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La Concertación y la conciencia crítica

Por fin el neoliberalismo chileno ha revelado su secreto: tanto la Alianza por Chile como la Concertación obedecen a intereses comunes, y las únicas diferencias que podemos encontrar entre ellos son matices provocados por la composición política de sus conglomerados


Autor: Onnet
14/01/2010

Por fin el neoliberalismo chileno ha revelado su secreto: tanto la Alianza por Chile como la Concertación obedecen a intereses comunes, y las únicas diferencias que podemos encontrar entre ellos son matices provocados por la composición política de sus conglomerados.

Nunca nos habíamos encontrado frente a una elección tan homogénea, tan poco contradictoria, tan superficial en lo que se refiere a los programas políticos, y sin embargo, la trascendencia que puede poseer una eventual victoria de Piñera es extremadamente importante para la conciencia revolucionaria.

Es que a estas alturas de nuestra historia postdictatorial, ya no se trata de votar por el “mal menor” (como siempre nos ha tratado de convencer la izquierda), ni mucho menos del nihilismo romanticón que ve en abstracto el proceso político-social actual (en particular el electoral) y lo rechaza por mero principio, tal como lo suele hacer la ultraizquierda. De lo que se trata, es del punto más alto del despliegue del neoliberalismo chileno, de su cúspide en lo que concierne a su legitimidad. A fin de cuentas, de lo que se trata es de su desarrollo puro sin las mediaciones de la “transición”, “la economía social de mercado” o los famosos “reajustes económicos”.

Estamos entrando en tierra derecha del neoliberalismo, ahora realmente podemos hablar de sociedad neoliberal en vez de modelo. Por fin la bestia se muestra tal cual es, con sus encantos y sus desgracias. Mostrándonos el corazón hacia donde debe apuntar la flecha revolucionaria.

La práctica neoliberal jamás ha coincidido con su discurso. En vez de un libre mercado, nos encontramos con un mercado monopolista. En vez de un Estado disminuido, nos encontramos con una enorme burocracia estatal que subvenciona las ganancias y las quiebras de las grandes empresas. En vez de un régimen democrático mercantilmente libre, tenemos las famosas “democracias protegidas” y su bipolaridad aparente que oculta a los verdaderos poderes que manejan nuestra sociedad.

Al neoliberalismo nunca hay que estudiarlo por lo que dice de sí mismo, sino por lo que hace.

La sociedad neoliberal puede perfectamente robustecer al Estado en sus funciones administrativas, también puede tolerar oposiciones dentro de su marketing electoral (como la inclusión del PC en el parlamento), y así, puede realizar muchas cosas que podrían parecer contradictorias, aunque en lo esencial no lo sean tanto.

Lo que no puede permitir es la verdadera libertad de las personas, la posibilidad concreta de poder decidir sin las mediaciones del tutelaje burocrático-estatal y de los auspiciadotes que subvencionan proyectos interesadamente. La capacidad del individuo de poder decidir su futuro y su destino.

Atacar la esencia del neoliberalismo es vencer realmente todo su poder que reside en la superficialidad, es poner al sujeto por sobre el objeto, es decir, apropiarse de la vida humana que el trabajo enajenado y el consumismo no nos dejan realizar.

En lo económico es cierto que no hay mucha diferencia entre Frei y Piñera. Un enroque entre la Concertación y la Alianza no es más que un acomodo de burocracias y de privilegios hacia distintos sectores de la burguesía.

La pelea concreta que hay detrás no es un proyecto de sociedad a construir o la mantención de un orden social determinado, sino la defensa de los puestos burocráticos que permiten usufructuar y administrar a la clase trabajadora.

Pero en la perspectiva de una oposición radical, hay una enorme diferencia si una u otra burocracia se consolida en el poder. En el aspecto político, la Concertación ha cumplido un rol constructor en la sociedad neoliberal, y ha determinado todas sus características represivo-populistas de las que la derecha se quiere apropiar. No obstante, en la esfera social, la Concertación posee una legitimidad bastante amplia, mucho más de lo que todos creen.

Si la Concertación pierde las elecciones esto se debe a que su legitimidad como poder político crítico, populista y proteccionista (y por supuesto, restaurador de la democracia) ha sido ahogada por la irrupción del nihilismo-consumista del que ella misma ha sido culpable de su aparición. Construyendo de esta manera el puente de plata para que la derecha lleve a su clímax a la sociedad neoliberal.

He aquí el problema de la conciencia crítica y la Concertación.

Bajo un escenario derechista, en donde aumentarán la represión y la precariedad del trabajo, en donde los contenidos culturales van a ser cada vez más banales y la educación no será más que la vía de la reproducción de la mano de obra barata y bajamente cualificada. La Concertación, a pesar de su desgaste político, podrá perfectamente articularse como oposición concreta de la derecha, construyendo nuevamente su legitimidad crítica (con su enorme capacidad para desmemoriar al pueblo) y levantando a Bachellet como la candidata de la Restauración.

Frente a esto, la conciencia crítica (que aún sigue dispersa y desorganizada), que es la única oposición radical a la dominación, debe tener presente que una restauración concertacionista son veinte años más de acomodo del populismo neoliberal, todo esto bajo la venia de la izquierda (cooptada) y de la ultraizquierda (nihilista).

Una eventual victoria de Piñera serviría para refrescar a una Concertación exhausta de llevar en su mochila las mil caretas del oportunismo. Serviría para iniciar un segundo ciclo de las dinastías burocráticas socialdemócratas, y arraigaría por más tiempo en la historia el neoliberalismo.

Pienso que lo óptimo es que la Concertación se mantenga en el poder, que su proyecto político reciba la extremaunción por parte del pueblo. Que sea derrotada estando en el poder, no a través de elecciones infructuosas.

Si la derecha gana, la Concertación se hipoteca veinte años más en el poder, precisamente porque ellos son la derecha verdadera, la derecha real, el poder real; la derecha posmoderna.

La labor, como siempre, es que el pueblo luche y se articule como oposición radical al capitalismo, y para eso, debe vencer primero a la Concertación y a sus fuerzas centrífugas que cooptan la mayor parte de las iniciativas de la conciencia crítica.

La Concertación debe ser destruida, no derrotada en las urnas. Debe ser aplastada bajo la rabia contenida por tantos años, por las indignaciones y frustraciones que los más humildes han debido soportar como un destino inevitable.


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