Salvando al casino de los amigos por decreto. El Caso Enjoy (Primera Parte).

El 28 de enero pasado Sebastián Piñera firmó el Decreto 77 que prorroga por un año la vigencia de los permisos de operación de los casinos municipales. De no hacerlo, la cadena de casinos Enjoy quebraba. La decisión está relacionada con el pasado empresarial del jefe de Estado y el trío formado entre él y las familias Cueto y Martínez.

Carlos Tromben.

La medida había sido anunciada en junio de 2020 para “proteger los ingresos de los municipios y de las regiones en las cuales se encuentran emplazados los casinos de juego”, según afirmaba el subsecretario de Hacienda de entonces, Francisco Moreno. 

Esto obedecía -según el gobierno- a una petición de los propios alcaldes. Sin embargo, la opinión de la asociación de casinos fue otra. Según esta, era un salvavidas de La Moneda para Enjoy S.A., la principal empresa del sector. 

De no haberse firmado el decreto, habrían vencido las boletas de garantía por más de 100 millones de dólares entregadas por esta empresa a la Superintendencia de Casinos por la concesión del casino de Viña del Mar, el más emblemático y antiguo de todos.

Enjoy -acusan sus detractores, entre ellos el diputado Rodrigo González-, arrastraba una delicada situación financiera desde antes del estallido social, al punto de no poder cumplir con las obras comprometidas en la licitación de Viña. La pandemia terminó por llevar a la empresa a una situación insostenible, pero el Decreto 77 le ha dado un respiro de un año.

Este salvataje tendría su origen en la red de relaciones cruzadas que una Sebastián Piñera tanto con los acreedores de Enjoy, como con sus dueños. Y como toda historia, esta tiene varios comienzos, uno de ellos se remonta a los años cincuenta del siglo pasado.

Los amigos del barrio:

Antonio Martínez Ruiz y Juan Cueto Sierra, crecieron en el barrio Matta y comenzaron a hacer negocios desde muy jóvenes. Ambos provenientes de España, los Martínez provenían de Aragón; los Cueto, Asturias. Juntos dieron sus primeros pasos en el sector del cuero y el calzado y comenzaron poco a poco a prosperar.

Cueto siempre fue simpatizante la Democracia Cristiana y, durante la campaña presidencial de Radomiro Tomic, en 1969, trabó amistad con su jefe nacional, un joven militante falangista llamado Enrique Kraus Rusque.

Un artículo publicado por La Tercera el año pasado señala que en 1975, Krauss alertó a Martínez y Cueto de una oportunidad de negocios que les cambiaría la vida. El futuro ministro del interior de Patricio Aylwin, era entonces un abogado vinculado a varias empresas constructoras, lo mismo que el entonces vicepresidente ejecutivo de la Corfo, Francisco Soza Cousiño. Tal vez por ahí se enteró de la privatización y licitación de una serie de empresas en manos del fisco. En la lista figuraban varios bancos y el casino de Viña del Mar, en aquel entonces, administrado directamente por el municipio.

Hoy se hablaría de información privilegiada, pero eran otros tiempos…

El hecho es que Martínez y Cueto ganaron la licitación del casino, y el primero se fue a vivir a Viña con toda su familia. Dirigente de Unión Española, Martínez ingresó al directorio de Everton, llevándose consigo a varios jugadores emblemáticos. Al año siguiente el equipo salió campeón de la primera división. 

La expansión de Cueto y Martínez se trasladó luego a la banca, también en proceso de privatización. Se hicieron accionistas del Banco Español y controladores del Concepción. El dólar a 39 los encumbró hacia umbrales insospechados, negocios inmobiliarios, mineros, aeronáuticos, aseguradoras, todos apalancados gracias al generoso flujo de préstamos internacionales canalizados a través del banco.

Hasta que vino la debacle. En 1981 las señales de recesión eran inminentes y la banca completa entró en crisis, esto debido a la práctica generalizada de otorgar préstamos a personas y empresas relacionadas sin ninguna clase de garantías. El banco Español, el de Talca, entre otros, hasta que finalmente todo el sistema debió ser intervenido por el gobierno. Incluyendo el Banco Concepción. 

Juan Cueto Sierra estuvo algunas semanas preso en 1982 por este motivo, al igual que otros banqueros. Logró salir libre de cargos y salvar la empresa de carga aérea Fast Air y algunas propiedades. Martínez por su parte, salió indemne y mantuvo la concesión del casino. Libres, pero desplumados. Habían apostado y perdido en la loca ruleta de finales de los años setenta. 

Fue entonces que apareció un joven y expansivo ejecutivo del mundo financiero para prestarles ayuda. Dirigía Citicorp, una filial del Citibank que se dedicaba a renegociar deudas y ofrecer asesoría. Su nombre era Sebastián Piñera Echenique.

La Transición:

Ambicioso y sin capital propio, Piñera asesoró a una serie de empresarios de tamaño medio, en particular, de origen español o palestino, industriales textiles y del calzado que buscaban sobrevivir en el entorno hostil de los años 80. Martínez y Cueto estaban dentro de ese perfil.

Fue una relación beneficiosa para los tres. Piñera los ayudaba refinanciar deudas, y de paso les mostraba nuevas oportunidades de negocios en las finanzas, los servicios y bienes raíces. 

Uno de los negocios más importantes tuvo lugar a principios de los años noventa. Una triangulación de tipo tributaria, en la que participaron Cueto, Martínez y Piñera.

Distintos periodistas de investigación como Sergio Jara, Héctor Cárcamo, Juan Andrés Guzmán y Jorge Rojas, más el autor de este artículo, han hurgado en los registros del Conservador de Bienes Raíces, el Archivo Judicial y el Diario Oficial en busca de los detalles del incestuoso y empatanado proceso de estos negocios que catapultaron a las actuales riquezas de estos grupos familiares en el país. 

En síntesis, con ayuda de un joven abogado llamado Fernando Barros Tocornal, los tres socios idearon un mecanismo para aprovechar un agujero en la normativa tributaria vigente: las empresas zombi.

Se trataba de sociedades de papel que alguna vez pertenecieron a los grandes grupos económicos anteriores a la crisis. Eran empresas muertas que acumulaban años de pérdidas, pero Barros, Piñera y sus socios aprovecharon un subterfugio legal para revivirlas. Con ello aprovechaban las pérdidas del pasado para hacer “desaparecer” las ganancias del presente. 

Para elaborar su libro “Empresarios Zombis”, Juan Andrés Guzmán y Jorge Rojas accedieron a las fiscalizaciones del Servicio de Impuestos Internos. Por esta vía averiguaron que una empresa zombi se vendía por un valor de entre un 1% y un 2% de su pérdida contable. Piñera, Cueto y Martínez fueron los primeros en hacerlo; muchos empresarios los imitaron después y el fisco dejó de recaudar millones de dólares, hasta que el gobierno de Ricardo Lagos cerró la válvula.

En total utilizaron cuatro zombis y, según los autores del libro, “entre ellas pudieron haber licuado sino todas, gran parte de las utilidades que las empresas de Piñera generaron en los 90”. Cuando el SII detectó el fraude y comenzó a fiscalizar, todas estas operaciones estaban prescritas. Ni Piñera, ni Cueto, ni Martínez fueron sancionados por ellas. Un resumen de este entramado, fue publicado por Juan Andrés Guzmán en 2017 en CIPER.

Negocios hasta hoy:

Antonio Martínez Ruiz falleció en mayo de 2016. Juan Cueto Sierra cumple este año 91. 

El artículo La Tercera, publicado en mayo del año pasado, sostiene erróneamente que Cueto y Martínez separaron aguas después de la crisis de los 80. En realidad, actualmente estas relaciones continúan con sus hijos. Los Cueto Plaza y los Cueto Seguí, siguen vinculados al menos a través de una sociedad, la Inmobiliaria Los Bosques S.A. 

Mientras Piñera lucha por tratar de terminar su mandato, las familias Cueto y Plaza ven sus negocios hundirse: Latam está en convenio judicial y Enjoy tiene un año más de vida, todo esto gracias al decreto firmado por el amigo el presidente.


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