Por Leopoldo Lavín Mujica
El martes 3 de noviembre, los votantes estadounidenses le infligieron a Donald Trump una humillación sin atenuantes: perdió el Senado y la Cámara de Representantes. El portal Axios lo compara con el repudio de 1974, tras el Watergate.
Texas eligió a James Talarico y a Gina Hinojosa; Kansas, a su primer senador demócrata en 94 años. Cayeron Ohio, Iowa, Maine y las dos Carolinas. Trump alegó que él no estaba en la papeleta.
El dato nuevo está a la izquierda. Socialistas Democráticos de América (DSA) suma a Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib cinco representantes: Darializa Avila Chevalier, Claire Valdez, Melat Kiros, Donavan McKinney y Chris Rabb, de Nueva York, Colorado, Míchigan y Pensilvania.
Son pocos y ganaron en distritos seguros, pero antes derrotaron al aparato demócrata, de derecha y pesado en burocracia: Kiros a Diana DeGette, con 15 mandatos; Avila Chevalier a Adriano Espaillat. Zohran Mamdani abrió ese camino en Nueva York hace un año.
Tampoco fue un cheque al Partido Demócrata, que según Axios sigue muy impopular. Fue un rechazo a la carestía de la vida, a la guerra con Irán, al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), al racismo y a la violencia simbólica del trumpismo de Make America Great Again (MAGA), a su soberbia.
Y esa lucha tuvo muertos: Renée Good y Alex Pretti, baleados por agentes federales en Minneapolis en enero. Fue un salto de dignidad.
Perdieron también los tecnoseñores. Elon Musk gastó 474 millones de dólares y terminó bromeando sobre sus láseres espaciales. Hinojosa venció a Greg Abbott denunciando los centros de datos de las grandes tecnológicas. Peter Thiel, cofundador de Palantir, puso 15 millones en 2022 para llevar a JD Vance al Senado por Ohio: ese escaño, hoy de Jon Husted, acaba de caer. En abril, Thiel viajó al Cono Sur.
En Santiago se reunió con José Piñera, arquitecto de las pensiones privadas bajo Augusto Pinochet, y casi dos horas con Johannes Kaiser, líder del Partido Nacional Libertario, en una cita que habría facilitado su hermano Axel Kaiser.
Thiel busca minería, según Johannes Kaiser: esos centros de datos necesitan cobre y litio, y Chile tiene ambos. En estas páginas se advirtió en mayo de «alarmas que nadie debería ignorar». Hoy el garante de esa red pierde el Congreso.
Kast tampoco estaba en la papeleta, y perdió igual. El 7 de marzo, cuatro días antes de asumir, acudió a Doral, Florida, a la cumbre con que Trump lanzó el Escudo de las Américas. Eso se llama subordinación. Recibió a Thiel en La Moneda, cita que el gobierno solo confirmó en junio.
Comenzó con 57% de aprobación, según la encuestadora Cadem; el 25 de octubre cayó a 29%, con 66% de rechazo. Y sostiene a su ministro de Justicia, Fernando Rabat, ante una acusación constitucional.
La derrota de Trump y el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro, el 25 de octubre, son un uppercut al proyecto de las ultraderechas sumisas a Marco Rubio, el secretario de Estado que en junio presumía de una América Latina «llena» de aliados.
En el fondo son débiles: pies de barro. Javier Milei, rescatado en 2025 con 20.000 millones de dólares, debe afrontar 25.000 millones en 2027. Washington, con todo, no soltará su «patio trasero».
Queda el miedo en las filas trumpistas. Axios recuerda que los demócratas tienen votos para investigar a Trump, a su familia y a sus seguidores; según The Wall Street Journal, desde ministros hasta mandos medios ya buscaban abogados. Para el movimiento MAGA, Vance es también un seguro judicial.
Y quedan los manotazos de ahogado, peligrosos. Trump amenazó con reanudar los grandes ataques contra Irán tras las elecciones; un funcionario citado por Axios anticipó: «Si se siente avergonzado, hará algo audaz». Le quedan dos años y una guerra.
Leopoldo Lavín Mujica
