Opinión

La pesca artesanal al final de la cola

Hace seis semanas, cuando el proyecto de Ley de Presupuestos entraba al Congreso, escribimos que preferíamos esperar las partidas antes que las declaraciones, porque un discurso se matiza pero una partida no. Ya tenemos las partidas. Vale la pena mirarlas.

La pesca artesanal al final de la cola

Hace seis semanas, cuando el proyecto de Ley de Presupuestos entraba al Congreso, escribimos que preferíamos esperar las partidas antes que las declaraciones, porque un discurso se matiza pero una partida no. Ya tenemos las partidas. Vale la pena mirarlas.

El propio Presidente entregó el criterio al fundamentar el Presupuesto: dijo que se trata de “una decisión sobre qué va primero, qué se posterga”. Estamos de acuerdo. Apliquemos ese criterio.

La Subsecretaría de Pesca y Acuicultura sube 36,2%: de 37.755 millones de pesos a 52.915 millones. Es uno de los mayores aumentos de todo el Presupuesto. El destino declarado de esos recursos es simplificar procedimientos, reducir plazos y agilizar autorizaciones y concesiones, principalmente acuícolas.

El Instituto Nacional de Desarrollo Sustentable de la Pesca Artesanal, el INDESPA, cae 14,6%. Es uno de los mayores recortes del Presupuesto.

Ambas cifras están en el mismo documento, en el mismo ministerio, en un presupuesto que en total crece 1,5% real. No hay escasez que explique la diferencia. Hay una decisión sobre qué va primero.

Conviene entender qué es el INDESPA para quienes no viven del mar. Es el servicio que financia el mejoramiento de caletas, las áreas de manejo donde trabajan los recolectores de orilla, los proyectos de acuicultura de pequeña escala y los programas donde participan miles de mujeres de la pesca. En el mismo proyecto aparece además la propuesta de descontinuar el programa de bonificación para el cultivo y repoblamiento de algas, que es exactamente la actividad que sostiene a las algueras del norte chico.

Hay una objeción honesta que debemos responder antes de que nos la hagan: el INDESPA no está dando el ancho. Es cierto. El año pasado cerca de mil millones de pesos no alcanzaron a ejecutarse y volvieron a Hacienda. Pero esa es una razón para preguntarse por qué no ejecuta, no para quitarle recursos. Un servicio con pocos funcionarios en regiones, con programas diseñados desde Santiago y con postulaciones que una organización de doce socios no logra completar sola, no mejora recortándole el presupuesto. Recortarlo es confirmar el problema en vez de corregirlo.

Y no somos los únicos que lo estamos diciendo. El lunes, en la Comisión Especial Mixta de Presupuestos, oficialismo y oposición coincidieron en cuestionar los recortes de este Presupuesto. El jefe de bancada de senadores de la UDI, Gustavo Sanhueza, defendió primero la necesidad de ordenar las cuentas fiscales y enseguida advirtió que <q>la educación no es un gasto que se posterga</q>. Objetó la caída de casi 47% en los Liceos Bicentenario y, sobre otro programa recortado, planteó algo que nosotros suscribimos palabra por palabra: si el problema es de diseño, corríjase el diseño, porque eliminarlo sólo profundiza la brecha. Es exactamente lo que pedimos para el INDESPA.

No fue una voz aislada. Senadores de Renovación Nacional objetaron partidas de Vivienda y Obras Públicas, desde la oposición se reclamó por Salud y por los recortes a municipios y gobiernos regionales, y hasta el plazo para presentar indicaciones se incumplió, según hizo notar el propio presidente de la comisión, también senador de la UDI.

Dicho de otro modo: esto no es un reclamo sectorial de la pesca artesanal contra un gobierno. Es una discusión transversal sobre qué se posterga y qué no. La diferencia es que en esa fila nosotros ya sabemos dónde nos toca: al final de la cola, como siempre.

Y esto no ocurre en el vacío. Para 2027 la cuota base de sardina común y anchoveta quedó en 273.000 toneladas, frente a las 440.000 de este año. Un 38% menos para la principal flota artesanal del Biobío. Menos recurso y menos fomento, el mismo año.

Detengámonos ahí, porque ese dato explica mejor que ningún otro lo que venimos a proponer. Cuando una cuota cae 38%, cientos de familias ven desaparecer su ingreso de un año para otro. No hubo terremoto ni derrame: hubo una decisión administrativa y un mar que cambió. Y para eso, hoy, el Estado no tiene absolutamente nada previsto. La ausencia de peces también es una catástrofe para quienes viven del mar, aunque no haya escombros que fotografiar.

Por eso esta semana propusimos incorporar a la Ley de Presupuestos 2027 una glosa que fije un Fondo de Estabilización de las Pesquerías. Su lógica es simple: cuando una afectación grave de la actividad esté acreditada —por catástrofe natural, por contaminación, por alteraciones oceanográficas, por desaparición del recurso o por una reducción de cuota como la que acabamos de describir—, debe existir un mecanismo que proteja el ingreso de quienes dependen del mar. Pescadores, armadores, tripulantes, buzos, recolectores de orilla y algueras.

La protección no puede depender de que el pescador demuestre quién provocó la crisis. Lo determinante debe ser que la afectación sea real, verificable y significativa. Hoy, en cambio, si no hay declaración formal de zona de catástrofe, no hay respuesta, aunque la caleta lleve tres semanas detenida.

Sabemos que una glosa anual no crea por sí sola un fondo permanente, y que crear gasto es iniciativa exclusiva del Presidente. Por eso pedimos derechamente al Ejecutivo que la patrocine, y que en paralelo se estudie la ley permanente que consolide el instrumento.

Ahí vuelve la pregunta de siempre: con qué plata. Nuestra respuesta la planteamos en septiembre y la mantenemos. Las actuales licencias industriales vencen en 2032. Si en vez de renovarlas a los mismos titulares se licita la cuota industrial, parte de esa recaudación puede financiar de manera permanente la protección social del sector. Recursos que salen de la actividad pesquera, para cuidar la actividad pesquera. No le quitamos un peso a salud, a educación ni a vivienda.

Si mantenemos el patrón de siempre, en el que los recursos crecen donde están los grandes capitales y se reducen donde está la mayor concentración de empleo del sector, seguiremos repitiendo los errores que han beneficiado a los mismos de siempre.

Las partidas todavía se votan. Por eso pedimos cuatro cosas al Congreso, que es donde esto se decide: incorporar la glosa del Fondo de Estabilización de las Pesquerías Artesanales, reponer el presupuesto del INDESPA, mantener el programa de algas e incorporar el financiamiento del diseño de la plataforma social. Son cuatro decisiones pequeñas en un presupuesto de 91 billones de pesos.

Ya sabemos qué va primero. Lo que falta por saber es si el Congreso acepta que la pesca artesanal quede, una vez más, al final de la cola.

Por Hernán Cortés Bernal
Presidente de CONDEPP

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