¿Qué son los púlsares? ¿Cómo sabemos que existe la materia oscura? ¿De dónde nacen las estrellas? La segunda temporada de Pequeñ@ Astrónom@ invita a niños, niñas y sus familias a explorar estas y otras preguntas a través de cinco episodios animados que convierten los misterios del cosmos en una oportunidad para aprender, conversar y despertar la curiosidad científica desde casa.

La nueva entrega se adentra en algunos de los descubrimientos más relevantes de la astronomía contemporánea y rescata las historias de mujeres que han ampliado nuestra comprensión del universo. Entre ellas figuran Jocelyn Bell, reconocida por su participación en el descubrimiento de los púlsares; Vera Rubin, cuyas investigaciones aportaron evidencia fundamental sobre la materia oscura, y la astrónoma chilena Mónica Rubio, Premio Nacional de Ciencias Exactas 2021.
«En esta segunda temporada estamos yendo hacia la radioastronomía», explica Ricardo Demarco, investigador del Instituto de Astrofísica de la Universidad Andrés Bello y director científico del proyecto. La propuesta combina ciencia, ilustración y narración para acercar conocimientos complejos a las nuevas generaciones, sin perder el asombro que despierta mirar más allá de nuestro planeta.
Una aventura científica para compartir
La serie aborda fenómenos que no siempre resultan fáciles de imaginar. Uno de los capítulos explicará cómo determinadas estrellas de neutrones emiten haces de radiación que pueden detectarse como pulsos; otro explorará la materia oscura y su papel en las galaxias. También habrá espacio para conocer los procesos que dan origen a nuevas estrellas.
Más que ofrecer respuestas, Pequeñ@ Astrónom@ busca despertar nuevas preguntas. Sus episodios brindan una oportunidad para que madres, padres, hijos e hijas se acerquen juntos a la astronomía, compartan descubrimientos y encuentren nuevos motivos para conversar sobre lo que ocurre más allá de la Tierra. No hace falta tener conocimientos especializados para comenzar: basta con la curiosidad y las ganas de explorar.

El astrónomo y Premio Nacional de Ciencias Exactas José Maza, quien participó como narrador en un capítulo de la primera temporada, destaca la posibilidad de conocer las historias de quienes revolucionaron nuestra manera de entender el universo y acercarse a los descubrimientos que siguen transformando esta disciplina.
Creada por la artista audiovisual Jimena Troncoso, la producción reúne a profesionales de las artes y las ciencias. Especialistas en astronomía revisan los contenidos para favorecer una divulgación rigurosa y accesible. La serie también pone el foco en las mujeres que han contribuido al avance del conocimiento científico.
«Queremos entregar un mensaje haciendo énfasis en que las mujeres contribuyen de manera notable a nuestro avance en la comprensión del Universo», señala Demarco. La iniciativa busca mostrar a los escolares que la ciencia es una tarea colectiva, abierta a todas las personas, y acercarles referentes que amplíen sus posibilidades de imaginar un futuro ligado al conocimiento.
Cinco episodios para seguir mirando las estrellas
Financiada por el Fondo ALMA-ANID, la producción da continuidad a una primera temporada de siete capítulos dedicada a la historia de la astronomía, en la que aparecen figuras como Galileo Galilei, Nicolás Copérnico e Hipatia de Alejandría.

El lanzamiento de esta segunda entrega se realizó ayer, jueves 22 de octubre, en la sede de Concepción de la Universidad Andrés Bello, con la participación de representantes universitarios, académicos, estudiantes y la astrónoma Mónica Rubio.
Ahora, el recorrido se desplaza hacia los descubrimientos modernos y las preguntas que mantienen en movimiento a la comunidad científica. Los cinco nuevos episodios se publicarán cada dos semanas en Facebook e Instagram, hasta completar la temporada a finales de año.
La invitación está abierta a las familias que quieran convertir unos minutos frente a la pantalla en una experiencia compartida: elegir un capítulo, descubrir algo nuevo y dejar que una pregunta sobre el universo dé inicio a la próxima conversación. Porque acercar la ciencia a la infancia también permite recuperar, entre grandes y pequeños, el placer de asombrarse.
