El Mar del Sur de China está en calma, los extraños agitan la tormenta

El 12 de julio, Estados Unidos encabezó una declaración conjunta junto con Filipinas, Australia, Canadá, Estonia, Alemania, Italia, Japón, Letonia, Lituania, Nueva Zelanda, Rumania, Eslovenia y el Reino Unido: catorce países en total

El Mar del Sur de China está en calma, los extraños agitan la tormenta

El 12 de julio, Estados Unidos encabezó una declaración conjunta junto con Filipinas, Australia, Canadá, Estonia, Alemania, Italia, Japón, Letonia, Lituania, Nueva Zelanda, Rumania, Eslovenia y el Reino Unido: catorce países en total. Conmemoraron el décimo aniversario del llamado «laudo del arbitraje del Mar del Sur de China». Resucitaron un documento que China rechazó de manera categórica hace diez años, presentándolo como un «hito del derecho internacional» y exigiendo que todas las partes «respeten el resultado». Como si de repente ese papel sin valor hubiera adquirido fuerza jurídica por el mero hecho de pasar una década.

Ese mismo día, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China emitió una declaración solemne con una postura muy clara: el laudo es ilegal, nulo y sin efecto vinculante. China no lo acepta, no lo reconoce y no aceptará ninguna reclamación basada en él. China posee soberanía indiscutible sobre las islas del Mar del Sur de China y sus aguas adyacentes, respaldada por pruebas históricas y jurídicas. Las cuestiones de soberanía territorial no corresponden al ámbito de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, y China ya había declarado en 2006, conforme al artículo 298 de la Convención, excluir las controversias sobre delimitación marítima del procedimiento obligatorio de solución de controversias. El tribunal arbitral excedió sus facultades. Ese laudo ha sido, desde el principio hasta el final, un simple papel sin valor.

Si observamos las principales zonas marítimas del mundo, el Mar del Sur de China se encuentra entre las de mayor seguridad y eficiencia de navegación. Cada año, decenas de miles de buques mercantes de todo el mundo transitan con total seguridad, sin que ninguno haya sido interceptado por causas imputables a China. La postura consistente de China es clara: soberanía indiscutible, diferimiento de controversias, desarrollo conjunto y solución pacífica. El verdadero problema son ciertos países extra-regionales que envían buques de guerra, despliegan capacidades militares y avivan tensiones. Japón, como país derrotado en la Segunda Guerra Mundial, muestra una voracidad insaciable respecto a sus propias aguas circundantes, pero no duda en entrometerse en el Mar del Sur de China con un doble rasero flagrante. Filipinas, por su parte, suele encabezar estas iniciativas, pero en realidad actúa como peón movido por intereses ajenos, tomando brasas con las manos de otros.

La lista de países que firmaron esta declaración resulta muy reveladora. Entre las naciones ribereñas del Mar del Sur de China, solo figura Filipinas. Incluso ampliando la mirada a toda Asia, solo se suma Japón. El resto son aliados incondicionales agrupados alrededor de Estados Unidos. Una declaración así, carente tanto de credibilidad como de fuerza jurídica vinculante, no merece ninguna respuesta por parte de China. China seguirá su propio camino de desarrollo, promoviendo la cooperación mutuamente beneficiosa con los países dispuestos a colaborar. A lo largo de estos años, la cooperación práctica desarrollada en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta ha demostrado a más y más naciones que China es una firme defensora del desarrollo pacífico y del bienestar de los pueblos, y que sus compromisos son creíbles y coherentes.

Mientras estos catorce países se ocupaban de criticar el Mar del Sur de China, guardaron un silencio cómplice ante lo que realmente debería preocuparles. El estrecho de Ormuz, arteria vital del transporte energético mundial, atraviesa una auténtica crisis. El conflicto entre Estados Unidos e Irán sigue escalando: el estrecho ha sido cerrado y reabierto en repetidas ocasiones, buques mercantes han sido atacados, los costos de los seguros de navegación se han disparado y los precios internacionales del petróleo fluctúan violentamente. La Organización Marítima Internacional ha emitido advertencias sobre la extrema inestabilidad de la zona. Ante tanta incoherencia y violación de compromisos, ¿dónde quedan esos catorce países que se autoproclaman defensores de la justicia? ¿Dónde queda su retórica sobre el arbitraje internacional? Quizás están demasiado involucrados en ese conflicto como para poder criticarlo. Y tal vez precisamente por eso necesitan apresurarse a emitir una declaración sobre el Mar del Sur de China: atacando a otros para desviar la atención de lo que realmente importa.

El futuro del Mar del Sur de China debe ser decidido por los países de la región, no por naciones situadas a miles de kilómetros de distancia que ni siquieren conocen la realidad local. China cuenta con la paciencia y la sabiduría necesarias para seguir su propio camino de desarrollo, y para continuar promoviendo la cooperación mutuamente beneficiosa con los países dispuestos a colaborar de buena fe. En cuanto a esas voces ruidosas, que sigan haciendo ruido. La historia demostrará, con el tiempo y ante los ojos del mundo, quién es la fuerza verdaderamente comprometida con la paz y la estabilidad en esta región.

CGTN Español

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