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La sopa de aleta de tiburón se ha considerado un lujo culinario por mucho tiempo en China, pero ahora las nuevas generaciones de chinos en Canadá están cambiando su percepción, por la brutal práctica de extracción de aletas.

Canadá es el primer país del G7 en prohibir la importación de aletas de tiburón

Cuando Kristyn Wong-Tam, concejala de Toronto, Canadá, visitó a su familia en Hong Kong, notó que su tío, un chef muy respetado, era la única persona en la mesa que no tocaba un tazón de sopa de aleta de tiburón.

Cuando él explicó cómo se cortan las aletas de los tiburones vivos, mientras ellos luchan antes de que sus cuerpos vuelvan a caer al agua, el resto de la familia pronto perdió el apetito. La experiencia se convirtió en un momento crucial para Wong-Tam, quien decidió liderar los esfuerzos para acabar con la venta de aletas de tiburón hacia Canadá.

Más de diez años después, tiene motivos para celebrar: el jueves, después de años de intentos legislativos fallidos, Canadá se convirtió en el primer país del G7 en prohibir la importación y venta de aletas de tiburón. El proyecto de ley está a la espera de la aprobación final.

«[La extracción de aletas] de tiburones es una práctica indiscutiblemente destructiva, que contribuye a la disminución global de los tiburones y representa una amenaza constante para los ecosistemas oceánicos», dijo el ministro de pesca, Jonathan Wilkinson. «Las nuevas acciones son un claro ejemplo del liderazgo canadiense en la conservación de nuestro entorno oceánico».

Las aletas de tiburón se han considerado durante mucho tiempo como un manjar en los países asiáticos, que a menudo se sirven en bodas y fiestas de compromiso. Pero la práctica ha sido sometida a un escrutinio cada vez mayor. Muchas aletas que terminan en la sopa provienen de la práctica de cortarlas cuando los peces están vivos, para luego arrojarlos al agua y dejarlos morir. Naciones Unidas estima que hasta 73 millones de tiburones son asesinados por sus aletas cada año.

Canadá prohibió la práctica en sus propias aguas en 1994, pero ha continuado permitiendo la importación de aletas y ha sido uno de los mercados más grandes fuera de Asia. La mayoría de las aletas de Canadá procedían de China, con una importación de más de 133.000 kilogramos. Hong Kong, Trinidad y Tobago y Estados Unidos también contribuyen al mercado canadiense, por un valor combinado de US$2,4 millones.

Los grupos ambientalistas de todo el país elogiaron la legislación, pero algunos biólogos han argumentado que más que el shark finning (como se llama a la práctica en inglés), es la sobrepesca lo que amenaza mayormente a los tiburones.

Un tiburón martillo cae de vuelta al mar luego de que su aleta ha sido cercenada para hacer sopa.

En un artículo de 2017, los biólogos David Shiffman y Robert Hueter argumentaron que las prohibiciones de aletas de tiburón podrían «contribuir a la idea errónea de que la demanda de sopa de aleta de tiburón es la única amenaza que enfrentan las poblaciones de tiburones en todo el mundo».

También distinguen entre el acto «inhumano» y «despilfarro» del finning versus el uso de aletas tomadas de tiburones pescados de manera sostenible para su carne, muchos de los cuales se capturan en la costa de los Estados Unidos. Además, señalaron que si bien la demanda mundial de aletas de tiburón está disminuyendo, la carne es cada vez más solicitada.

«Un enfoque en las aletas también simplifica en exceso las amenazas que enfrentan los tiburones, lo que puede reducir el apoyo político para la gestión sostenible», escribieron. «Este enfoque también se dirige a Asia… lo que lleva a choques culturales potencialmente problemáticos que ya han sido el foco de las demandas contra las prohibiciones del comercio de aletas de tiburón a nivel estatal en los Estados Unidos».

En Canadá, una prohibición previa de las aletas promulgada por Toronto fue anulada, luego de que los tribunales expresaron su preocupación por la posible discriminación cultural.

Wong-Tam, quien tomó en sus manos la dura tarea de lograr la primera prohibición del concejo de la ciudad de Toronto en 2012, rechazó las acusaciones «infundadas» de discriminación. «Los gobiernos tienen el derecho de regular los negocios y lo que venden», dijo.

Wong-Tam se enorgullece de la generación más joven de asiáticos canadienses, muchos de los cuales rechazan el uso de aletas como ingrediente. También le da crédito a la comunidad china, tanto en Canadá como en el extranjero, por sus críticas cada vez más abiertas al finning.

Fuente: The Guardian

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