El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas escenificó este viernes su fracaso más rotundo en el Sáhara Occidental. La misión que durante más de treinta años vigiló el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, la MINURSO, expiró anoche sin renovación. No fue un accidente técnico, sino una colisión frontal entre las dos potencias que aún se reparten el orden mundial: Estados Unidos y Rusia. Cada una vetó el proyecto de la otra. El resultado es un vacío estructural que traslada el conflicto de un estancamiento gestionado a una era de incertidumbre y posible escalada militar.
El Ciudadano
El doble veto que lo cambió todo
La votación del 30 de octubre dejó dos imágenes para la historia. Primero, Rusia vetó el proyecto estadounidense, que contaba con once votos a favor. Una hora después, Estados Unidos hacía lo propio con la propuesta rusa de prórroga técnica, que solo sumó tres apoyos. El resto de miembros, en su mayoría, optaron por la abstención. La ONU se quedó sin mandato para el Sáhara por primera vez desde 1991.
El texto de Washington no era una simple renovación administrativa. Bajo el argumento de “superar un callejón sin salida de cincuenta años”, la administración estadounidense propuso cambiar el nombre de la misión: de MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) a MINUSO (Misión de las Naciones Unidas para una Solución Política en el Sáhara Occidental). La eliminación deliberada de la letra “R” no era cosmética: suponía enterrar cualquier referencia jurídica al referéndum de autodeterminación y consolidar el plan de autonomía marroquí de 2007 como la “única base” para negociar.
El embajador estadounidense, Mike Waltz, defendió la propuesta asegurando que mantener el mandato sin cambios “no resolvería nada” y que la mención al referéndum se había vuelto “vacía en la práctica”. Rusia, sin embargo, no lo vio así. Su embajador, Vasili Nebenzia, calificó el voto como un “veto salvavidas” para preservar la letra “R” y los intereses de los saharauis en los campamentos de Tinduf. “No aceptaremos una solución impuesta”, advirtió.
Marruecos celebra, el Polisario se aferra al veto ruso
Las reacciones no se hicieron esperar. El Palacio Real de Rabat calificó la no renovación como un “avance importante” y un “paso significativo” hacia la resolución del conflicto. Para el ministro de Exteriores marroquí, Naser Burita, la expiración de la MINURSO es una “oportunidad” para pasar de la “gestión” a la “resolución” definitiva del diferendo. Marruecos considera que la misión ya no tiene razón de ser y que el asunto debe salir de la agenda del Consejo de Seguridad.
En el otro lado, el Frente Polisario y Argelia respiraron aliviados por el veto ruso, que impidió lo que consideraban una imposición contraria al derecho internacional. Argelia expresó su “profundo pesar” por la no renovación, pero agradeció a Moscú su intervención. Para los independentistas saharauis, la desaparición de la MINURSO elimina un testigo incómodo, pero también un dique de contención.
El terreno, en el aire
La consecuencia más inmediata es la incertidumbre sobre el terreno. La sede de la MINURSO en El Aaiún comenzó a cerrar sus puertas y a cesar actividades. Los cascos azules, que llevaban tres décadas patrullando la zona desmilitarizada conocida como “zona colchón” —un 20% del territorio—, se retiran sin relevo. Analistas de Crisis Group y del instituto sueco FOI advierten de que el escenario más probable a medio plazo no es una solución negociada, sino un estancamiento inestable con riesgo real de escalada. La principal preocupación es que Marruecos aproveche el vacío para tomar militarmente la zona colchón, lo que podría desencadenar choques directos con el Polisario y una crisis regional de consecuencias imprevisibles.
Los cuatro futuros posibles (y ninguno es una paz firme)
A partir de ahora, el conflicto se debate entre cuatro escenarios, ninguno exento de obstáculos:
- Autonomía bajo soberanía marroquí: Es la vía con más apoyo internacional. Estados Unidos, la Unión Europea y Francia la respaldan, y la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad (octubre de 2025) ya la situó como base de negociación. Pero el Frente Polisario y Argelia la rechazan de plano porque supone renunciar al derecho a la autodeterminación.
- Partición territorial (“tercera vía”): El enviado de la ONU, Staffan de Mistura, la planteó como una salida intermedia: un Estado saharaui independiente en el sur y la integración del resto en Marruecos. Sin embargo, ambas partes la han rechazado explícitamente, por lo que hoy es solo una hipótesis académica.
- Referéndum de autodeterminación: Era el mandato original de la MINURSO, pero es el escenario que se apaga. La propuesta estadounidense buscaba eliminarlo hasta del nombre de la misión. Potencias clave lo consideran agotado, lo que deja al Polisario y Argelia cada vez más aislados en su defensa.
- Estancamiento con escalada: No es una solución, sino la ausencia de ella. La retirada de la MINURSO elimina el principal mecanismo de disuasión y monitoreo del alto el fuego. Es, según varios análisis, el escenario más probable a corto y medio plazo.
Una crisis sin precedentes
Lo ocurrido en el Consejo de Seguridad no es solo el fin de una misión. Es el síntoma de un orden internacional incapaz de gestionar conflictos congelados. La ONU se retira de facto del Sáhara Occidental sin haber logrado que las partes se sienten a negociar bajo un marco aceptado por todos. Marruecos gana terreno político; el Polisario y Argelia se aferran a un veto que solo les da tiempo, no una solución. Y en medio, la población saharaui —tanto en los territorios ocupados como en los campamentos de refugiados de Tinduf— queda atrapada en un limbo jurídico y humanitario que ya dura cincuenta años.
El conflicto del Sáhara Occidental no ha terminado. Solo ha cambiado de fase. Y la comunidad internacional, por ahora, ha decidido mirar hacia otro lado.
El Ciudadano
