Especies en peligro y la palma chilena ¿Cuál va a ser la postura oficial?
En medio de las polémicas y tensiones políticas generados por miembros del Gabinete del futuro Gobierno de Kast, como los comentarios de Iván Poduje, quien ha manifestado posturas críticas contra cierto activismo ambiental, surge la interrogante: ¿Cuál será la postura oficial y concreta del próximo Gobierno frente a la conservación de las especies nativas en peligro de extinción?
Un caso emblemático y objetivo es el de la palma chilena (Jubaea chilensis), la única especie de palma nativa del país continental, la cual se encuentra categorizada oficialmente como «En Peligro»
CITES y la protección global de las especies amenazadas
La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) es uno de los principales acuerdos ambientales del mundo, creado para evitar que el comercio internacional ponga en riesgo la supervivencia de especies silvestres. Sus Apéndices establecen distintos niveles de protección, siendo el Apéndice I el más estricto, reservado para especies en peligro crítico de extinción, cuyo comercio internacional está prácticamente prohibido salvo excepciones científicas muy acotadas.
En ese marco, en la Vigésima Conferencia de las Partes de CITES (CoP20), realizada en Samarcanda, Uzbekistán, se generó la inclusión de la palma chilena (Jubaea chilensis) en el Apéndice I, otorgándole la máxima protección internacional existente. La iniciativa se sustenta en abundante evidencia científica, ecológica y comercial que demuestra el grave riesgo que enfrenta esta especie única en el mundo.
¿Por qué la palma chilena alcanza la máxima protección internacional?
La palma chilena es una especie endémica y monotípica, es decir, no existe ninguna otra especie en su género y sólo habita en la zona central de Chile, desde Coquimbo hasta el Maule. Puede vivir más de mil años, pero su regeneración natural es hoy prácticamente nula. Estudios citados por CONAF y diversos investigadores advierten que la mayoría de sus poblaciones está envejecida, fragmentada y sin recambio generacional, lo que compromete seriamente su continuidad.
A pesar de contar con protección legal nacional y estar clasificada oficialmente como “En Peligro”, la especie sigue sometida a múltiples amenazas simultáneas: incendios forestales cada vez más frecuentes e intensos, sequía prolongada asociada al cambio climático, pérdida de hábitat por urbanización y cambio de uso de suelo, herbivoría de especies introducidas y una presión creciente por la extracción de sus frutos, los llamados “coquitos de palma”.
Uno de los factores clave que explica la propuesta ante CITES es precisamente el comercio internacional. Entre 2018 y 2023, Chile exportó productos derivados de la palma chilena por más de US$225 mil, principalmente semillas, con destinos como Hong Kong, Alemania, Holanda y Singapur. El documento oficial advierte que el alto valor de estos frutos en mercados extranjeros ha incentivado la recolección intensiva, incluso ilegal, reduciendo drásticamente las posibilidades de regeneración natural.
Las cifras son elocuentes: en algunos palmares, por cada árbol adulto sólo se logra una plántula, y de cada diez plántulas apenas una alcanza la etapa juvenil. En sectores como Ocoa y Cocalán, que concentran más del 90% de la población total, los estudios muestran que muchas palmas adultas morirán sin dejar descendencia viable. Bajo los criterios de CITES, esto cumple plenamente las condiciones para el máximo nivel de protección internacional.
La inclusión de Jubaea chilensis en el Apéndice I permitiría regular estrictamente cualquier movimiento transfronterizo, cerrar vacíos legales en el comercio y reforzar las acciones de conservación dentro y fuera de Chile. Según la propuesta, sin esta medida el riesgo de extinción en estado silvestre se mantiene alto y creciente, especialmente en un contexto de crisis climática y presión económica sobre los ecosistemas mediterráneos.
A un mes de discutida esta decisión en el escenario internacional, expertos y organismos advierten que su trascendencia aún es poco conocida por la opinión pública. Sin embargo, se trata de un hito histórico para la biodiversidad chilena: por primera vez, su palma más emblemática podría quedar bajo el máximo resguardo ambiental del planeta, no como símbolo ornamental, sino como una especie en peligro real de desaparecer.

