Chile y el mapa vegetal:

Chile cuenta hoy con una radiografía detallada y actualizada de su territorio vegetal. El Catastro de los Recursos Vegetacionales y Uso de la Tierra de Chile, actualizado al año 2025 por la Corporación Nacional Forestal (CONAF), confirma que el país mantiene una alta diversidad de formaciones vegetales, pero también evidencia presiones estructurales sobre los ecosistemas, particularmente en las zonas centro-sur y sur, donde el uso del suelo se ha intensificado de manera sostenida
Las cifras nacionales muestran que el 38,7 % del territorio continental corresponde a praderas y matorrales, mientras que los bosques cubren el 24,9 % del país, equivalentes a 18,86 millones de hectáreas. De ese total, el bosque nativo representa 15,53 millones de hectáreas (20,5 % del territorio nacional), consolidándose como uno de los principales reservorios de biodiversidad de Chile, aunque expuesto a múltiples amenazas derivadas del cambio de uso del suelo, incendios forestales y expansión productiva
Bosque nativo: la columna vertebral ecológica del país
El catastro identifica doce tipos forestales de bosque nativo, siendo los más extensos el Siempreverde, la Lenga y el Coihue de Magallanes, que en conjunto concentran cerca del 65 % de la superficie total de bosque nativo. El tipo Siempreverde, por sí solo, abarca más de 4,4 millones de hectáreas, seguido por la Lenga con 3,77 millones, reflejando la enorme relevancia de los ecosistemas australes para la estabilidad climática y ecológica del país
No obstante, el propio informe advierte que las regiones con mayor superficie boscosa —Aysén, Los Lagos, Magallanes y La Araucanía— son también aquellas donde se concentran históricamente conflictos por uso del territorio, expansión de plantaciones forestales y efectos acumulativos de incendios. En Biobío y La Araucanía, por ejemplo, se localizan las mayores superficies de plantaciones forestales del país, superando en conjunto el 50 % del total nacional de este subuso
Cambios de uso del suelo: una señal de alerta ambiental
El catastro incorpora un detallado registro de los cambios en el uso de la tierra, identificando procesos como sustitución de bosque nativo por plantaciones, habilitación agrícola, expansión urbana e impactos por incendios forestales. Estos cambios, documentados mediante imágenes satelitales y verificación en terreno, confirman una tendencia persistente de fragmentación de los ecosistemas, especialmente en el centro-sur de Chile, donde la presión productiva es más intensa
Desde una mirada ambientalista, estos datos refuerzan la urgencia de fortalecer la protección efectiva del bosque nativo y de los ecosistemas asociados, más allá de su mera contabilización estadística. El propio mandato legal de la Ley 20.283, que obliga a CONAF a mantener un catastro permanente y público, deja en evidencia que la información existe; el desafío pendiente es traducirla en decisiones políticas y territoriales que frenen la degradación y promuevan la restauración ecológica a gran escala.
En ese sentido, el catastro 2025 no es solo un instrumento técnico: es una advertencia clara. Chile aún conserva una base vegetal estratégica para enfrentar la crisis climática y de biodiversidad, pero su continuidad depende de decisiones urgentes que prioricen la protección de los bosques nativos, humedales y formaciones vegetales frente a modelos de desarrollo que han demostrado ser ambientalmente insostenibles.
Cifras desde la academia sobre pérdida del bosque nativo
Un estudio liderado por el Laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación de la Universidad de La Frontera (UFRO), publicado en 2020/2021 en la revista científica Environmental Research Letters, ya revelaba que entre los años 2000 y 2016 Chile había perdido 206.142 hectáreas de bosque nativo, equivalente a casi cuatro veces la superficie del Gran Santiago. La investigación, difundida públicamente en 2022, analizó la dinámica de cambio forestal en la zona centro-sur del país, reconocida como un hotspot de biodiversidad mundial.
El seguimiento satelital mostró una pérdida promedio de 12.884 hectáreas de bosque nativo por año, concentrada principalmente entre Puerto Montt y Aysén, una de las áreas con mayor endemismo del planeta. Según explicó el autor principal, el doctor en Ciencias Forestales Adison Altamirano (UFRO), el 75 % del bosque nativo perdido fue transformado en matorrales, tierras desnudas o pastizales, muchos de los cuales terminaron posteriormente en uso agrícola o como plantaciones forestales, afectando gravemente la captura de carbono y la biodiversidad.
El estudio, que contó con la participación de investigadores de la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica, la Universidad Católica de Temuco y la Universidad de Aysén, logró diferenciar con un 99 % de exactitud los bosques naturales de las plantaciones exóticas mediante imágenes Landsat, Google Earth y validación experta. Sus conclusiones refuerzan que, más allá del debate sobre degradación versus deforestación, el bosque nativo en Chile sigue disminuyendo, con consecuencias directas sobre los servicios ecosistémicos esenciales para el bienestar humano y la resiliencia frente a la crisis climática.
