Juan Falú en Chile: «Cada vez es más urgente defender el silencio en la música»

El connotado guitarrista y compositor argentino ofrecerá esta semana una serie de recitales en Santiago, Viña del Mar, Valparaíso y Osorno con motivo de la celebración de los 60 años de una carrera iniciada en su natal Tucumán

Juan Falú en Chile: «Cada vez es más urgente defender el silencio en la música»

El connotado guitarrista y compositor argentino ofrecerá esta semana una serie de recitales en Santiago, Viña del Mar, Valparaíso y Osorno con motivo de la celebración de los 60 años de una carrera iniciada en su natal Tucumán. En esta entrevista con El Ciudadano repasa el camino paralelo a la academia que lo llevó a tener una voz propia en la guitarra y a ser elevado a la categoría de maestro. Admira a varios grupos, solistas y guitarristas chilenos (entre ellos a Los Cuatro Cuartos) y manifiesta su repulsión a la inteligencia artificial y al gobierno de ultraderecha liderado por Javier Milei.

Hace una década, Juan Falú (78) visitó Chile por última vez y ahora regresa en el minuto preciso: para la celebración de sus 60 años de trayectoria artística. Destacado guitarrista y compositor, docente y formador de sucesivas generaciones de músicas y músicos argentinos, creador del Festival Guitarras del Mundo y conocido por su compromiso político, Falú es considerado un verdadero maestro de la guitarra argentina de raíz folklórica y figura referencial -y reverencial- para quienes sueñan con transitar la senda.

Su esperado retorno a Chile comprende una gira cuya primera estación será mañana martes 27 de octubre, a las 19.30 horas, en la Sala Isidora Zegers de la Universidad de Chile (aún hay entradas disponibles). Continúa con una clase magistral y concierto el 28 a las 11.45 horas en la Sala Margot Loyola del Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (IMUS PUCV) en Viña del Mar, en el marco del XIII Congreso Chileno de Musicología (entrada liberada, sin inscripción previa). Más tarde, a las 19.00 horas, Falú se presentará en la Sala IBC de la PUCV junto con la Orquesta Andina de esa casa de estudios (entrada liberada, con inscripción previa aquí). Cerrará su recorrido en el XXII Seminario Internacional de Música de las Américas, en Osorno, donde participará de distintas actividades entre el 29 y 30 de octubre.

Sobrino del guitarrista y compositor Eduardo Falú, figura tutelar de la música argentina e inspirador de una pléyade de artistas latinoamericanos, Juan asegura que, a esta altura del partido, ya no carga con la sombra de su afamado tío y que consiguió edificar una propuesta original propia con su guitarra que integra tradición y vanguardia. 

Ganador de numerosos premios en su país -incluidos el Premio Nacional de Música y el Premio Gardel- y autor de más de 40 álbumes como solista y en colaboración, Falú ha llevado su instrumento por los confines del mundo. En su juventud militó en el peronismo de izquierda en Tucumán y durante 40 años cargó con el dolor de tener un hermano detenido desaparecido por la última dictadura -Luis Eduardo “Lucho” Falú, a quien dedicó su pieza «Vida la de Lucho»- hasta que sus restos fueron encontrados en 2016. Sufrió el exilio en Brasil y grabó su primer disco “Con la guitarra que tengo” en 1986, dos años después de volver a Argentina, lo que, según sus propias palabras, “abrió una segunda etapa en mi vida musical”.

En esta entrevista con El Ciudadano, Juan Falú repasa parte de ese camino de 60 años al margen de la academia y cincelado al calor de guitarreadas espontáneas. Al mismo tiempo, condena la irrupción de la inteligencia artificial en la música, destaca la influencia del samba-canción en su propia obra y se reconoce un “talibán” del silencio en la música.

Falú conoce de cerca la música chilena. Escuchó la obra de Los Cuatro Cuartos antes que a Violeta Parra y Víctor Jara, y ha estrechado vínculos de amistad con varios maestros en el rubro como Romilio Orellana y Luis Antonio “Chicoria” Sánchez. Ambos, más Nano Stern, serán los músicos invitados al espectáculo de mañana en la Sala Isidora Zegers. “Por mí hubiese vuelto mucho antes a Chile, porque me gusta mucho, pero a veces las agendas son anárquicas”, esgrime Falú.

– ¿Qué tipo de vínculo reconoce con la música chilena o con sus guitarristas?

– Me resulta hermosa la música chilena y la cultura chilena en general. Creo mucho en los lazos culturales que tenemos en América Latina. Soy muy consciente de cómo la cueca atravesó la cordillera, se instaló en Mendoza, atravesó por arriba y se instaló en nuestro noroeste. Yo soy provinciano de Tucumán, entonces tenemos una conciencia muy clara de nuestras afinidades culturales. Y eso se manifiesta en muchos planos: en el humor, en las comidas, en la música, en las danzas, en las vestimentas, en las artesanías. Y a mí me gusta eso porque creo que la gran unidad latinoamericana es cultural. Falta que la política la ponga en marcha nomás.

– ¿De alguna manera recibió influencia de nuestros grandes referentes como Violeta Parra? Se lo pregunto porque además de ser nuestra madre cantora, destacó también por ser una gran intérprete de guitarra, con sus anticuecas, por ejemplo.

– Sí, sí, sí. Pero yo no fui de atravesar las academias, ni de leer ni estudiar partituras, sino que soy más bien un creador espontáneo de mi propia música. Así que antes de las partituras de las anticuecas de Violeta, y de la música de Víctor Jara, escuchábamos de jóvenes a Los Cuatro Cuartos.

– ¡Qué sorpresa!

– Sí, nosotros seguíamos mucho la aparición de los grupos vocales que traían esa mezcla de conocer la tradición, pero con ideas nuevas. Me acuerdo mucho de Willy Bascuñán. Yo siempre tarareo una canción preciosa que cantaban Los Cuatro Cuartos. Se llama “El arrayán” que dice “Hay en mi tierra un lugar que se llama El Arrayán…” (canta). El vínculo con Chile viene de la infancia: una de las primeras canciones que yo aprendí fue “Yo vendo unos ojos negros”.

– Bueno, “El corralero” se escuchó mucho en Argentina. Recuerdo la versión de Hernán Figueroa Reyes…

– Sí, pero eso ya fue después cuando yo era adolescente. Siempre había temas que nos son comunes. Después empecé a estrechar vínculos con guitarristas chilenos como Romilio Orellana y “Chicoria” Sánchez. No voy a seguir nombrando porque voy a cometer el pecado del olvido (ríe). Hoy me quería acordar de un guitarrista extraordinario que está en Punta Arenas, pero la memoria me está jugando una mala pasada. Sí conocí bastante la guitarra chilena más tradicional, lo que ustedes llaman «guitarra campesina».

– No sé si conoce la guitarra traspuesta también, que se cultiva en ciertos lugares de Neuquén y de la zona más apegada a la cordillera...

– Sí, es más, tengo un libro bien voluminoso que se llama Finares Campesinos. Bueno, conocí a Ana Flores (N. de la R: ex integrante del conjunto Lonquimay con más de seis décadas dedicada a la investigación, creación y difusión de la música tradicional chilena) y a Margot Loyola. Además he tocado en La Serena, Santiago, Valparaíso, Viña, Los Ángeles, Concepción, Temuco, Puerto Montt, Valdivia. 

– Ya que nombró a Romilio y “Chicoria”, ambos junto con Nano Stern serán sus invitados mañana en la Sala Isidora Zegers. ¿Qué podemos esperar de su concierto?

– De esperar, no. Verán a un tucumano que toca la guitarra. Yo voy con el repertorio a cuestas: no lo renuevo sino que lo acumulo. Está todo ahí dentro mío y sale lo que sale. Siempre trato de mostrar un repertorio que supe interpretar tiempo atrás con otras obras que son recientes. Es tratar de mostrar un camino e intercalar también con alguna canción de mi autoría o con clásicos de nuestro folklore.

– ¿Alguna pieza chilena habrá con sus invitados?

– Algún encuentro vamos a tener. Además, sí voy a tocar una composición que dediqué justamente a Romilio y a “Chicoria”: se llama “Abrazo por cueca”.

En ese círculo cercano de guitarristas chilenos se halla Sergio Sauvalle Echavarría. Él contribuyó en alguna medida en el origen del insigne Festival Guitarras del Mundo, creado y dirigido desde 1995 por Juan Falú. Es un encuentro anual descentralizado que reúne a los mejores exponentes, hombres y mujeres, de la guitarra en el planeta, quienes se presentan en distintos escenarios dispuestos en las provincias del país vecino. La versión 32° culminó el 4 de octubre pasado.

– ¿Cómo influyó Sergio Sauvalle en el comienzo de Guitarras del Mundo?

– Habíamos estado con Sergio en un encuentro en Alsacia, en ocasión de los 500 años de la llegada de los españoles a América. O sea, estamos hablando de 1992. Era un encuentro de la guitarra de las tres Américas, donde había una mirada crítica del papel del conquistador. Y ahí decidimos que sería bueno empezar a armar encuentros en América Latina. Me parece que Sergio armó el primer festival en Chile primero, y luego comenzó Guitarras del Mundo con la misma idea. La marca es tener presente guitarras que representen las culturas de los pueblos. Pero no excluimos la guitarra clásica. Tratamos de abarcar todos los lenguajes: el jazz, el flamenco, el tango, el rock. Pero si viene un chileno, pedimos que toque música chilena. El año pasado y en otras versiones vino “Chicoria”. También Luis Orlandini (N. de la R: recientemente galardonado con el Premio Nacional de Artes Musicales 2026).

«Es un vínculo (con la guitarra) cada vez más tranquilo y más profundo. Sin urgencias, sin sentir un desafío permanente, sin nervios. Es como haber llegado a una meseta de calma. Me parece que uno aprende a tocarla cada vez más cariñosamente. Y eso pienso yo que se debe manifestar en la interpretación. Y es una relación más segura».

Fotos: Diego Armando Susan.

“No estoy a la sombra de nadie”

Juan Falú cifra sus comienzos en la música en 1966 cuando siendo un joven de 18 años se presentó en el salón de la Caja Popular de Ahorros de Tucumán. Allí tocó una zamba tradicional de su tierra, «El cañaveral”, que había sido grabada por su tío Eduardo Falú. Poco después entró a estudiar psicología clínica, profesión que alcanzó a ejercer apenas dos años hasta el golpe de 1976.

– Con la sabiduría que entregan los años, ¿qué le diría a ese joven que se subió a un escenario por primera vez hace 60 años en Tucumán?

– ¡Mirá qué pregunta original que me hiciste! Le diría que se quedara tranquilo, que el camino se va a hacer y que va a ser enriquecedor. No siempre es manso el camino y a veces hay angustias, preocupaciones. Le diría eso. Que espere con tranquilidad y con esperanza el camino que se va a recorrer. 

– ¿Y qué tipo de relación se adquiere con la guitarra cuando se está 60 años a su lado? ¿Cuál es el vínculo que tiene con la guitarra? 

– Es un vínculo cada vez más tranquilo y cada vez más profundo. Sin urgencias, sin sentir un desafío permanente, sin nervios. Es como haber llegado a una meseta de calma. Me parece que uno aprende a tocarla cada vez más cariñosamente. Y eso pienso yo que se debe manifestar en la interpretación. Y es una relación más segura. Claro que sí.

Falú fue artífice de dos carreras en Argentina: Licenciatura en Música Argentina en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y Folklore y Tango en el Conservatorio Manuel de Falla. En ambas instituciones académicas el guitarrista ejerció la docencia. Pero su recorrido de aprendiz lo hizo de la mano de guitarreadas, peñas y rondas espontáneas de canto.

– ¿Qué podría describir de ese ambiente y cuánto le ayudó a tener una voz propia en la guitarra? 

– Mucho, porque fue mi escuela. Yo estoy consciente de lo que me falta, que es el recorrido académico y profundizar las cuestiones técnicas del instrumento. Pero también soy consciente de lo que tengo: ese otro recorrido que es más vivencial, es más un modo de vivir la música. Me gusta eso porque genera unos vínculos muy poderosos. En esa travesía de las reuniones donde la amistad se mezcla con la música, se genera un enorme cuidado por la escucha respetuosa y silenciosa. Esas reuniones me marcaron mucho. Y, bueno, también me hice medio talibán en el sentido de que no puedo tocar si hay algún cortocircuito en el ambiente. 

– Es muy importante para usted el silencio, ¿no? El silencio tanto del público como el silencio mismo que usted demuestra en la guitarra. 

– Sí, pero tiene que ser importante para todo el mundo, realmente. Yo creo que cada vez se hace más urgente defender la pausa y el silencio porque justamente a la música la están usando para llenar todos los espacios y los tiempos, o sea, para anular la posibilidad del silencio. Y eso es un tema que a mí me parece de urgente concientización.

– Sobre todo también por la asunción de la inteligencia artificial, imagino. No sé si usted tiene una mirada respecto de eso. 

– Sí, la odio. No sé si es una mirada muy objetiva. Odio porque uno odia lo que le asusta. Bueno, a mí me asusta.

– ¿Le asusta que se hagan canciones con inteligencia artificial, por ejemplo?

– No, no, eso ni hablar, ni hablar. Yo una vez la provoqué para mostrar que puede fallar. Y le pedí que me escriba al estilo de Borges con un tema determinado y me mandó puras estupideces. Utiliza frases o giros borgeanos, pero no es Borges. Desgraciadamente sustituye el pensamiento humano en muchos planos. Y eso es asustador.

– ¿Qué le ocurre a usted cuando lo tildan de maestro? Porque no debe ser fácil ser Falú y dedicarse a la música en Argentina, teniendo esa sombra tan grande de su tío, que fue tan influyente no sólo allá sino también acá en Chile para muchos músicos. Horacio Salinas, por ejemplo.

– Y yo también reconozco esa influencia, porque ha sido muy grande. Fui aprendiendo a aceptar la mirada que me viene de afuera. Y ahora que puedo mirar hacia atrás hacia mi propio camino, creo que hice mis méritos. Con mucho trabajo, mucho compromiso. No aflojé nunca ni en el terreno de la composición, de la transmisión, de la docencia, de generar encuentros, de tocar. Y siempre he defendido una mirada que sea integradora del ayer y del mañana en cuanto a la música. Y me mantengo con esas premisas. No estoy a la sombra de nadie, sino que he hecho un camino. Suelo decir que Falú es el desafío y el mandato de ser músico, y Juan es el modo de vivir la música. 

– Entonces le queda bien el título de maestro. Digamos que lo acepta… 

– Lo acepto, pero no me he visto con ese personaje, con ese título. No me gusta la gente que se pone un personaje encima. Prefiero que sea un calificativo natural que responde a un camino recorrido. 

Mañana Juan Falú se presentará en la Sala Isidora Zegers y promete algunos cruces con sus invitados chilenos.

«No aflojé nunca ni en el terreno de la composición, de la transmisión, de la docencia, de generar encuentros, de tocar. Y siempre he defendido una mirada que sea integradora del ayer y del mañana en cuanto a la música. No estoy a la sombra de nadie, sino que he hecho un camino. Suelo decir que Falú es el desafío y el mandato de ser músico, y Juan es el modo de vivir la música».

Las marcas del exilio

El exilio de ocho años de Juan Falú en Brasil tuvo esa contracara del duelo por su hermano Lucho y el estreno de su oficio como compositor, donde se mezclaban los aires de su tierra tucumana que había tenido que dejar forzosamente y los sonidos de la música brasileña. De hecho, todas las canciones de su primer disco fueron compuestas en Brasil.

– Desde afuera se logra apreciar otra mirada a la tierra a la que pertenece uno, y en tantos años de exilio imagino que recibió influencia de la música brasilera. ¿Cree que se traspasó eso a su manera de tocar, de interpretar, de sentir la música?

– Sí, todo lo que decís es tal cual. La mirada sobre uno mismo, sobre la propia vida, es imprescindible en la situación del exilio. La nostalgia de la tierra seguramente fue la fuente de mis composiciones, porque yo no componía mucho cuando me fui. Había compuesto de manera aislada, pero allá en Brasil surgió una explosión de ideas, haciendo folklore argentino: vidalas, zambas, chacareras, gatos, cuecas, milongas, tonadas. Y también es cierto que, aunque yo no me lo haya propuesto, incorporé una estética musical. Y en buena hora, porque es maravilloso el mundo musical brasilero. Y creo que de esa estética asimilé más la que tiene un tono melancólico, como el samba-canción.

– Eso le iba a preguntar, si había un género específico…

– Sí, los valses lentos brasileños, el samba-canción, mucho más allá que lo que se asocia más al Brasil, visto desde lo más difundido: es el samba, el carnaval, el bossa nova. Por supuesto que me encanta, pero estoy consciente de que en mi propia musicalidad hay una vertiente de una melancolía musical brasileña. 

– Y la voz, ¿cuándo aparece? Porque usted siempre es descrito como guitarrista, pero pocas veces como guitarrista y cantor.

– Es que hago terapia, entonces cuando hago terapia, si canto feo a mí ya no me importa (se ríe).

– No, pero ¿en algún momento cantar fue una inquietud también?

– Yo en realidad siempre canté, pero después empecé a sentir como complicaciones desde el punto de vista técnico y hasta funcional, anatómico. Hay un centenar de mis composiciones que tienen letra. Tengo ganas de cantarlas, de mostrarlas. Muchas de ellas han sido cantadas por diversos intérpretes. En este momento lo único que me preocupa es que tengo unas molestias, no sé si en las cuerdas vocales o dónde diablos. Tengo que estudiarlas más, porque me provocan picazones y eso redunda en una necesidad de toser. Y ese es mi principal problema en esta etapa de mi vida de músico. Pero el canto ya lo asumí como algo que también está en mí. Canto desde niño, en el coro de la primaria, he tenido grupos vocales en la adolescencia y siempre fue natural cantar. Además, amamos nuestro folklore y hay un cancionero realmente hermoso.

– Hermosísimo y muy variado también. Cada una de las provincias argentinas tiene sus propias músicas. Es un cromatismo increíble el que tiene la música argentina. Y en ese aspecto, usted ha grabado y/o colaborado con muchos músicos/as como Juan Quintero, Marcelo Moguilevsky, Jorge Marziali, Jorge Fandermole y Liliana Herrero. ¿Qué le genera el trabajo colaborativo con sus pares?

– En todos esos encuentros, que fueron muchos más, la marca es hacer versiones libres. Ese es el común denominador. Son encuentros que se producen cuando hay una sintonía en torno a la interpretación y la gestación de una versión que no está sujeta a un arreglo previo. Y en todos los casos fue así. Porque es mi manera de hacer música, que tiene que ver con las reuniones, porque ahí no había arreglo.

«Zamba del arribeño», letra del poeta tucumano Néstor Soria y música de Juan Falú. Aquí en una versión en vivo con el cantautor rosarino Jorge Fandermole.

 – Donde juega un rol importante la improvisación, por ejemplo…

 – Sí, absolutamente.

– Y hablando de canciones, recuerdo una que se llama “Algo muy aquí”, a dúo con el cantautor mendocino Jorge Marziali, donde se menciona a Chile. ¿Cómo nació?

– Sí, claro, es una hermosa canción. Dice “pero algo muy aquí muy argentino, muy de música y de vino, me esperanza el corazón”. Es un candombe y lo hicimos en ocasión de la crisis del 2001-2002, rogando parecernos a lo mejor que somos. De Chile dice: “Ya Chile me dirá cómo se aferra tanto amor en poca tierra, tanta patria bajo el sol”. La letra es de Jorge (Marziali) y la música es mía.

– Hace como un recorrido tipo “Canción con todos” en algún momento, donde va nombrando a los países de Sudamérica.

Sí, así es.

«Yo fui educado en la idea de que el protagonista es el pueblo, y no una vanguardia iluminada. Entonces cuando ves que el progresismo continúa con sus discursos tan inocuos y no va a la par con un pueblo organizado, eso termina siendo muy cansador desde mi mirada. Me cansa mucho que el progre le hable al progre, o sea, le hable a la tribuna propia».

La pesadilla de Milei y su hartazgo del progresismo

Días antes de esta entrevista, el pueblo argentino participó de una multitudinaria marcha por la defensa de la educación pública. Como artífice en la formación de cientos de estudiantes, Falú siente el desamparo ante las políticas autoritarias del gobierno ultraderechista de Javier Milei, por quien siente repulsión y cansancio, como buena parte de la sociedad argentina. Sin embargo, tampoco observa en el horizonte una articulación en respuesta opositora que esté a la altura del desafío de ofrecer una perspectiva de futuro, por lo que considera que la respuesta está en la calle. Así es Falú, sin ambages.

– ¿Cómo le toca esta realidad política que está viviendo Argentina?

– Es una calamidad, una pesadilla. Más de la mitad de los argentinos sentimos un malestar muy grande, pero en el caso de mi generación lo sentimos como algo que jamás hubiésemos imaginado: que pudiese triunfar en una elección un personaje psicopático, psicótico y entregador de todos los recursos de nuestra patria. Pero nos preocupa que no se genere un campo opositor fuerte y unido. Esa es la gran tarea que hay que hacer en nuestro país.

– Claro, porque en otra entrevista lo escuché decir que sentía un “hartazgo” con el progresismo.

– Me refería a un progresismo más intelectual y artístico. Me cansa porque yo fui educado en la idea de que el protagonista es el pueblo, y no una vanguardia iluminada. Entonces cuando ves que el progresismo continúa con sus discursos tan inocuos y no va a la par con un pueblo organizado, eso termina siendo muy cansador desde mi mirada. Me cansa mucho que el progre le hable al progre, o sea, le hable a la tribuna propia. Eso es alimentar una especie de farándula: aquí me cuidan, me miman, me aplauden, pero en términos políticos es cero.

– ¿Y vislumbra alguna salida? El otro día hubo una marcha multitudinaria para exigir que Milei cumpla la ley de financiamiento universitario. O sea, algo básico y elemental: tan simple como cumplir la ley. 

– Sí, la calle es la vía que mejor expresa el descontento popular, ya que no está siendo expresado en una unidad política opositora. 

Gira Juan Falú en Chile:

Martes 27 de octubre, 19.30 horas

Concierto. Invitados: Nano Stern, Romilio Orellana y “Chicoria” Sánchez

Sala Isidora Zegers, Facultad de Artes, U. de Chile, Compañía 1264, Santiago

Entradas por Portaltickets

Miércoles 28 de octubre, 11.45 horas

Clase magistral y concierto

IMUS PUCV, Av. Alcalde Juan Luis Trejo 351, Viña del Mar.

Entrada liberada, sin inscripción previa

Miércoles 28 de octubre, 19.00 horas

Concierto junto a Orquesta Andina PUCV

Sala IBC, PUCV, Av. Brasil 2241, Valparaíso

Entrada liberada, previa inscripción.

Jueves 29 de octubre, 19.00 horas.

Concierto en Seminario Internacional de Música de las Américas

Aula Magna Monseñor Francisco Valdés, Mackenna 962, Osorno

Entrada liberada, sin inscripción previa

Viernes 30 de octubre, 09.30 horas

Ponencia y masterclass en Seminario Internacional de Música de las Américas

Fundación Creciente, Amtahuer 1008, Osorno

Inscripciones a [email protected]

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