“El proyecto es tremendamente relevante”: Ciencia y comunidad se unen en Chonchi (Chiloé) para frenar especies invasoras
La sede de la comunidad indígena Romazal, en la comuna de Chonchi, fue el escenario de una jornada de capacitación, facilitada por la ONG CECPAN, en la que convergieron propietarios de turberas, activistas ambientales, estudiantes y vecinos. El objetivo fue claro: aprender a identificar al visón americano y conocer estrategias para su monitoreo con cámaras trampa, en una zona que concentra valiosos ecosistemas de turberas. La comunidad Romazal, desde 2004, es titular de un predio de 140 hectáreas otorgado por Conadi.
Hermes Vera, propietario del Santuario de la Naturaleza “Turberas de Púlpito Este y Oeste”, destacó el valor estratégico del encuentro. Este santuario, declarado en 2021 junto a las turberas de Aucar y Punta Lapa, conforma una red que es vital para la regulación hídrica y la conservación de la biodiversidad local.
Aprendizajes y desafíos para la comunidad
Hermes Vera subrayó: “El proyecto es tremendamente relevante para mejorar y mantener las cuencas hidrográficas que tenemos en Chiloé. Creo que es fundamental entender cuál es nuestra historia con el territorio y estos proyectos de esa forma hacen sentido”. Vera, junto a su vecina Nora Martínez, es custodio del humedal de Púlpito este y oeste, un ecosistema de 243 hectáreas.
“La comunidad se hace cargo de un espacio, de un terreno que conlleva vida hacia muchos lugares, entendiendo que son cabeceras de cuenca, tanto sea el Tarahuin, el Coihuin y el Púlpito, que convergen en un solo río”, agregó. Vera enfatizó que estos espacios requieren de una mirada integral que vincule la conservación con las políticas públicas.
La mirada técnica: educación para la acción
Felipe Iturra, ingeniero en conservación de recursos naturales del CECPAN, fue claro sobre el principal aprendizaje: “la identificación del visón para poder controlarlo, identificarlo y no confundirse también con especies nativas”. La confusión entre el visón y otros animales nativos es uno de los problemas que se busca erradicar.
“Creo que la educación es el principal recurso para empezar por lo menos de alguna forma a hacer control del visón”, sostuvo Iturra. Según el profesional, el visón está presente en todo Chiloé, pero no todas las personas saben cómo reconocerlo, lo que a menudo deriva en errores y daños a la fauna nativa.
El llamado a la unidad territorial
Juan Guenuman Quelin, presidente de la Comunidad Indígena Romazal, valoró la actividad: “a mí me pareció demasiado bueno este taller acá en nuestra comunidad”. Guenuman subrayó la necesidad de que estas instancias se repitan, destacando que el visón se ha convertido en una plaga difícil de erradicar.
“Yo creo que ahí también deberíamos pensar en el SAG, que el día de mañana tengamos talleres con ellos, nos proporcionen trampas como para evitar todo el daño que está haciendo este animal”, señaló Guenuman. El dirigente hizo un llamado a articular esfuerzos entre las comunidades y el Estado para enfrentar el problema.
Un paso adelante en la conservación
El encuentro, facilitado por el equipo biocultural del CECPAN, buscó fortalecer los vínculos entre los actores locales comprometidos con la protección del patrimonio natural y biocultural de Chiloé. El trabajo se enmarca en los esfuerzos del CECPAN por detener la colonización del visón en áreas de importancia ecológica.
Los asistentes coincidieron en que instancias como esta son el camino para construir una estrategia efectiva y comunitaria contra el avance de especies invasoras. La experiencia de los vecinos se complementó con el conocimiento técnico, dejando sobre la mesa la urgencia de que el Estado se haga parte activa de esta lucha.
Cabe señalar, que el visón americano (Neogale vison) es una de las peores plagas que ha recibido Chile. Introducido en el siglo XX para la peletería, el fracaso de ese negocio derivó en la liberación masiva de ejemplares que hoy colonizan desde el sur hacia el centro del país. Su voracidad no distingue especies: arrasa con aves, pequeños mamíferos y anfibios, compite directamente con el amenazado huillín y diezma la ganadería campesina al masacrar gallineros enteros. A ello se suma su capacidad para transmitir enfermedades como la leptospirosis. Expertos coinciden que no es una simple plaga: es una crisis ecológica en movimiento.

