«Lo premió la crítica literaria chilena: ¡qué buena!» Redolés y su merecido Premio Jorge Teillier 2026

"La oralidad siempre fue parte del poema. La música no vino después a decorarlo. El humor no le quitó gravedad a la memoria. El barrio, la cárcel, el exilio, los muertos, los chistes, los garabatos y las voces de otros también podían formar parte de una poética. Por eso Redolés calzaba tan bien con los criterios del Teillier. El premio buscaba una obra original, reconocible, relevante para la poesía chilena y vinculada con la memoria histórica y la justicia social".

«Lo premió la crítica literaria chilena: ¡qué buena!» Redolés y su merecido Premio Jorge Teillier 2026

Por Osvaldo Carvajal M., académico Licenciatura en Letras y Director de Vinculación con el Medio – Facultad de Educación y Humanidades U. Andrés Bello

Mauricio Redolés acaba de ganar el Premio Nacional de Poesía Jorge Teillier 2026. La noticia tiene un componente de justicia porque el autor lleva medio siglo circulando por la cultura chilena y, sin embargo, todavía parecía necesario recordar una obviedad: antes que músico, rockero, cronista, humorista o personaje contracultural, Redolés fue —y sigue siendo— poeta.

Sus primeros libros aparecieron antes que sus discos. Poema Homenaje a los caballos muertos en las cien mil batallas más importantes de la historia de los caballos se publicó en Londres en 1980; Poemas Urgentes, en 1982; Notas para una contribución a un estudio materialista sobre los hermosos y horripilantes destellos de la (cabrona) tensa calma, en Budapest en 1983; Chilean Speech / Shilean Espich, nuevamente en Londres, en 1986.

En 1983, una lúcida Soledad Bianchi incluyó quince poemas suyos en Entre la lluvia y el arcoíris, una antología fundamental para pensar la poesía chilena escrita en el exilio. Después vino la música y, con ella, una especie de trampa.

El poeta tomó el micrófono y sus versos se mezclaron con rock, cueca, bolero, punk, radioteatro, voces de barrio y público respondiendo desde abajo del escenario. Mientras más reconocible se volvía Redolés para su tribu, más distante parecía quedar de la poesía.

Tras haberlo invitado nuestro director Jorge Cáceres para el Día del escritor y haberlo entrevistado la profesora Fernanda Moraga en el estudio de radio de Campus Creativo el 2025, este año desde la Licenciatura en Letras de la Universidad Andrés Bello decidimos postularlo al Jorge Teillier.

Me tocó preparar esa candidatura y, al ordenar libros, antologías, artículos, tesis, premios y lecturas, ocurrió algo bastante interesante: no había que construir una trayectoria poética para que Redolés calzara con el premio. Había que despejar todo lo demás para verla.

Algo parecido habíamos hecho con mi colega Nicolas Román en el dossier “Contracultura, memoria y política. Mauricio Redolés: 50 años de rock y poesía”, publicado este año en Revista de Humanidades.

Allí, seis investigaciones volvieron sobre su obra desde la memoria, la autobiografía, lo punk, el humor, la experiencia histórica y la intermedialidad.

Mi presentación partía justamente de esa rareza: ¿cómo alguien tan presente en la cultura chilena podía haber recibido tan poca atención sostenida desde los estudios literarios? La respuesta quizá estaba delante nuestro.

Redolés no ha sido fácil de analizar porque su obra nunca quiso quedarse quieta en una sola parte. En Estar de la poesía o el estilo de mis matemáticas, por ejemplo, aparecen voces ajenas, autobiografía, habla cotidiana, humor, memoria y oralidad. El poema no está solamente escrito: también suena.

Yanko González lo vio hace años cuando leyó esa poética como una fricción con la ciudad letrada y con una idea demasiado estrecha de lo que podía ser la poesía.

Durante el 2026 comenzaron además a juntarse varias piezas. Se reeditaron en facsímil Notas para una contribución a un estudio materialista sobre los hermosos y horripilantes destellos de la (cabrona) tensa calma y Chilean Speech / Shilean Espich, dos libros del exilio que durante décadas casi no circularon en Chile.

Apareció el dossier, mediante el cual la academia comenzaba a compensar un injusto olvido de su obra. Redolés volvió a ser invitado a universidades y encuentros a hablar no solo de música, sino de poesía. Y ahora llega el Premio Jorge Teillier.

No creo que un premio venga a corregir medio siglo de historia literaria. Tampoco que Redolés necesitara una medalla para demostrar que era poeta. Pero el premio sí obliga a mirar de nuevo su obra.

Y al hacerlo aparece algo que quizá demoramos demasiado en reconocer: aquello que dificultaba su entrada al campo literario era justamente la singularidad de su proyecto. La oralidad siempre fue parte del poema. La música no vino después a decorarlo. El humor no le quitó gravedad a la memoria. El barrio, la cárcel, el exilio, los muertos, los chistes, los garabatos y las voces de otros también podían formar parte de una poética.

Por eso Redolés calzaba tan bien con los criterios del Teillier. El premio buscaba una obra original, reconocible, relevante para la poesía chilena y vinculada con la memoria histórica y la justicia social. En su caso, esas dimensiones no hubo que construirlas retóricamente para el formulario: estuvieron siempre en la obra.

En “¿Quién mató a Gaete?”, Redolés decía que al Gaete lo había matado la crítica literaria chilena. Esta vez, a él le pasó algo distinto: lo premió la crítica literaria chilena. Qué buena…

Osvaldo Carvajal M.

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