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Lo que está en juego en Brasil: Cinco claves de una elección con impacto mundial

"Brasil, la décima economía del planeta y el país con mayor biodiversidad, alberga la mayor parte de la selva amazónica y cuenta con la mayor disponibilidad de agua dulce renovable, además de enormes reservas de minerales estratégicos. Esas riquezas sitúan al país en el centro de disputas económicas y militares entre potencias".

Lo que está en juego en Brasil: Cinco claves de una elección con impacto mundial

Por Anjuli Tostes, abogada y licenciada en Relaciones Internacionales

La segunda vuelta presidencial de este domingo en Brasil tiene una dimensión mundial.

Brasil, la décima economía del planeta y el país con mayor biodiversidad, alberga la mayor parte de la selva amazónica y cuenta con la mayor disponibilidad de agua dulce renovable, además de enormes reservas de minerales estratégicos. Esas riquezas sitúan al país en el centro de disputas económicas y militares entre potencias.

Tras una primera vuelta en la que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% de Lula, el resultado definirá quién decide sobre ellas y al servicio de qué intereses se utilizan.

Ese poder de decisión comienza por las condiciones en que la ciudadanía elige a sus gobernantes. Mensajes internos de empleados de Meta reconocen restricciones que perjudicaron las cuentas de Lula y señalan recomendaciones algorítmicas favorables a Flávio Bolsonaro.

La empresa atribuye estos episodios a fallas técnicas y niega una intervención deliberada, pero lo ocurrido muestra cómo una corporación extranjera puede condicionar la información que llega al electorado.

La soberanía brasileña está, por tanto, en juego tanto en el proceso electoral como en las decisiones del próximo gobierno. Cinco cuestiones permiten comprender el alcance de esta elección.

Primero, la concentración del poder y los riesgos para la democracia.

La derecha ya conquistó una posición dominante en el Congreso, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Si gana Flávio Bolsonaro, podría sumar la Presidencia y nombrar a varios integrantes del Supremo Tribunal Federal, la más alta corte del país, que decide sobre la constitucionalidad de las leyes, la protección de los derechos fundamentales y los límites del poder del Estado.

Con un Senado favorable, también tendría más fuerza para impulsar la destitución de ministros de esa Corte. El riesgo es debilitar los contrapesos que permitieron contener el autoritarismo de su padre, condenado por intentar un golpe de Estado.

Además, anunció que utilizará esa mayoría para cambiar la Constitución y, en sus palabras, “redemocratizar” el país, sin precisar qué entiende por ello.

Cabe recordar que la Constitución brasileña de 1988 fue una conquista de la transición democrática tras la dictadura militar y consagró amplias garantías civiles y sociales, como el derecho universal a la salud, la gratuidad de la educación pública, los derechos laborales y la protección del medioambiente y de los pueblos indígenas.

Segundo, las condiciones de vida. Lula propone sostener la inversión pública y los programas sociales como motores del crecimiento. Flávio plantea recortes de miles de millones de reales y un nuevo techo de gasto.

Su coordinadora económica presenta como ejemplo el modelo de Milei, bajo el cual la pobreza volvió a subir en 2026, hasta el 32,3%, y ya alcanza al 44,5% de los niños.

Brasil ya conoce las consecuencias del retroceso social: durante el gobierno de Jair Bolsonaro, volvió al Mapa del Hambre de la ONU, del que salió nuevamente en 2025, con Lula y la recuperación de las políticas de seguridad alimentaria.

Tercero, el control de los recursos estratégicos. Brasil posee la segunda mayor reserva mundial de tierras raras, utilizadas en la fabricación de productos que van desde teléfonos celulares hasta sistemas de guiado de bombas y misiles.

Estos minerales son estratégicos para sostener la industria militar estadounidense y su carrera armamentista, en un contexto de guerras y disputa tecnológica con China. Para Brasil, está en juego quién explota esa riqueza, a qué intereses sirve y dónde quedan la tecnología, el empleo y las ganancias.

Cuarto, el futuro de la Amazonía. Flávio ya presentó un proyecto para eliminar la obligación de conservar vegetación nativa en propiedades rurales. Ahora propone conceder licencias ambientales automáticamente si las autoridades no responden dentro de un plazo y promete eliminar lo que llama “trabas ambientales”.

Bajo el discurso de reducir la burocracia, estas medidas debilitan los controles y abren camino a una mayor devastación de la selva, con consecuencias para todo el planeta.

Esta orientación contrasta frontalmente con la política ambiental del gobierno de Lula, que redujo la deforestación en la Amazonía al nivel más bajo jamás registrado y defiende un modelo de desarrollo que genere ingresos manteniendo “la selva en pie”.

Quinto, la soberanía y el alineamiento con Estados Unidos. Aquí se dirime si Brasil podrá gobernar sus bienes comunes naturales, elegir sus alianzas y conducir su política exterior sin subordinarse a intereses extranjeros.

Flávio propone un acercamiento ideológico, político y militar a Washington, con la integración de Brasil al “Escudo de las Américas”, impulsado por Trump. Ese alineamiento automático abandona la política exterior activa y altiva de Lula y favorece la agenda de confrontación y guerras de Estados Unidos.

La combinación de recursos minerales y subordinación diplomática refuerza esa maquinaria bélica y debilita el papel de Brasil como contrapunto multipolar junto a los BRICS.

En América Latina, ese giro alteraría, además, el equilibrio de poder regional.

Con Lula, Brasil representa un contrapeso al avance de gobiernos alineados con Trump y, junto con México, sostiene un espacio de autonomía regional.

Una victoria de Flávio Bolsonaro pondría el peso de la mayor economía sudamericana al servicio de ese bloque de derechas y reforzaría una lógica de subordinación que compromete la soberanía de estos países, tratados por Washington como protectorados antes que como Estados independientes, en el marco de la llamada “doctrina Donroe”, con la que Trump reivindica la hegemonía estadounidense sobre el hemisferio.

El alcance de esta elección exige atención y solidaridad más allá de las fronteras brasileñas.

Una victoria del bolsonarismo daría nuevo impulso a un proyecto de poder que combina el debilitamiento de las garantías democráticas, la explotación depredadora de los bienes comunes naturales y la subordinación a Washington.

Apoyar la reelección de Lula significa enfrentar ese avance y preservar las condiciones para que Brasil contribuya a un orden internacional más autónomo y pacífico.

La defensa de la democracia, de la vida y de la capacidad de los pueblos para decidir su futuro convierte la elección brasileña del próximo 25 de octubre en una cuestión civilizatoria.

Anjuli Tostes es abogada brasileña y licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Brasilia (UnB), vicepresidenta de la Asociación de Juristas por la Democracia de Chile (AJD) y socia fundadora de la Asociación Brasileña de Juristas por la Democracia (ABJD).

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