Construir sobre lo construido: el arte de la superación política

En su columna, el profesor Gastón Sepúlveda E. propone la "superación dialéctica" como método para transformar Chile sin refundar ni congelar el presente. Plantea conservar la estabilidad institucional y económica, pero desmantelar los abusos y la desprotección social. A sus 80 años, llama a construir sobre lo construido y a superar las contradicciones sin destruirnos.

Construir sobre lo construido: el arte de la superación política

Tercera columna / Construir sobre lo construido: el arte de la superación política

Por Gastón Sepúlveda E. 

En mis reflexiones anteriores abordamos cómo la polarización nos ha alienado, convirtiendo nuestras instituciones en un engranaje frío y ajeno, y cómo la reconciliación surge como la única alternativa viable. La pregunta que surge de inmediato es evidente: ¿cómo se traduce esto en un método de cambio real? ¿Cómo avanzar hacia transformaciones sociales profundas en un país fracturado, sin caer en la violencia refundacional ni en la parálisis inmovilista?

La respuesta se encuentra en una de las ideas más potentes del pensamiento clásico universal: el concepto de la «superación dialéctica». La filosofía nos enseña que el verdadero progreso de una sociedad no ocurre de manera lineal ni pacífica, sino procesando y madurando sus propias contradicciones. Sin embargo, a diferencia de lo que creen los promotores de la teoría de la tabula rasa, superar políticamente un problema no significa aniquilar al pasado, sino realizar un triple movimiento: dejar atrás lo que ya caducó, conservar con celo lo que ha demostrado ser valioso y elevar el debate hacia un equilibrio superior.

Chile ha vivido en carne propia el costo de ignorar esta lección histórica. En los últimos años, el péndulo político se movió de manera violenta entre dos extremos estériles. Por un lado, la ilusión revolucionaria e identitaria pretendió demoler el edificio institucional y económico completo, bajo la falsa promesa de que una hoja en blanco traería mágicamente la justicia social. El país, con justa razón, rechazó esa aventura. Por otro lado, la pulsión conservadora pretendió congelar el presente, defendiendo con rigidez un diseño que ya no responde a las demandas de dignidad de la ciudadanía. El resultado de este choque de absolutismos ha sido la frustración y la parálisis actual.

El espíritu de nuestra historia republicana hoy nos exige madurez y nos señala un camino intermedio, que no es el de la tibieza, sino el de la síntesis inteligente. La transformación social viable para Chile consiste en aprender a construir sobre lo construido.

Esto significa, por ejemplo, tener la honestidad política de conservar la estabilidad institucional, la certeza jurídica y la capacidad de crecimiento económico que el país consolidó durante décadas —atributos indispensables para el bienestar—, pero al mismo tiempo tener la valentía de negar y desmantelar los abusos, la excesiva concentración del poder y la desprotección social. No se trata de elegir entre orden o justicia, sino de entender que no puede haber un orden duradero sin justicia social, ni justicia real sin un orden que la sostenga.

Ofrecer este camino de superación es la tarea urgente de una nueva pedagogía ciudadana. Exige una elite política dispuesta a ceder en sus dogmas para integrarse en un proyecto común. Los problemas en salud, educación o pensiones no se van a resolver borrando el mercado ni endiosando al Estado; se resolverán elevando el estándar mediante un pacto donde lo público y lo privado coexistan bajo reglas transparentes y solidarias.

A mis 80 años, tengo la firme convicción de que Chile no está condenado al estancamiento ni a la violencia. La verdadera victoria de nuestro pueblo no será la derrota de un bando sobre el otro, sino la capacidad colectiva de recoger lo mejor de nuestra historia para edificar un futuro compartido. Aprender a superar nuestras contradicciones sin destruirnos es el desafío de nuestra generación; es, en definitiva, el único modo de volver a sentir que el destino de la patria nos pertenece a todos.

Obtén tu Pasaporte y apoya a El Ciudadano

Elimina la publicidad, accede a contenido exclusivo y sé parte de la comunidad.

Elige tu plan

Turista

$1.990 /mes

 


Sin anuncios · Publica tus artículos

Ciudadano — TOP

$4.990 /mes

 


Sin anuncios · Publicar artículos · PDFs · Newsletter exclusivo · Favoritos

Diplomático

$10.990 /mes

 


Sin anuncios · Publicar artículos · PDFs · Newsletter exclusivo · Favoritos · Voz editorial

Cancela en cualquier momento  ·  Sin permanencia


Reels

Ver Más »
Busca en El Ciudadano