La costumbre
Vijay Prashad
Traducido por Jorge Coulon
Por quienes murieron en el ataque estadounidense contra Kuhestak, Sirik, Hormozgán, Irán, el 1 de septiembre de 2026.
Primero, la costumbre tiende las alfombras
y barre limpio el patio;
los primos llegan de pueblos lejanos,
la novia sale vestida de verde.
La tradición mantiene calientes el arroz y el cordero,
el tío más viejo canta;
un niño duerme apenas sobre un regazo,
una madre cuenta sus anillos.
En Uruzgan hablaron los fusiles,
como hablan los fusiles en las bodas:
su pequeño trueno celebró a la novia
y partió en dos el azul de la tarde.
Pero allá arriba, otra costumbre
estudiaba la alegría buscando señales:
una pantalla se volvió blanca, un cursor se movió,
la muerte descendió por las líneas.
En Nangarhar acompañaban a la novia
por el sendero de la montaña;
la primera bomba alcanzó primero a los niños,
la segunda llamó a quienes volvían por ellos.
La tercera respetó también la tradición:
encontró a la novia que huía.
Sepultaron cuarenta y siete vidas
en veintiocho lechos.
En Anbar, alguien filmó el baile,
al cantor y el banquete;
al amanecer, la cámara sabía más verdades
que los generales ante sus pantallas.
En Rada‘ partieron once automóviles,
con telas brillantes sobre las puertas;
cuatro misiles se sumaron al viejo rito:
una boda, y después ninguna más.
En Sirik, la casa se llenó de zapatitos,
pequeños, plateados, rojos y azules;
la novia apenas había cruzado la habitación
cuando entró también la costumbre.
Porque costumbre es aquello que vuelve,
tradición, aquello que se hace:
la misma excusa, el mismo informe,
el mismo sol que vuelve a levantarse.
«Nuestro objetivo era un hombre peligroso».
«Actuamos ante una amenaza».
Los nombres de los niños eluden la página;
la tinta apenas se ha secado.
La boda tiene sus antiguas leyes:
dar pan, hacer sitio, acercarse.
También el bombardero tiene tradiciones:
negar, investigar, desaparecer.
Algo prestado cruzó el cielo,
algo viejo volvió a decirse;
algo nuevo se convirtió en tumba,
algo azul se volvió rojo.
Así que no canten a la novia ni al novio,
no hagan sonar tambor ni campana.
Estados Unidos conserva aún sus costumbres,
y sabe conservarlas muy bien.
(Jorge Coulon es uno de los miembros fundadores del grupo Inti Illimani).

