Chile lleva años apareciendo en los rankings de la industria de las citas con acuerdo. Un reporte difundido por T13 situó al país como el segundo de Latinoamérica con más sugar daddies registrados, y en abril de 2024 medios como Pauta y T13 informaron que una sola aplicación del rubro declaraba 254 mil usuarios chilenos. Las cifras provienen de las propias plataformas y conviene tomarlas con distancia, pero el orden de magnitud dice algo claro: el sugar dating dejó de ser un fenómeno de nicho en el país.
El vocabulario ya circula sin necesidad de traducción. Se llama sugar daddy, o sugar mommy, a la persona de mayor edad y mayor poder adquisitivo que ofrece apoyo económico, mentoría o acceso a cierto estilo de vida dentro de una relación pactada. Se llama sugar baby a quien recibe ese apoyo. Lo que distingue al modelo de una relación convencional no es la diferencia de edad ni el dinero de por medio, sino el acuerdo explícito: las condiciones se conversan al principio y no se dan por supuestas.
Esa franqueza declarada, sin embargo, convive con un punto ciego que la industria tardó en admitir. En la mayoría de las plataformas basta un correo electrónico y una fotografía para abrir un perfil. Nadie comprueba que la persona al otro lado sea quien dice ser, ni que tenga la edad que declara.
Cuando el gancho es la generosidad
Las cifras de fraude ayudan a dimensionar el problema. En julio de 2025 el Servicio Nacional del Consumidor alertó por un alza cercana al 109% en los reclamos asociados a fraudes y acumuló del orden de 19 mil presentaciones por este tipo de delitos, una parte relevante de ellas vinculadas a suplantación de identidad en plataformas digitales.
El sugar dating no quedó fuera. En octubre de 2025 Meganoticias dio a conocer el caso de una comunicadora chilena que recibió mensajes ofreciéndole “ser tu sugar daddy” y que resultaron ser la carnada de una estafa. Es la versión local de lo que la literatura especializada llama romance scam: un vínculo afectivo fabricado que termina en una transferencia.
El patrón se repite con pocas variaciones. Perfil recién creado, fotos impecables, generosidad declarada en los primeros mensajes, apuro por mover la conversación a WhatsApp o Telegram, y en algún momento una transferencia de confianza o un supuesto trámite que exige adelantar dinero. Quien paga no vuelve a saber de la otra persona.
Hay un segundo riesgo, menos comentado y bastante más serio: la imposibilidad de saber si quien escribe es mayor de edad. En un entorno donde el perfil no se verifica, la edad es apenas un campo de texto.
La verificación como línea de base
La respuesta que empezó a instalarse en el sector es simple de enunciar y cara de implementar: comprobar la identidad de cada usuario contra un documento oficial antes de permitirle interactuar.
Es el enfoque que adoptó Sugalink, plataforma que opera en Chile y el Reino Unido, donde la verificación con documento de identidad es obligatoria para ambas partes y el sitio no aloja contenido explícito. Quien quiera entender cómo funciona el modelo antes de registrarse puede revisar su guía sobre sugar dating en Chile, con las reglas básicas de un acuerdo y las señales de alerta más frecuentes.
La verificación no elimina el riesgo, y sería deshonesto plantearlo así. Lo que hace es encarecer el delito: obliga a quien quiera estafar a exponer un documento real, deja trazabilidad y permite expulsar a un infractor de verdad y no solo a un correo desechable. También resuelve el problema de la edad, que es donde una plataforma sin controles se vuelve indefendible.
Qué mirar antes de abrir un perfil
Para quien está evaluando entrar, hay señales que no dependen del marketing de la plataforma:
- Comprobar si existe verificación de identidad obligatoria y en qué consiste. Que exista un distintivo de perfil verificado opcional no es lo mismo.
- Desconfiar de quien tiene prisa por salir de la aplicación. Las estafas necesitan sacar la conversación del lugar donde queda registro.
- No adelantar dinero bajo ninguna circunstancia, ni por comisiones, ni por pruebas de confianza, ni para desbloquear una supuesta transferencia.
- Revisar qué hace la plataforma con los datos y las imágenes que se suben, y si permite eliminarlos.
- Dejar las condiciones por escrito dentro de la plataforma. El acuerdo explícito es el punto del modelo, y conversarlo en un canal sin historial lo desarma.
Un debate pendiente
El sugar dating incomoda, y la discusión pública en Chile ha oscilado entre el escándalo y la caricatura. Pero mientras se debate si se trata o no de una forma de transacción afectiva, cientos de miles de personas ya están en esas aplicaciones. La pregunta práctica, la que puede evitar un daño concreto, es más modesta: si la persona al otro lado es quien dice ser, y si alguien se está tomando el trabajo de comprobarlo.
