Se fue el Mundial, pero quedaron los escándalos: racismo en redes, el intervencionismo de Trump y el genocidio que la FIFA no vio

El Mundial 2026 terminó con el título de España, pero dejó una estela de escándalos políticos, racismo institucional y dobles estándares. Trump intervino en sanciones arbitrales; Infantino le entregó un trofeo de "paz" mientras en Gaza sigue el genocidio, mientras continúa la guerra de EE.UU en Medio Oriente (Asia Occidental) ; mientras agentes públicos de diversos países hacen estallar las redes por dichos racistas contra jugadores.

Se fue el Mundial, pero quedaron los escándalos: racismo en redes, el intervencionismo de Trump y el genocidio que la FIFA no vio

El Mundial de la desfachatez, donde Infantino premió a Trump mientras Gaza veía el fútbol entre escombros

Trump, Infantino y el arte de la desfachatez

El Mundial 2026 terminó este domingo con la final entre Argentina (0) y España (1), pero el torneo dejó una estela de escándalos que trascienden el fútbol. El más evidente fue el intervencionismo de Donald Trump, quien no dudó en usar su influencia sobre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para beneficiar a su selección. Cuando el delantero estrella de Estados Unidos, Folarin Balogun, recibió una tarjeta roja que lo dejaba fuera del partido siguiente, Trump hizo una llamada a su «amigo» Infantino y, como por arte de magia, la sanción desapareció. Como señaló el medio español La Marea, el presidente estadounidense incluso presumió en sus redes de lo que podría calificarse de «tráfico de influencias”.

Previo al mundiaol, el servilismo de Infantino hacia el poder quedaba en evidencia. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió el primer «Premio de la Paz de la FIFA: El fútbol une al mundo» de manos del presidente de la FIFA, el 5 de diciembre de 2025 en Washington D. C. El galardón, «reconoció sus esfuerzos diplomáticos en el conflicto de Oriente Medio y tratados en África», una maniobra ampliamente criticada, que muchos calificaron como un intento de lavado de imagen para un mandatario que, paralelamente, intensificaba su ofensiva militar en Medio Oriente.

Otro escándalo, fue la frase que Infantino utilizó para justificar la expulsión del árbitro somalí Omar Abdulkadir —quien fue devuelto a su país tras 11 horas de interrogatorio por ser «sospechoso por decreto» de Trump— resume su filosofía: «Es una lástima, pero no controlamos todo, así que es mejor que se relajen. Relax and chill» .

El racismo en las gradas y en los discursos oficiales

Las expresiones racistas ensombrecieron gran parte del torneo, con la FIFA advirtiendo que este tipo de discriminación representó el 11% de los contenidos ofensivos detectados en redes sociales, por encima del 8% registrado en Qatar 2022, consigna Chequeados.

Pero el problema no se limitó a los aficionados. Agentes públicos de Argentina, Paraguay y España protagonizaron episodios de racismo institucional. El asesor presidencial argentino Santiago Caputo publicó en su cuenta de X: «Qué piedra se volvió ser negro. Es culpa de Hollywood«, luego de la eliminación de Brasil. La vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, calificó al equipo paraguayo como «el equipo africano flojo de modales”.

La senadora paraguaya Celeste Amarilla calificó al delantero francés Kylian Mbappé de «camerunés colonizado«, lo que provocó una respuesta del jugador, quien la llamó «una mujer despreciable e indigna de su cargo». La Cancillería paraguaya debió emitir un comunicado rechazando las declaraciones y aclarando que «de ninguna manera representan» al pueblo paraguayo . El expresidente del gobierno español, Mariano Rajoy, también fue señalado por declaraciones racistas camufladas de chascarrillo, que el medio La Marea describió como «racismo campechano”.

El doble rasero del poder

El trato diferencial entre selecciones evidenció los dobles estándares del torneo. Mientras que el conflicto entre Estados Unidos e Irán marcó la geopolítica del evento, el equipo iraní fue recibido con hostilidad en algunos sectores en Estados Unidos, mientras que México, como anfitrión, intentó mantener una imagen de acogida que contrastaba con las políticas migratorias de su vecino del norte.

Por su parte, el partido entre Egipto y Argentina también fue señalado por un trato mediático desigual en comparación con otros encuentros, reflejando la jerarquía implícita que el poder global impone incluso en el deporte.

Gaza: el Mundial que no se vio

Mientras el mundo celebraba el fútbol, en la Franja de Gaza, la población seguía el torneo como un acto de resistencia. La instalación de pantallas gigantes entre los escombros permitió a niños y familias desconectarse momentáneamente de los ataques y masacres de Israel, aunque el genocidio en curso no cesó. 

Mohamed al Wahidi, de 65 años, coordinó las proyecciones gratuitas para miles de desplazados. El ataque israelí que acabó con su vida, horas antes del partido Egipto-Argentina, mató también a otras tres personas, incluyendo dos niños que regresaban de jugar al fútbol.

Desde el inicio del conflicto en octubre de 2023, 73.000 palestinos han sido asesinados, entre ellos al menos 1.000 deportistas. El estadio Al-Yarmouk, en Gaza, es ahora un refugio para sobrevivientes, y 285 espacios deportivos han sido destruidos.

La FIFA, mientras tanto, se mantenía en silencio, ocupada en premiar a Trump y gestionar sus propias crisis de imagen. El contraste entre la celebración deportiva y la realidad genocida en Palestina fue resumido por un voluntario gazatí: «El fútbol no es solo un juego. Es una prueba de que seguimos aquí, de que la vida se abre paso entre las bombas».

Solidaridad y resistencia

La solidaridad con Palestina también tuvo sus momentos en el torneo. Jugadores como Lamine Yamal ondearon la bandera palestina en celebraciones, gestos que fueron recibidos con gratitud en Gaza, donde se pintaron murales en su honor.

En Chile, el Club Deportivo Palestino expresó su dolor por el asesinato de futbolistas en Gaza, recordando que la comunidad palestina en Chile es la más grande fuera de Asia Occidental (Medio Oriente).

A inicios de julio, mientras el Mundial acabara las atenciones, un arquero palestino es asesinado en Gaza. El club Palestino desde Chile, exigió justicia y «paz para todo un pueblo», señalando además: “lamentamos profundamente la muerte de Saleem Al-Ashqar, arquero palestino de 32 años que defendía los colores del Khadamat Khan Younis y que perdió la vida a manos del ejército israelí”, según informó la institución a través de su cuenta oficial de Instagram.

Lo que queda del Mundial

El Mundial 2026 terminó, pero dejó lecciones que trascienden el fútbol. Un torneo donde Trump arbitró desde fuera de la cancha con grotesco intervencionismo, Infantino lavó imágenes y el racismo encontró tribuna en funcionarios que deberían representar la integridad. Donde el fútbol, en medio del genocidio, fue un refugio para quienes lo perdieron todo. Se fue el Mundial, pero los escándalos quedan.

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