El ecosistema musical actual atraviesa una crisis de identidad. Mientras gigantes tecnológicos integran herramientas para automatizar composiciones, la pregunta sobre la supervivencia del músico independiente ha dejado de ser una inquietud teórica. En este contexto, RONDA se consolida como una cooperativa que propone un cambio radical: convertir al artista en dueño de su propia infraestructura.
Tecnología con propósito ético
Lejos de rechazar la innovación, esta organización busca redefinir su uso. Bernardita Rojas, su Country Manager, sostiene que el objetivo es construir una industria más sostenible donde la transparencia y la descentralización sean la norma. No se trata solo de distribuir canciones, sino de ofrecer herramientas que garanticen que los creadores participen activamente de las decisiones de su propio negocio.
La urgencia es real. Con reportes que indican que una gran parte del contenido diario en plataformas digitales proviene de inteligencia artificial, la cooperativa se enfoca en proteger el valor de la creación humana. Para sus integrantes, la tecnología debe servir para fortalecer el vínculo entre obra, artista y comunidad, en lugar de diluirlo en algoritmos impersonales.
Más que una plataforma, un refugio
El modelo de RONDA transforma la relación tradicional entre intermediario y creador. Aquí, el artista no es un cliente, sino un socio con derecho a voz y voto. Este enfoque ha atraído a figuras y sellos destacados como Fernando Milagros, Hordatoj y Sistemas Inestables, quienes buscan un terreno más justo para desarrollar sus carreras.
La cooperativa ha diversificado su accionar más allá de lo digital, impulsando desde conciertos inmersivos y programas formativos hasta activaciones territoriales en ciudades como Concepción, Valdivia y Santiago. Fernando Milagros resume el espíritu del proyecto: «Queremos ser parte activa de una comunidad que comparte herramientas y beneficios, compitiendo colectivamente para que el valor de la música vuelva a sus creadores».
Fuente: Portaldisc.com.
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