Columna / Dos justicias en Chile: una para los poderosos y otra para los mapuche y los pobres
Por RICHARD CURINAO P.
Dirigente y Comunicador Social

Hay momentos en que los hechos hablan más fuerte que cualquier discurso. Y lo que estamos viendo en Chile debería obligarnos a preguntarnos qué tan real es aquello de que “todos somos iguales ante la ley”.
Joaquín Lavín León estuvo en prisión preventiva y hoy cumple arresto domiciliario total. Luis Hermosilla salió de prisión preventiva en marzo de 2025 para cumplir arresto domiciliario, aunque posteriormente la Corte revocó esa decisión y ordenó su regreso a prisión preventiva. Y en el caso de Gustavo Gatica, la justicia estableció que el exteniente coronel Claudio Crespo fue quien efectuó el disparo que le provocó la pérdida de la visión, pero terminó absuelto y hoy se encuentra libre.
Y mientras tanto, a Héctor Llaitul, werken de la Coordinadora Arauco-Malleco, se le niega asistir al funeral de su hermano, pese a que un tribunal había autorizado su traslado.
Entonces la pregunta ya no es solamente jurídica. Es profundamente política.
¿Qué significa la igualdad ante la ley cuando el dinero, las redes de poder, la posición social o la pertenencia política parecen influir en la forma en que una persona es tratada por el Estado?
Y hay una dimensión todavía más incómoda: ¿qué ocurre cuando además de ser pobre, eres mapuche?
No se trata de pedir privilegios para nadie. Al contrario. Se trata de exigir que no existan privilegios para nadie.
Porque una democracia no puede acostumbrarse a que algunos tengan un Estado flexible y otros conozcan solamente su rostro más duro.
Si la justicia no se aplica con la misma vara, entonces el problema no está solamente en los tribunales. Está en la democracia que estamos construyendo.

