«No informantes; son maestros»: el artículo que confronta el racismo epistemológico de la academia con los sabios mapuche

La diferencia parece una sutileza académica, pero cambia por completo la relación entre universidad y pueblos indígenas. Mientras en Chile los sabios ancestrales siguen siendo tratados como fuentes de información, en Brasil nuevas normativas los reconocen como titulares de saberes con certificación académica. Detrás de esta distinción existe una disputa por la autoridad epistemológica, según plantea Vicente Painel Seguel, en su artículo de opinión publicado en Minga Ancestral.
Painel Seguel formula una pregunta central: «¿Qué ocurre cuando un ngenpin entra a la universidad?». Una opción, explica, es que sea entrevistado por un investigador, entregue información de su cultura y aparezca en un paper como «informante». Otra, radicalmente distinta, es que la academia reconozca que posee un conocimiento propio: que lo produce, conserva, transmite y que, por tanto, «es maestro y titular de ese saber».
En Brasil, consigna el autor, las universidades de Santa Maria (UFSM) y de la Integração Latino-Americana (UNILA) aprobaron normativas de Notório Saber, otorgando títulos equivalentes al grado de doctor a guardianes tradicionales. El proceso escaló con la ley que crea la primera Universidade Federal Indígena de Brasil, orientada a producir ciencia en diálogo con sistemas tradicionales. En ese contexto sitúa la idea de una Universidad Libre de Pueblos Indígenas de Abya Yala, nacida de la Escuela Nacional Diaguita y la perspectiva de la realizadora y documentalista Elena Varela. A fines de 2025, tras una visita a Wallmapu del Dr. Marcelo Vieira (UFSM), surgió el ofrecimiento de certificación universitaria.
El autor sostiene que esta operación modifica quién aparece como sujeto del conocimiento. En Chile, los ngenpin y machis suelen ser validados solo como informantes, subvalorando la etnografía co-participante como proceso científico. Existe en La Araucanía, advierte, «una estructura que, pese a estar en el centro del mundo mapuche, no logra romper con las jerarquías coloniales; un fenómeno que es una forma de racismo». Y se pregunta: «¿De qué sirve estar en Wallmapu si los conocimientos del territorio siguen subordinados a categorías externas?».
La historia de los kuel —montículos ceremoniales de Purén-Lumaco— ilustra esta paradoja, según Painel Seguel: «estructuras del propio territorio debieron convertirse en objeto de investigación arqueológica occidental —asociada a Tom Dillehay— para adquirir visibilidad académica». La antropología regional ha desarrollado metodologías de co-construcción basadas en el Mapuche Kimun, pero estas experiencias aún no transforman la arquitectura de legitimación global. «Predominan papers indexados con autores externos, sin conocimiento propio», apunta.
El desafío, plantea el autor, es que los movimientos indígenas formen «polímatas orgánicos: personas capaces de habitar la universidad occidental y los sistemas propios, sin convertir estos últimos en simples objetos de estudio». «Disputar la titularidad del conocimiento es una acción directa», afirma, y sentencia: «No basta con invitar a un especialista tradicional a entregar un testimonio y regresar a las categorías habituales». La pregunta que deja abierta es si la universidad puede reconocer que el Mapuche Kimun es un sistema de conocimiento con productores, maestros y criterios propios de legitimidad.
El artículo concluye con un giro categórico: «Pasamos de hablar sobre quienes poseen el saber a reconocerlos como sujetos que lo producen, transmiten y tienen autoridad sobre él». Y destaca un paso concreto: «la UFSM certificó universitariamente a un ngenpin mapuche por sus clases de Mapuche Kimun. No informantes; son maestros». El cierre es una consigna: «Nada de lo nuestro por debajo de la ciencia».
