El Carabinero olvidado de Antofagasta: Se negó a disparar a trabajadores en 1973 y fue fusilado sin juicio
El 11 de septiembre de 1973, en medio del caos del golpe de Estado, Antofagasta fue escenario de una historia trágica que ha permanecido para muchos desconocida: la del Carabinero Guillermo Schmidt Godoy, según reveló El Diario de Antofagasta a partir de información del Consejo de Monumentos Nacionales y un trabajo periodístico de Ignacio Araya y Bryan Saavedra.
Nacido en Tocopilla y conocido como «Willy» por su familia y amigos, Schmidt recibió una orden que se negó a cumplir: disparar a trabajadores.
A las 12:25 de ese 11 de septiembre, tres personas se resistieron al asalto militar al edificio de Cervecerías Unidas. Allí, Schmidt recibió la orden de dispararles, con el fin de que se le perdonara la vida, dadas las sospechas de los oficiales de su postura política a favor del depuesto Gobierno de la Unidad Popular. «Ya hueón, si los matai, te damos la oportunidad de vivir hueón, vai a estar preso pero vai a vivir y si no, te matamos a voh«, le dijo el capitán José Dávila, según los testimonios de la época. Schmidt se negó: «No hueón, yo no mato trabajadores«.
Según la versión , ante la insistencia, Schmidt habría respondido mientras las pistolas de otros uniformados le apuntaban: «Yo juré defender mi patria y respeto a la Constitución de Chile, soy un Carabinero y estoy por defender a la patria y para recibir órdenes del Presidente de la República, y no de un hueón que rompe el juramento, no te voy a hacer caso a voh conchetumadre«. Entonces, sacó un arma escondida y disparó contra Dávila y Osvaldo Muñoz, matándolos de inmediato. Guillermo cayó herido y su cuñado, también Carabinero, le disparó en los pies. Fue apresado, torturado en la cárcel y, en la noche del 12 de septiembre, fusilado sin consejo de guerra. «¡Disparen! ¡Que les quede el consuelo de que matan a un hijo del pueblo!«, dijo antes de morir.
Al día siguiente, el diario El Mercurio de Antofagasta titulaba en portada «Regresa la normalidad» y en sus páginas interiores reportaba el hecho, describiendo a Schmidt como un «funcionario de esa unidad de tendencia extremista» que «usó un revólver de servicio para ultimar al Comisario, mayor señor Osvaldo Mario Muñoz Carrasco y al subcomisario, capitán señor José Héctor Dávila Rodríguez«. Su figura generó reacciones divididas en Carabineros. Su madre, Georgina, relató que cuando la carroza fúnebre avanzaba al cementerio, un círculo de Carabineros detuvo el cortejo y uno le dijo: «Mire, haya pasado lo que haya pasado, Schmidt fue un buen compañero«. Le presentaron armas y luego volvieron a la comisaría.
En la actualidad existe un monolito que recuerda a los oficiales Dávila y Muñoz, remozado en la remodelación del Parque Brasil, pero no existe un monumento conmemorativo a Guillermo Schmidt, el Carabinero que se mantuvo fiel al juramento de obedecer a la voluntad popular, la Constitución y la democracia.
Su carta a su madre, que ella conservó siempre, decía: «Mamá cuida mucho a tus nietos no te olvides nunca de mí, a pesar de que he muerto tan joven. Júntate por favor con papá, que después de esta vida no hay otra. Dale un beso al Eric, mi hermano querido. Te quiere Willy«.

