La capital catalana afronta este sábado 31 de octubre con el nivel 4 de alerta policial activado, el máximo de la escala de riesgo para manifestaciones de los Mossos d’Esquadra. ¿Qué es Blocus? Policía de Barcelona activa alerta para hoy ante posible movilización es la pregunta que muchos se hacen. La causa es una nueva convocatoria de Blocus, el fenómeno digital-social que hace una semana sumió a Barcelona en una de las noches más violentas de los últimos años. Pero si algo ha quedado claro en estos días es que nadie sabe con certeza qué es Blocus. Y las conjeturas se multiplican, pues hay quien sostiene que está digitado desde el extranjero como parte de una operación de desestabilización; otros apuntan a que lo impulsa la extrema derecha española para enardecer el voto antimigrante antes de las elecciones; y una tercera lectura, la que más peso tiene entre los investigadores, describe a un grupo de jóvenes marginados por las injusticias del modelo económico, cargados de rabia por la desigualdad, que saquearon locales del centro de Barcelona para llevarse las zapatillas o el computador que no pueden permitirse.
Por Equipo de Análisis e Investigación El Ciudadano
El enigma Blocus: entre la conspiración y la exclusión
Blocus no es una organización formal. Es una etiqueta —»bloqueo» en francés— que decenas de perfiles anónimos en TikTok han utilizado para convocar movilizaciones que, bajo una aparente reivindicación por la calidad de la educación pública, derivan en actos de vandalismo y saqueo. El modus operandi es siempre el mismo: carteles y vídeos —muchos generados con inteligencia artificial— que incluyen códigos QR y enlaces a grupos privados de WhatsApp y Telegram. En esos canales cerrados, los participantes reciben instrucciones explícitas, vestir de negro, cubrirse el rostro y, si es posible, llevar material pirotécnico.
A partir de ahí, las teorías divergen. La hipótesis de la injerencia extranjera gana terreno entre quienes señalan que los primeros mensajes aparecieron en cuentas sin historial local, con errores idiomáticos y una coordinación que excede la capacidad espontánea de un grupo de adolescentes. En Francia, el cuestionado gobierno de Emmanuel Macron ya advirtió de posibles influencias externas en las protestas estudiantiles que sirvieron de espejo a Blocus, aunque sus dichos más bien van con buscar una justificación a los propios males de desigualdad que ha creado su país. En España, las autoridades investigan si se trata de una «guerra híbrida» diseñada para desestabilizar el país en un momento de alta tensión política.
La hipótesis de la extrema derecha circula con fuerza en redes y en algunos análisis. Sus defensores sostienen que la viralización de saqueos protagonizados por jóvenes de origen migrante busca generar un clima de inseguridad que empuje el voto hacia partidos antiinmigración en las próximas elecciones. Sin embargo, los investigadores no han hallado hasta ahora pruebas que vinculen la etiqueta con estructuras partidistas, y la propia policía catalana insiste en que se trata de «un fenómeno nuevo, sin ideología y no está organizado».
La hipótesis de la exclusión social es la que más consenso despierta entre quienes han analizado los perfiles de los detenidos. La mayoría son jóvenes de barrios populares, muchos de ellos menores de edad, con trayectorias marcadas por el abandono escolar y la precariedad. No coreaban consignas políticas ni portaban pancartas: entraban a las tiendas y se llevaban zapatillas, teléfonos y ordenadores. «No queréis volver a casa con Rolex, Gucci, Iphones…», rezaba uno de los mensajes difundidos en Telegram. Para muchos analistas, esa frase resume mejor que cualquier manifiesto la naturaleza del fenómeno: no es una revuelta ideológica, sino una explosión de rabia contra la desigualdad, un saqueo de lo que el modelo económico les niega y que ven a un escaparate de distancia.
El precedente inmediato: la noche del 24 de octubre

El pasado sábado 24 de octubre, alrededor de 600 jóvenes —la mayoría menores de edad— se concentraron en el centro de Barcelona siguiendo una convocatoria de Blocus. Lo que comenzó como una protesta derivó en una oleada de saqueos, barricadas y ataques a la policía. El balance fue estremecedor: 128 detenidos —72 de ellos menores—, 23 comercios saqueados y vandalizados, y 15 agentes heridos, cuatro de ellos de gravedad. Los daños en el mobiliario urbano fueron valorados por el Ayuntamiento en 36.000 euros. Entre los comercios asaltados figuraron establecimientos de primeras marcas como Nike, Balenciaga, JD, H&M, Inditex, Decathlon, Loewe o Carolina Herrera.
Para aquella jornada, los servicios de inteligencia habían otorgado un nivel 2 de riesgo, una previsión que se reveló trágicamente insuficiente ante la «violencia extrema» de los alborotadores, según admitió la propia comisaria jefa de los Mossos, Sílvia Catà.
Nivel 4: una escala reservada a escenarios excepcionales
Desde 2019, la Comisaría General de Información de los Mossos clasifica el riesgo de las manifestaciones en una escala del 1 al 4. El nivel 4 —que implica un riesgo elevado de que «muchas personas puedan ser combativas» y cometer delitos generalizados— solo se había activado en una ocasión: las protestas de febrero de 2021 por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél. Ahora, Blocus ha obligado a repetir esa alerta máxima. La diferencia es notable: en 2021 había un detonante político claro y una base social identificable. Hoy, el desafío es una etiqueta anónima en redes sociales que, en apenas unos días, ha demostrado una capacidad de convocatoria y una virulencia superiores en número de detenidos y de comercios saqueados.
El dispositivo para hoy: controles desde las 15:00
Los Mossos han diseñado un dispositivo «robusto» y «de máximos» que se iniciará a las 15:00 horas con controles intensivos en el transporte público de Barcelona y su área metropolitana, con el objetivo de identificar a personas susceptibles de participar en disturbios. Blocus ha convocado tres acciones en la ciudad: a las 17:00 en Plaza Cataluña y paseo Lluís Companys, y a las 20:00 en paseo de Gràcia. Además, se han detectado convocatorias en otras localidades catalanas como Lleida, Badalona, Girona, Terrassa o Figueres, aunque con nivel 2 de riesgo.
El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha lanzado un mensaje de firmeza: «Quien venga a saquear responderá ante la justicia, como ya están respondiendo los detenidos del día 24. Y nadie es culpable por su origen». Los comercios del centro, especialmente en paseo de Gràcia, plaza de Catalunya, Portal de l’Àngel y la Diagonal, han comenzado a blindar sus escaparates con tableros de madera, paneles de porexpan y barras metálicas.
La respuesta judicial y policial
La presión policial ya ha comenzado. La Guardia Civil detuvo el viernes en Picanya (Valencia) al presunto fundador e impulsor de Blocus en España, acusado de crear y administrar los grupos de Telegram desde los que se coordinaban los saqueos. En Cataluña, los Mossos han detenido a tres personas —un menor de 17 años y dos jóvenes de 18— por difundir y alentar los disturbios, y hay al menos una decena de arrestos en toda España por el mismo motivo.
Las conversaciones intervenidas revelan que, para hoy, los organizadores planeaban dirigir los saqueos en tiempo real hacia los comercios con menor presencia policial. En los chats se mencionaron joyerías, tiendas de lujo y grandes almacenes, e incluso algunos participantes propusieron incendiar comercios y el Ayuntamiento de Barcelona.
Un fenómeno que se extiende por Europa
Blocus no es exclusivo de Barcelona. Las convocatorias se han replicado en Madrid, Bilbao, Valencia y otras ciudades españolas, y los Mossos trabajan con policías europeas para monitorizar su difusión. El espejo es Francia, donde las protestas estudiantiles —el movimiento Lycées Indignés— derivaron en disturbios y saqueos en varias ciudades semanas atrás.
La pregunta que sobrevuela Barcelona esta noche es si el nivel 4 será suficiente para contener un fenómeno que no tiene líderes, manifiestos ni una sede que cerrar. Y, sobre todo, si detrás de las máscaras de Halloween hay una conspiración extranjera, un cálculo electoral o, simplemente, la rabia de quienes nunca tuvieron acceso al escaparate que ahora rompen.
Los niños tienen rabia.
Por Equipo de Análisis e Investigación El Ciudadano
