y la condujo a victorias decisivas que consolidaron la independencia. Cochrane no solo legó triunfos: dejó en la Armada chilena “tradiciones y una cultura que aún se mantienen después de dos siglos”. Bajo su mando y el de sus capitanes, muchos de ellos de origen británico, Chile no solo eliminó la presencia naval española en el Pacífico sur, sino que construyó una fuerza que dominaría la región durante el siglo XIX.

Esa huella se prolongó en los nombres y en el material. Apellidos como Williams, Lynch, Condell, O’Brien, Thompson y Wilson se integraron a la oficialidad naval chilena, y la Armada se equipó principalmente con buques de construcción británica. Durante buena parte del siglo XIX y hasta la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido fue el principal socio comercial de Chile, lo que reforzó el vínculo naval.

El siglo XX trajo hitos como el acorazado Almirante Latorre, un super dreadnought construido en Newcastle upon Tyne en 1915, que simbolizó la ambición naval chilena financiada por el ciclo del salitre. En las décadas siguientes, la Armada operó fragatas clase Leander, destructores clase County y otras unidades de origen británico.

El puente hacia la era contemporánea se tendió en 2005-2007, cuando Chile adquirió tres fragatas Type 23 a la Royal Navy en el marco del proyecto Puente III. Las unidades británicas HMS Norfolk, HMS Marlborough y HMS Grafton fueron rebautizadas como Almirante Cochrane, Almirante Condell y Almirante Lynch, y siguen en servicio activo. La Cochrane, por ejemplo, entró en servicio en la Royal Navy en 1989-1990 y fue posteriormente transferida a Chile.

Esa continuidad explica por qué la oferta de Babcock no parte de cero. La Armada chilena ya opera material británico, lo moderniza en ASMAR y mantiene una interlocución fluida con la Royal Navy. La Arrowhead 140 sería el siguiente eslabón de una cadena que comenzó con Cochrane y que hoy se proyecta como una alianza industrial.

El contexto geopolítico: Malvinas, Magallanes y la ruta del Danstar

La profundización de la cooperación militar ocurre en un escenario regional cargado de señales. La reunión de los cancilleres en Londres coincidió con la persistencia de tensiones entre el Reino Unido y Argentina por las Islas Malvinas, y con la inminente apertura de una ruta comercial marítima privada entre Punta Arenas y las islas, que será inaugurada por el buque chileno Danstar —de la empresa Easter Island Naviera— con un primer viaje previsto para diciembre.

El embajador británico en Chile, David Concar, visitó Punta Arenas y defendió la iniciativa como un “asunto estrictamente comercial y privado”, mientras Argentina ha expresado preocupación por el posible apoyo logístico a la explotación petrolera en las islas. Chile ha reafirmado su histórico respaldo a la soberanía argentina sobre Malvinas, pero también ha defendido el derecho de Magallanes a mantener vínculos comerciales.

En ese contexto, la oferta de fragatas, los ejercicios conjuntos y la elevación de la asociación estratégica suman peso específico a la posición chilena en el Cono Sur, al tiempo que consolidan una relación de defensa que ya tiene anclaje en la industria, la doctrina y la memoria.

La cooperación militar entre Chile y el Reino Unido enfrenta ahora su prueba más ambiciosa: transformar una relación histórica de comprador-vendedor en una alianza industrial y tecnológica. Si la propuesta de Babcock prospera, Chile no solo renovaría su escuadra: sentaría las bases para convertirse en un actor relevante en la construcción naval del Pacífico sur. Y lo haría con un socio que, dos siglos después de Cochrane, sigue presente en la doctrina, el material y la formación de sus fuerzas armadas.

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